Haciendo infusiones caseras

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Las infusiones de hierbas son consideradas remedios caseros, aunque muchos les damos un uso recreativo: las bebemos por placer. ¿Qué les parece elaborarlas en casa para darles personalidad propia? Desde hace algunas semanas me he propuesto hacer mis propias mezclas con lo que tengo a mano o consigo fácilmente; aquí quiero contarles cómo me va con la experimentación.

Una base

Si bien carezco de formación en preparación de tés e infusiones, el sentido común me ha llevado a usar una especie como base de mi mezcla. El culantro o la manzanilla bien pueden desempeñar ese papel, pues su sabor no es demasiado intenso. Ambas especies se consiguen en los supermercados o mercados de El Salvador. Si estuviera en España, correría a un herbolario a comprar hipérico (hipericum perforatum) para usar como base en una mezcla relajante, que propicie la concentración.

Varios acentos

Especies de aroma y sabor intensos pueden funcionar como acentos o saborizantes de las infusiones. El anís, la canela, el jengibre y la cúrcuma, que se pueden conseguir en el mercado o supermercado en mi país, dan notas de sabor intenso al té. También se pueden deshidratar o secar cáscaras de frutas como mango, mandarina, limón, naranja e incluso piña para darle acentos tropicales a la mezcla.

Tratamientos especiales

Para extraer la esencia de algunas semillas encuentro útil usar el mortero. Es el caso del culantro, del anís e incluso del cardamomo. Deshidratar cáscaras o lascas de raíces, como el jengibre, es otro procedimiento útil para crear infusiones caseras. Para ello no uso ningún aparato, sino que dispongo en un plato las piezas separadas, las cubro con una manta de cocina para evitar tentaciones a los insectos domésticos y las dejo varios días mientras se endurecen. Si las lascas de jengibre son delgadas, tardan apenas dos o tres días en disecarse; las cáscaras toman un poco más (cerca de una semana).

Una mezcla de casa

Una mezcla que resulta apropiada para la tarde o la noche se compone, grosso modo, de dos partes: la base está hecha de manzanilla (troncos, hojas y flores secas) y culantro (machacado en mortero), y equivale a poco más de la mitad de la mezcla; la otra parte está conformada por anís, calvo de olor y cardamomo (machacados en mortero); canela en raja despenicada; jengibre, cúrcuma y cáscara de mandarina deshidratados en casa. Me gusta dejar el bote de vidrio medio lleno (o medio vacío) para poder agitar y revolver las hierbas antes de preparar el té. Una cucharadita alcanza para una taza grande de té o incluso para dos.

Una infusión nocturna

Otra mezcla que estoy usando para la noche tiene manzanilla, valeriana (que se consigue en el mercado) y cáscara de piña deshidratada en casa. Para preparar este último ingrediente, lavo bien la piña antes de pelarla, corto lascas delgadas de la cáscara y la pongo en un plato a disecar en un área aislada de mi cocina. Su sabor en el té es sutil, pero le suma a esta infusión nocturna (cuyo sabor no es muy agradable).

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