Habría sido una buena mujer…

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Habría sido una buena mujer –dijo el Desequilibrado- si hubiera tenío a alguien cerca que le disparara cada minuto de su vida.

¡Menuda diversión! dijo Boby Lee.

Cállate, Bobby Lee –dijo el Desequilibrado-. No hay verdadero placer en la vida.

 

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A Flannery O´Connor me la recomendó un amigo hace años aún sabiendo que no terminan de gustarme los escritores norteamericanos. Llego a las últimas hojas de uno de sus cuentos más famosos, Un hombre bueno es difícil de encontrar. Brutal, terrible, grotesco, lleno de seres delirantes y perturbados, el desequilibrio más absoluto vivido con tal naturalidad que al final, perdida, no sabrías a ciencia cierta situar en un mapa donde queda la normalidad…

 

No tengo nada mejor que hacer en Amman que esperar. Esperar a que transcurran los días mientras observo a mí alrededor. Ningún compromiso obligatorio, ninguna visita, ningún amigo, ninguna actividad con la que acelerar el paso del tiempo, nada que me devuelva en el espejo una imagen más grata de mi misma… Solo esperar.

 

En la sala de convenciones del hotel la ONU celebra alguna reunión decisiva para el futuro de la humanidad y de cuya vital importancia solo parecen convencidos los propios ponentes, semblante adusto, el gesto serio de quien sabe lo que se está jugando… Ellos blancos, europeos, caucásicos, dispuestos a comerse el mundo con la seguridad de quien puede pagarse un traje caro que se ajusta a la perfección.  Ellas disfrazadas de hombres, de mujeres sumamente profesionales y válidas, tan alejadas de esa musulmana con pañuelo que aguarda silenciosamente en la recepción y en un segundo plano a que su marido se ocupe todo, y a la que superan, aunque no lo sepan, en su insaciable necesidad de reconocimiento masculino.

 

Los jordanos controlan al milímetro la seguridad. Resulta difícil creer que pueda ocurrir algo no previsto en el guión. Pobres como los libaneses han vendido su desértico paraíso al mejor postor que sostenga en pie la mentira de ser un país. La lucha por la supervivencia es feroz a este lado, si las mujeres entregan su cuerpo, ellos darían su mundo por un poco más de dinero. Todos lo entienden, los críticos son defenestrados sin contemplaciones de la mesa de juego; sus reglas, finalmente, parecen las más lógicas. Si nada sugiere que éste sea un hogar eterno, ¿por qué no alquilar sus habitaciones perpetuamente…?

 

Recuerdo la primera vez que recorrí la montañosa carretera que llevaba desde algún punto del mar Muerto a Petra hace bastantes años. Era un lugar mágico y yo un ser demasiado gris como para confiar en mi capacidad de elegir nuevamente un camino extraño y mío como aquel. Y veo como ha caído la noche sobre Amman y sé cuántas cosas he exigido de la vida y cuántas veces me he dicho a mí misma que todo cambiaría si pasara esto o si tuviera aquello…Como una mendiga con harapos cosidos con hilos de oro he creído que merecía mucho más, reclamado un infinito, sin pensar nunca qué podría ofrecer… He pedido demasiado y dado tan poco a cambio que yo también habría sido una mejor persona si hubiera tenido a alguien cerca que me disparara cada minuto de la vida.