Europa en el fin de Gadafi

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Parece que esta vez sí, que al cabo de seis largos meses la insurrección libia va a conquistar los últimos reductos de Gadafi que sigue desaparecido. La responsabilidad criminal del dictador se va a prolongar hasta el último minuto, el derramamiento de sangre y el sufrimiento en  su villa natal de Sirte podrían perfectamente haberse evitado si Gadafi tuviera una mínima dosis de realismo y hubiera comprendido que desde hace más de un mes la resistencia era totalmente fútil .

 

Surgen ahora nuevas revelaciones en el Reino Unido sobre la intervención europea en el conflicto que ha inclinado la balanza a favor de los levantados contra el autócrata. Sarkozy ha pasado por el adalid de la ayuda a los rebeldes, fue por ello aclamado en Tripoli cuando estuvo hace un par de semanas, pero parece que el papel del primer ministro británico resultó asimismo decisivo. Personas cercanas a Cameron apuntan que el político, frente a bastantes escépticos de su gabinete, argumentó que había que actuar con presteza y socorrer militarmente a los rebeldes por el temor de que Gadafi repitiera en Bengasi lo ocurrido en Srbrenica durante la tragedia de los Balcanes: unas 8.000 personas fueron liquidadas en pocos días ante la pasividad de la ONU y la occidental. Por otra parte, el líder británico argumentó que, después de las revueltas de Túnez y Egipto donde la gente había logrado desplazar a sus dirigentes no democráticos de forma relativamente incruenta, el cruzarse de brazos en Libia sería un mal ejemplo, los dictadores aprenderían que la forma de oponerse a un clamor por la apertura y la democracia no era hacer concesiones en ese sentido sino aplicar la mano dura y sofocar con crudeza las manifestaciones.

 

Las tesis de Cameron triunfaron frente a los que sostenían que una guerra desde el aire sería estéril, que no se podría derrotar a Gadafi sin enviar tropas occidentales sobre el terreno. Un precio que nadie quería pagar y que, además, estaba prohibido por la ONU. El británico también fue clave en vencer las vacilaciones iniciales de Estados Unidos en la ONU: Una vez embarcado en la operación, Washington tuvo una participación capital en la ofensiva para conseguir los nueve votos necesarios en el Consejo de Seguridad y en lanzar los aplastantes ataques iniciales que dieron ánimos a los rebeldes convenciéndoles de que si continuaban su ofensiva Gadafi no podría resistirlos y se acabaría el guión de un Goliath armado con tanques, missiles y aviones y un David pertrechado sólo con rifles y alguna ametralladora anticuada. El cálculo fue correcto y, por lo visto, la aviación franco británica ha sido extremadamente precisa limitando al máximo los daños colaterales. El dictador libio, avanzada la contienda, envió mensajes a Londres señalando que estaba dispuesto a dejar el poder efectivo y convertirse en una especia de Rey con poderes muy limitados como la Reina Isabel.Era tarde para ser aceptado por los rebeldes. 

 

Ahora sólo nos queda una gran incógnita, la de hacia donde se encamina  Libia después de Gadafi.

 

 

Inocencio F. Arias es un veterano diplomático y frecuente colaborador en los medios de información. Ha tenido cargos destacados con diferentes gobiernos: embajador en la ONU con el PP, Secretario de Estado y Subsecretario con el Gobierno anterior del PSOE y Portavoz del Ministerio de Exteriores con tres distintos ejecutivos de la democracia; UCD, PSOE y PP. En la ONU presidió el Comite Mundial contra el Terrorismo y la Asociación de Embajadores. Ha sido profesor en la Universidad Complutense y en la Carlos III de Madrid. En su única escapada a la empresa privada fue Director General del Real Madrid. Ha escrito libros: Confesiones de un Diplomático (Planeta) y Tres Mitos del Real Madrid(Plaza-Janes) y en colaboración con Eva Celada La Trastienda de la diplomacia (Plaza-Janes). A mediados de 2012 publicó también en Plaza y Janés Los Presidentes y la diplomacia. Me acosté con Suárez y me desperté con Zapatero que actualmente está en su tercera edición.