España en Regional. Capítulo vigésimo sexto. Murcia-Cartagena-Los Nietos

0
204

 

Ahora ya sé porque el Talgo que viene de Cartagena llega siempre tarde a Alicante. El problema está en Murcia. Llevan un lío que no se aclaran. Y no es que sea una estación muy grande, pero para entrar es vía única, para salir es vía única y encima hay dos cercanías y un regional que no saben estarse quietos, esperando pacientemente la hora de salida. No sé a qué juegan pero no paran de cambiar de vía. Se pone uno en marcha, recorre un kilómetro o menos, hasta la salida de la estación, luego vuelve para atrás y se coloca en otra vía. Y entonces le toca el turno al otro cercanías. Que hace lo mismo. Y luego apaga el motor. No abre las puertas, no sube ningún pasajero. De hecho el andén está casi vacío. Y luego el regional, el que pienso que va a ser mi regional, enciende el motor y las luces y empieza a moverse. ¿Dónde Va? No hay ningún anuncio por megafonia. Se aleja un poco de la estación y hace lo mismo: vuelve para atrás. Simplemente está cambiando de vía. ¿Y para qué? Si no viene ningún tren al que tenga que dejar pasar. La verdad, no sé a qué juegan…

Pero entonces es cuando realmente viene el lío, porque de repente se anuncian tres trenes casi a la vez. Por lo visto viene un Alvia de Madrid y se a a tropezar con un Talgo que viene de Cartagena. Y no contentos con eso, también viene un cercanías de Águilas. Los anuncios de megafonia empiezan a repetirse cada pocos minutos. El andén se llena de pasajeros. Y luego, más lío aún… Anuncian otro tren, un cercanías destino a Lorca. En dos horas no ha venido ningún tren, sólo se han movido los que ya estaban aquí, que han jugado a cambiarse de vía. Pero ahora tenemos tres trenes esperando entrar en la estación, además de uno de los cercanías que estaba en las vías del fondo, que, cómo no, se mueve otra vez para cambiar de vía. ¡Otra vez!!No me lo puedo creer! Pues sí. Avanza un poco, pasa el cambio de agujas y retrocede. Como antes. Sólo que ahora sí abre las puertas y suben pasajeros, y no se mueve. No se mueve porque tiene que venir el de Águilas que no ha llegado aún. Y mientras los altavoces anuncian un Talgo y un Alvia, que supuestamente tendrían que estar ya en el andén, pero que no aparecen, por mucho que la voz de la mujer del altavoz repita pesadamente eso de “salida inmediata”. Porque aquí no se mueve nada. Veo a lo lejos la silueta de un Alvia. Pero no entra a la estación. Está esperando. Detrás, supongo, llegará el Talgo, que también estará esperando.

Por fin llega el cercanías de Águilas, y el que va Lorca ya tiene la vía libre. El motor empieza a rugir. Entonces pasa algo que por suerte no tiene consecuencias graves. Una mujer ha subido corriendo en el último momento. Y justo antes de que se cierre la puerta, desde el andén veo como se le cae la chaqueta a las vías. Es una chaqueta roja y gruesa, un buen abrigo de invierno (hace frío, por cierto, un viento muy desapacible y molesto). Pasan dos segundos angustiosos, porque si la mujer intenta recuperar la chaqueta se le cerrará la puerta, o se le puede quedar el brazo atrapado entre el andén y las ruedas del tren. Por suerte la mujer da por perdida la chaqueta o, tal vez, ni se da cuenta, con las prisas. Pero la puerta se cierra y el tren arranca. La chaqueta se queda en la vía.

Eso pasa por subir al tren con tanta prisa ¿Es que no sabe a la hora que va a salir el tren? Casi lo pierde, y mira…

La que dice esto es una mujer que está a mi lado. Que ha visto la escena como yo, y como yo, no ha tenido tiempo ni de reaccionar. Pero además… ¿qué podíamos hacer nosotros?

–Pues imagina que tiene algo en los bolsillos… ¿Ahora qué? –Añade la mujer de mi lado.

Pues sí. Reconozco que no había pensado en esa posibilidad. Porque perder una chaqueta es una cosa, pero perder una chaqueta con las llaves de casa o con la cartera en el bolsillo es otra cosa muy distinta. No me muevo de mi sitio. El Alvia por fin se ha decidido a entrar en la estación. Muy cerca de mí hay una azafata de Renfe. Está esperando el Talgo. Ella también ha visto cómo ha caído la chaqueta. Me pregunto qué hará, porque se acerca muy lentamente a la vía, hacia el lugar donde ha caído la chaqueta. Pero no la coge. En lugar de eso se va al otro andén, donde hay un Guardia Jurado, y le dice algo. Vemos como el guardia jurado y la azafata vuelven a nuestro andén. Y el Guardia Jurado baja un momento a la vía y coge la chaqueta. Se la lleva.

