Final de agosto

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Está siendo un verano atípico, todo es atípico este año. Ni siquiera hay siestas, ni gritos en la calle, solo una tranquilidad repleta de aburrimiento que me asusta. Se nota que septiembre acecha a la vuelta de la esquina con su manto de rutina. Hace mucho calor, y bajo el ventilador y a esta hora incierta de después de comer, estoy escuchando un podcast en el que dos escritores hablan de la vida, y de aquellos años lejanos en que se sentían jóvenes. Cuentan que se conocieron en Nueva York por casualidad, y durante aquellos días cinematográficos, tomaron cócteles en las azoteas, incluso estuvieron en lugares poco ortodoxos, pero muy inspiradores, visitaron librerías y se metieron en líos. Ahora desde la nostalgia, hablan de sus autores favoritos, de Lispector, Lorri Moore y Carver. Ella, autora de varios libros de relatos, comparte sus secretos de escritora. Dice que escribe a fogonazos, que puede apuntar en una libretita las ideas que le surgen en la conversación con un amigo y después correr a escribirlo cuando está a solas. ¿Estás insinuando que cualquier conversación que tengamos puede terminar en tu libreta?, le dice él. Ríen. Reconocen los dos, que les cuesta escribir cuando tienen varios encargos a la vez. Se sienten unos raros viendo como otros si lo hacen. Yo los escucho con la cabeza puesta en mil cosas y de vez en cuando asiento como si pudieran oírme y río con ellos. Me gustaría inmiscuirme y decirles que comparto sus opiniones, que me encantaría tomar cócteles en las azoteas y estar en Nueva York como lo estuvieron ellos, pero sobre todo visitar librerías y meterme en líos.Se confiesan admiradores de Sally Rooney, y hablan, como no, del bestseller del momento: “Gente Normal”. Una historia que trata de dos jóvenes cuya relación es un ir y venir, repleta de malentendidos, donde no falta el sexo y las ganas de que los quieran. Señalan un fragmento en el que uno de los protagonistas tras leer un pasaje de Emma de Jane Austen, justo aquel en el que el Sr.Knightley se va a casar con Harriet, tiene que abandonar la lectura bruscamente, lo cual le deja sumido en un estado de excitación emocional. Le avergüenza sentir esta agitación, mucho más tratándose de personajes literarios, pero como dice en el libro “la literatura lo conmueve”. Resulta fácil sentirse identificado con personajes así, mucho más cuando las vidas de ficción te ayudan a entender las vidas reales, o eso piensas. La conversación de los escritores continúa, se preguntan hasta qué punto puede resultar creíble una situación así. No soy la única, somos muchos los que el veneno de la literatura nos besa en la boca, y nos deja a merced de impulsos casi siempre incontrolables. Sigo escuchándolos, resulta curioso hasta qué punto la cercanía de unas voces puede resultarte tan acogedora. Ha pasado una hora y fuera, el silencio sigue. Yo diría que no parece el final de agosto, si no fuera por este calor que me aturde. Sin saber por qué, me viene a la cabeza Françoise Sagan y su tristeza. Siempre me acuerdo de ella cuando el verano se acaba. En unos días llegará septiembre.

 

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Foto: Françoise Sagan

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