España en Regional. Capítulo séptimo: Puertollano-Mérida

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No sé en qué otro lugar de Europa tienes un acueducto romano en la misma estación, junto al andén. Tal vez en alguna ciudad italiana, pero desde luego en España no. Y sólo por eso ya tendría que ser obligatorio viajar en tren a Mérida. Porque llegar y tropezarse con el Acueducto de Los Milagros es una auténtica sorpresa, y nos dice a las claras que no estamos en una ciudad cualquiera.

 

Pero antes de hablar de Mérida, tengo que hablar del viaje hasta aquí. Y debo decir que este tren tiene muy mala fama. Pero por lo visto tengo suerte. No hay descarrilamientos, ni averías. Ni siquiera llegamos con retraso (bueno, sólo unos minutillos de nada). Así que sí, repito, debo tener suerte. Porque en la prensa no paran de salir noticias negativas. Y luego están las protestas de la gente, las manifestaciones pidiendo mejoras en el tren, o simplemente un tren “que no sea del siglo XIX”. Y tienen razón, desde luego, su tren es un tren “tercermundista” (lo dicen ellos, con esas palabras que pueden parecer un poco exageradas, si no tienes que coger el tren a menudo y tienes que sufrir sus problemas). Pero yo soy un turista, un viajero, y por tanto, si llegan problemas, me los tomo de otra manera, como parte de la aventura del viaje. Así que lo mejor es darle la voz a los propios extremeños:

https://elpais.com/elpais/2017/11/18/actualidad/1511007594_688450.html

Esta es una de las muchas noticias que han salido recientemente sobre el tema. Pero vamos a hablar un poco del futuro… Porque dentro de poco, según parece, Extremadura tendrá su AVE. Un AVE que en un principio tenía que seguir hasta Portugal pero que de momento parece que se quedará en Badajoz. Y un AVE, cómo no, que también llega con polémica. Primero porque las obras se retrasan, y segundo, porque, ya que los portugueses no van a hacer su parte del trazado (por lo menos por ahora), la pregunta fundamental es si será rentable económicamente. A nadie se le escapa que no es lo mismo unir Madrid con Lisboa que unir Madrid con Badajoz.

 

Sin embargo, hablando con un alcalde de una de las principales ciudades extremeñas, me decía que el AVE iba a ser muy bueno para su ciudad. Y que, desde luego, para él era una inversión no sólo viable, sino también necesaria. Espero sinceramente que tenga razón, de verdad, pero personalmente tengo mis dudas. El AVE es un tren estupendo, pero es un tren aristocrático. Hay viajeros que sólo miran la duración del trayecto, y hay viajeros que lo que miran al ir a comprar el billete es el precio, y estos últimos suelen ser más abundantes que los primeros. Por otro lado, la experiencia me demuestra que mejorar la infraestructura ferroviaria de una región no consiste solamente en llevar hasta ella la alta velocidad. O incluso diría más… la llegada del AVE puede beneficiar a la capital de esa región, pero puede que no sea beneficioso para el resto de la misma. He hablado con vecinos de Requena y de Utiel, en Valencia, y con vecinos de Villena, en Alicante, y no están nada contentos con su estación del AVE. Para empezar está lejos del centro urbano (la de Requena-Utiel está a mitad de las dos poblaciones, no hay transporte publico, tienes que coger tu coche y el parking es de pago), luego está el tema de los horarios, la mayoría de los trenes pasan sin parar, y después está el asunto de la supresión de servicios de trenes convencionales, porque sí, tienen AVE, pero a cambio les han quitado otros trenes, les han quitado cercanías, regionales e incluso, en algunos casos, servicio de Talgo y de Euromed. Así que por un lado se gana pero por otro lado se pierde. Y eso me hace recordar que antes de que llegue el AVE a Extremadura, los extremeños ya han perdido un tren histórico, el “Lusitania Express”, un tren nocturno que hacía el servicio Madrid-Lisboa. Sí, es cierto que era un expreso nocturno y con muy pocas paradas en la región. Pero la experiencia me dice que cuantos menos trenes circulan por una línea, más posibilidades tiene esa línea de cerrarse. Y si no que se lo digan a los vecinos de, por ejemplo, Aranda de Duero…

