¿Hay alien ahí?

0
264

¿Hay alien ahí?

 

 

Esta es la pregunta. Durante siglos hemos levantado la cabeza hacia el cielo elucubrando si algún organismo inteligente estaría a su vez pensando en si hay vida en otro planeta. En España, concretamente en los años 60, creímos tener la respuesta en unos tipos inteligentes, altos, con un habla extraña y que venían de muy lejos. Eran suecos (como años más tarde confirmaría el CESID tirando a su vez por Tierra que las mujeres vienen de Venus y los hombres de Marte). Y es que los españoles vivimos acomplejados por todo lo que venga de fuera y nos olvidamos de que inventamos el autogiro, el chupa-chups, la fregona o el ‘landismo’; a ver si nos creemos de una vez que hemos ganado la Eurocopa y el Mundial. ¡Si estamos abordando Hollywood a golpe de trabuco, a lo Curro Jiménez! ¿Y de qué tenemos miedo?: Alf, E.T… Michael Jackson… Sí, de acuerdo, todos ellos muy amigos de los niños, sin embargo, seres que no tendrían nada que hacer contra nuestro Marcianico el Corto y su boina volante. Bueno, quizá Rocky Marciano, que se retiró invicto, pero lo más seguro es que fuera de asteroides hasta arriba.


   Pues bien, había que intentarlo. Me podrán acusar de crédulo o de ‘ovnívoro’, pero siempre tuve la sospecha de que los Reyes Magos no siguieron una estrella, sino el platillo volante donde viajaba el Niño Jesús. Esta teoría es imposible de demostrar porque entonces habría que explicar el embarazo psicológico de María o por qué el rey negro, que viajaba con un camello y vendía mirra de la buena, acabó convirtiendo a Jesús en el primer hippy de la Historia, con musical y todo.


   En fin, marcianadas aparte, cogí mi Simon, que no es un juego, sino un traductor intergaláctico estándar, y me fui al taller mecánico más cercano de mi casa para que repararan mi platillo molante, que es como cualquier otro platillo volante utilitario familiar, pero con una pátina de tuning. ¡Menudo pUFO! Un mes más en el taller porque faltaba un recambio que tenían que pedir a Alemania.


   Y pienso yo ¿es que en Alemania tienen todas las jodidas piezas del mundo?


   Total, lo único que pretendía era que añadieran una plaza supletoria para que Alien, el octavo pasajero, no se quedara otra vez fuera. Es duro decirle a un bicho «te quedaste sin aliento».


   Viajar en verano es complicado, pero salir al espacio exterior puede convertirse en una auténtica odisea. Vacunarse, guías para no acabar haciendo de autoestopista galáctico y, sobre todo, familiarizarse con las costumbres de los extraterrestres, que por mucha antena que pongan son raritos.


   Para empezar, sufren de un daltonismo extremo porque los marcianos son verdes, en cambio proceden del planeta rojo. En cuanto a sus gustos es de sobra conocido que prefieren el extra de mozzarella o el extra de terrestre, dependiendo de la galaxia. Ni se te ocurra ofrecerles un planeta de canarias, a no ser que tengas el rollo de papel alienhigiénico a mano. Que su bebida es el Ginger Alien o si están de copas, un Cosmopolitan. De postre prefieren el Cola Jet al Apollo de limón o de fresa. Y son refraneros como los que más: «En Marte, ni te cases ni te embarques» o «Tiran más dos selenitas que un par de tetitas».


   En lo que más se parecen a los humanos es en el sentido del rumor. Una vez coincidí viendo Star Wars con un ser que me explicó que Chewaka no hablaba así, sino que eran quejidos por los enredones de pelo que tenía desde que R2D2 Largos le robó el peine. Aunque yo creo que fue la Princesa Leia quien se lo agenció; es imposible mantener esas ensaimadas falleras durante toda la trilogía.


   Consejo para finalizar: cuidado si un alienígena insiste en llevarte a la cara oculta de la Luna porque lo más seguro es que acabes viendo un agujero negro.

Si tuviera un título noveliario sería de suspense o de humor y si pudiera viejar me gustaría llegar a los 90 con buena salud. Mi madre siempre me regañaba por ser un optimista, no por ver el vaso medio lleno o medio vacío, sino por creer que podía beber directamente de la botella. También desde pequeño empecé a desarrollar el gusto por la música, ya que carezco de oído y tacto para tocar cualquier instrumento. Me confieso disléxico habitual, de los que van al cine a leer y devora los bocadillos de los cómics. Así que, bienavenidos a este viaje en blogo porque la realidad que nos rodea es diferente según el cristal con el que se mira, pero quizá, haciendo la vista gorda, podamos verla sin cristal. Por tanto, lo que nos queda es tomarnos la vida con mucho rumor, que la certeza absoluta nunca la vamos a tener e, iluminados por la lámpara del genio, veamos las coincidencias y las coinfusiones cotidianas. Que ustedes lo pacen bien.