En carretera

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¡De luz y de coloooooo-o-oo-or!

¡De luz y de coloooooo-o-oo-or!


El estribillo de esta canción de Marisol –¡Tómbola!- parece sonar como himno del verano, por encima de todas las carreteras de España, atestadas de veraneantes huyendo de sus lugares de residencia. El arte de vivir en el  desplazamiento continuo parece ser el lema primordial del actual entendimiento del veraneo.

 

        – ¡No, sin mi automóvil!,

 

parece erigirse como grito de guerra del turista en vacaciones.

 

En cada verano se pretende vivir una vida completa de emociones y sensaciones nuevas. No puede quedar lugar del planeta, que no haya estampado su sello de aduanas en nuestros pasaportes. Y sin embargo, quienes más duran son las higueras y las casas, que nunca se han movido del sitio, como diría algún personaje de García Lorca.

 

El prototipo de verano divertido que se sigue consumiendo en nuestros días, nació con el Rock & roll, a finales de la década de los 50 del pasado siglo en los Estados Unidos de América. “De luz y de color…”, como las gasolineras, los moteles, y los estampados de las camisetas. El arte Pop, tan urbanita, tan irónico y tan colorista, nació en ese mismo país unos años más tarde.

 

No es de extrañar que este paquete de detergente yanki, (que supera en colorido y pureza geométrica al bote de la sopa Campbells, que pintara Andy Warhol,) tenga el mismo nombre que la obra del poeta maldito estadounidense Jack Kerouack: On the road, En carretera. Otro grito de identidad para una generación desarraigada y escéptica, que sólo creía ya en el poder de los sentidos, y en el triunfo del placer sobre el dolor.

 

Este reclamo publicitario de limpiador en seco de manchas y malos olores, debió fabricarse para todos esos viajantes norteamericanos que recorrían el país -de punta a punta- con una sola camisa. Quizás Willy Loman, el héroe trágico de Arthur Miller, en La muerte de un viajante, llegara a utilizarlo en alguno de sus viajes.