 

Pero vamos a volver a Mérida. O mejor dicho, vamos a volver al trayecto hasta Mérida. Salimos de Puertollano y pasamos por los restos de la industria y de la minería de la zona. Incluidos los restos de un gran tren de vía estrecha, el que comunicaba Puertollano con Peñarroya y Fuente del Arco. Pero también restos de vías industriales de Renfe, y restos de una línea que se empezó a construir y no se terminó nunca y que tenía que bajar directamente desde Puertollano hasta Córdoba. Y por un rato corremos paralelos al AVE que va a Andalucía. Después nos metemos en la dehesa. Atravesamos sierras y sierras, donde los pastos se alternan con las encinas y con las carrascas y los matorrales. También vemos, a veces, alcornoques y olivos. Lo que no vemos son los pueblos. Y existen, en algún lugar deben estar. Pero el tren pasa muy alejado de ellos. Sólo vemos estaciones abandonadas, que funcionan como apeaderos o ni eso, porque el tren no para.

 

La dehesa extremeña es un paisaje fantástico, muy hermoso y ecológicamente muy útil. Los trabajos de los hombres durante muchas generaciones han logrado un ecosistema perfecto. Pero después de casi dos horas, uno empieza a desear ver algo de civilización, ver, por ejemplo, algún pueblo. Y los deseos del viajero se cumplen porque de repente aparece Almorchón y vemos una estación grande, desmesurada para un pueblo pequeño. Eso tiene una explicación: de aquí sale un ramal hacia Córdoba. A uno de dan ganas de apearse del tren y tomar la línea de Córdoba, que promete ser estupenda, pero Mérida nos espera. Y Mérida merece cualquier sacrificio.

 

De manera que continuamos viaje. Y el paisaje cambia. Hemos pasado el único túnel de la línea (lo cual es extraño, porque durante dos horas no hemos hecho otra cosa que cruzar sierras y más sierras), pero las montañas poco a poco se van separando del tren, o al revés, el tren empieza a darles la espalda y va bajando, muy lentamente, sin ninguna prisa, hacia el ancho valle del Guadiana. Con el Guadiana llegan los campos de regadío, las largas rectas donde el tren puede coger velocidad y los pueblos grandes, los pueblos con polígonos industriales y fincas altas, los pueblos modernos y con aspecto de tener una economía boyante, de ser lugares en crecimiento y no lugares donde se pierde población (aquí no hay secretos, o un pueblo crece o un pueblo va a menos, no hay más opciones, y basta con echar un rápido vistazo a sus calles, aunque sea desde el tren, para intuir en qué clase de pueblos estamos). Y claro, si hay desarrollo urbano es que no estamos lejos de Mérida. Porque Mérida no es la capital de la provincia, pero es una de las ciudades más importantes de la región. El tren continua hasta Badajoz. Pero yo me bajo aquí. Mirando asombrado el Acueducto de Los Milagros. Es un pequeño aperitivo de lo que nos espera…

 

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Alfonso Vila
Nací en 1970 en Valencia. He vivido en Orihuela, Madrid, Bruselas, Alicante, Barcelona y Debrecen (Hungría). He escrito en muchas revistas, como: “Cuadernos del matemático”, “Hypérbole”, “Papel de Periódico”, “La Soga” , “Le Miau Noir”, “Circe”, “Kopek”, y “Jot Down” . También he ganado algunos premios, como “Miguel de Cervantes”, “Jaume Roig”, “Vila de Canals”, “Diputación de Castellón”, “Ciudad de Getafe”, “Cortes Valencianas”, “Marco Fabio Quintiliano”, “Dionisia García”, “Mariano Roldán” y “Villa de Cox”). He publicado novelas, libros de poesía, de relatos y de ensayo. También hago fotos.

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