Bueno, así acaba este pequeño pasatiempo, pero muy rápido encuentro otro pasatiempo: observar a los pasajeros despistados que van a equivocarse de tren. Porque el Talgo acaba de entrar, con retraso, por supuesto, y se coloca al lado del Alvia. Uno va a Madrid y otro viene de Madrid, y más de un pasajero corre de un andén a otro a toda prisa. Es muy fácil equivocarse. Y encima resulta que el cartel que hay a la salida del paso subterráneo está mal, porque indica la vía dos cuando esa es la vía tres. “Es que lo han cambiado”, me ha dicho un chico joven. Pero lo han cambiado en el andén, pero no a la salida del paso subterráneo. Mañana en Cartagena me pasará una cosa parecida, tendré que tomar un tren que está estacionado en la vía dos, pero según el panel electrónico de la estación, ese tren no va a Valencia sino a Madrid. Preguntaré a un señor con maletas y su respuesta será: “no hagas caso del panel”. Estupendo. Como para ir con prisas, ya digo.

¿Se puede liar más la cosa? ¡Pues claro que sí! Anuncian otro tren. Un cercanías a Alicante. Y otro de los trenes que estaban moviéndose hace un rato se vuelve a poner en marcha, pero no hace nada, porque para salir a Alicante antes tienen que salir el Talgo y el Alvia, que aún, aunque ya llevan bastante retraso, están parados en las vías principales.

Al final el Alvia se decide a irse, luego el Talgo. Y por fin el cercanías a Alicante. Y yo me quedo un rato más en el andén, porque aún falta media hora para mi regional. Creo que sé cual es, el que está en una de las vías del fondo, uno muy pequeño, con sólo dos vagones, que antes se ha movido para cambiar de vía. Pero lo mismo parece otro, nunca se sabe, así que mejor estar al loro de los anuncios de megafonía, cuando vuelvan, porque ahora el altavoz se ha vuelto a quedar mudo, y mientras me pongo a leer un rato un libro, de reojo no paro de mirar hacia mi regional, no sea que se vuelva a poner en marcha y se vaya sin mí.

 

He de decir que he llegado a Murcia desde Alicante. He comido en la estación, en un pequeño bar, y luego he salido al andén a ver si podía hacer algunas fotos mientras esperaba mi tren. De Alicante hasta Murcia el cercanías iba muy lleno. Y como buen cercanías que es, ha parado en todos los sitios posibles. Además el trayecto ya me lo conozco de sobra, porque hace años estuve trabajando en Orihuela. Tengo prisa por coger el regional. Estoy impaciente por llegar a Cartagena. Más aún… Estoy impaciente por coger otro tren, un pequeño, casi minúsculo tren de vía estrecha, que me llevará a la orilla del Mar Menor. Pero eso tendrá que ser mañana por la mañana. Y antes tengo que llegar a Cartagena. Esa será la segunda parte de mi viaje. El trayecto de Murcia a Cartagena es la primera parte. Es un trayecto que no conozco. Nunca he estado en Cartagena, ni en tren ni en coche. Sólo he pasado por la autopista que viene de Alicante y va a Almería. Y esa autopista cruza bastante lejos de la ciudad. Así que, no tengamos prisa. Todo a su debido tiempo.

“Parte uno completada”, me digo dos horas después. Ya estoy en Cartagena, en un hotel muy bien situado. Desde aquí tengo las dos estaciones muy cerca. La de Renfe me ha gustado mucho. Y la de Feve la he visto de paso y me ha sorprendido mucho, porque parece cualquier cosa menos una estación de tren. ¿Primera impresión? El regional Murcia-Cartagena debe ser el regional con recorrido más corto de todo el país. De hecho, el cercanías de Murcia a Águilas hace bastantes más kilómetros y pese a eso es un cercanías y no un regional. Y además este regional, el de Cartagena, tiene sólo dos paradas. ¡Sólo dos paradas! Es un regional reducido a su mínima expresión… Y esas dos paradas son también las dos paradas que hace el Talgo, así que en este caso el regional y el Talgo son trenes gemelos, que tardan prácticamente lo mismo en cubrir el trayecto entre Murcia y Cartagena. ¿ Y cómo es ese trayecto? Pues tiene una primera parte montañosa, porque hay una gran sierra que se interpone entre el valle del Segura y el mar, pero luego, una vez pasado el puerto de San Pedro, entramos en una llanura muy monótona, con una larguísima recta que te lleva directo a Cartagena y campos de cultivo a ambos lados de la vía. Por lo demás el regional va medio vacío, y los pocos pasajeros van mirando el móvil o leyendo un libro, de manera que tampoco entablo conversación con nadie. No importa. Mañana tengo que volver a pasar por aquí, cojo el libro que tengo a medio leer y dejo la cámara. He hecho pocas fotos, pero mañana si hay suerte haré más.

