Fotos contadas: paseo por el puente romano

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El niño que pasea sobre un puente romano en una lluviosa y fría tarde de abril no sabe que camina sobre un puente romano. El niño viene de muy lejos, ha cruzado medio país para pasar la Semana Santa con unos familiares. Pero los días son muy malos, no para de llover y casi no se puede ni salir de casa. Han suspendido todas las Procesiones y la leña seca se está acabando. Estamos en la meseta y ahí, en abril, aún hace frío. Al final la lluvia da una pequeña tregua, muy pequeña porque muy pronto vuelve a llover. Y el niño sale a pasear por el río, que pasa justo por debajo del pueblo. Es un río que normalmente lleva muy poca agua. Normalmente porque aquel día el río va lleno, tan lleno que casi llega hasta lo alto del puente. Pero el puente resiste, resiste como lleva resistiendo dos mil años, en un clima extremo, a veces muy seco, a veces terriblemente lluvioso, o muy frío o muy caloroso. El niño no sabe que camina  sobre un puente que ha visto pasar la historia sobre él. Y continua tan esbelto y tan sólido como el primer día. Vendrán más veranos y más inviernos y los campos se empaparán de agua y el lecho del río se convertirá en un desierto agrietado, y el puente seguirá siendo el lugar perfecto para salir a pasear en la mañana o en la tarde, cuando el cielo no quiera abrirse al sol, cuando todos los demás planes nos fallen. Cuando las vacaciones nos lleven de regreso a los años de la infancia. A aquel pueblo lejano.

 

 

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