Cartagena me gusta, aunque tampoco tengo mucho tiempo para conocerla. Ando por las calles del casco antiguo hasta salir al puerto y vuelvo a mi hotel. Ceno y me acuesto pronto. Y al día siguiente, sábado, estoy a las nueve de la mañana en la estación de Feve, que parece una finca más que una estación, un edificio de cuatro pisos con muchas ventanas, como una finca cualquiera, y con una puerta de cristal en la planta baja que da paso a la estación. Y la estación son sólo dos vías. En una hay un tren aparcado. Y el otro es el que se pasa el día cogiendo y dejando viajeros desde aquí hasta Los Nietos. Son dos trenes muy pequeños, del tamaño de un autobús. Y la línea tampoco es que sea muy larga, poco menos de 20 Kilómetros. En media hora hemos llegado al final, en la orilla interior del Mar Menor. Hay que decir que se está estudiando su ampliación hasta San pedro del Pinatar, pasando por San Javier, pero como línea de tranvía, supongo que un poco lo que es ahora la línea de tranvía entre Alicante y Benidorm. Si se hace, el recorrido será de más de 50 kilómetros y, como pasa muchas veces, lo que empezó siendo un ferrocarril minero acabará siendo un ferrocarril o tranvía para transportar pasajeros desde Cartagena hasta las playas y los pueblos de la costa. Hablo con el revisor, que me pide perdón a mí y a los demás pasajeros porque el tren ya llegado media hora tarde (mal empezamos, la verdad…), pero luego el tren va bien, es muy cómodo, el paisaje es muy interesante porque además de ver los restos de las minas de la sierra, resulta que ha llovido y hay un poco de niebla y este factor meteorológico me hace pensar que estoy en otra parte del país, no en el sur cálido y seco sino en el norte lluvioso y fresco. Pasamos por La Unión, un lugar que conozco por el festival de música pero donde nunca he estado y poco antes de llegar a Los Nietos, al salir de la montaña, veo a lo lejos el Mar Menor, que resulta una visión muy extraña, con ese pequeño montículo rocoso en su centro. Al verlo no puedo evitar recordar las noticias que han salido hace poco, nada buenas por desgracia.

Me gustaría hablar de muchas cosas con el revisor, que resulta ser un hombre muy afable y conversador, pero por desgracia el viaje dura muy poco. Cuando me doy cuenta ya estamos en Los Nietos. Descubro que la estación queda un poco alejada del pueblo. O de los pueblos porque resulta que tenemos tres núcleos urbanos separados, con sus tres paradas: Los Nietos viejos, Los Nietos Pescadería y Los Nietos. Desde el final del trazado a la orilla del mar hay que andar un poquito. Y yo tengo el tiempo justo, porque tengo que volver a Cartagena para coger un Talgo a Valencia. Me gustaría volver a coger el regional. Pero tendría que estar unas cuantas horas esperando en la estación de Murcia. Y tengo que llegar hoy a Valencia porque mañana tengo que volver, con otro Talgo, a Alicante. “Bueno, mi objetivo básico ya está cumplido”, pienso. Pero me quedo con ganas de más. De conocer mejor Cartagena, de pasar más tiempo en Los Nietos y hablar con los habitantes de todo esto que ha salido en las noticias. Y de hacer más fotos del regional Cartagena a Murcia. Aunque eso no es malo. Al contrario, lo malo es pensar que ya está todo visto y todo hecho y que seguir viajando es una pérdida de tiempo. Y eso, por suerte, aún no me ha pasado nunca. Es un peligro real, un peligro que puede atacar a cualquier viajero. Toquemos madera.

 

Print Friendly, PDF & Email
Artículo anteriorEl éxito y su Reino Unido
Artículo siguienteDe mi Diario : Semana 5 / 2020
Alfonso Vila
Nací en 1970 en Valencia. He vivido en Orihuela, Madrid, Bruselas, Alicante, Barcelona y Debrecen (Hungría). He escrito en muchas revistas, como: “Cuadernos del matemático”, “Hypérbole”, “Papel de Periódico”, “La Soga” , “Le Miau Noir”, “Circe”, “Kopek”, y “Jot Down” . También he ganado algunos premios, como “Miguel de Cervantes”, “Jaume Roig”, “Vila de Canals”, “Diputación de Castellón”, “Ciudad de Getafe”, “Cortes Valencianas”, “Marco Fabio Quintiliano”, “Dionisia García”, “Mariano Roldán” y “Villa de Cox”). He publicado novelas, libros de poesía, de relatos y de ensayo. También hago fotos.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, deja tu comentario!
Por favor, introduce tu nombre aquí