
El trovador – foto de Moisés Fernández Acosta
(Esta historia empezó aquí.)
En la charcutería de mi supermercado favorito. Giuseppe y Antonio, a los que conocimos ayer, se están pegando. Sí. Ninguno de ellos ama la violencia, pero qué se le va a hacer, les ha dado por pegarse y ahora ya no sé quién los va a separar. Yo no, desde luego, a ver si me voy a llevar algún guantazo.
ANTONIO GARCÍA GUTIÉRREZ.- ¡Chorizo!
GIUSEPPE VERDI.- ¡Eso ya me lo has dicho!
Antonio le muerde un brazo a Giuseppe. Mientras tanto, Giuseppe le está clavando el otro codo en el estómago a Antonio.
ANTONIO.- ¡Ayer me volví a casa fatal porque te encuentro y lo único que hago es hablar contigo! ¡Robalibros! ¡Pirata! ¡Chorizo! ¡Fuimos demasiado educados! ¡La gente se reía de mí por las calles, cuando salí del supermercado!
GIUSEPPE.- ¡Yo no he robado ningún libro!
ANTONIO.- ¿Cómo que no? ¡Mi drama! ¡Mi Trovador! ¡Le cambias cuatro cosas y te crees que ya es tuyo!
GIUSEPPE.- ¡Cuatro cosas, dice! ¡Como si escribir música que se recuerde durante siglos fuera tan fácil!
ANTONIO.- ¡Pues bien que cobraste!
Giuseppe le pisa el pie izquierdo con decisión verdiana. Antonio le escupe a la cara un buen escupitajo español. Giuseppe le intenta partir un brazo sentándose encima con su culo gordo. Antonio le tira de la barba a ver si se la arranca.
GIUSEPPE.- ¡¿Y tú cuánto cobraste por escribir que todos son hermanos de alguien sin saberlo?!
ANTONIO.- ¡¡Así era el Romanticismo!!
GIUSEPPE.- ¡¡Bueno, pues así eran mis óperas, que se basaban en el romanticismo!!
Se quedan quietos un segundo. Respiran agitadamente.
ANTONIO.- Bueno…
GIUSEPPE.- Bueno…
Parece que se van a reconciliar.

El trovador – foto de Moisés Fernández Acosta
ANTONIO.- Pero podías haber puesto mi nombre un poquito más grande en el cartel.
GIUSEPPE.- ¡Nunca!
Los dos se lanzan de nuevo uno contra el otro. Antonio le mete los dedos en los ojos. Giuseppe le lanza un puñetazo que consigue que tres dientes salgan disparados. Antonio le apretuja el cuello con muchas ganas de matarlo allí mismo, frente a los embutidos. Giuseppe canta Di quella pira de Il trovatore a grito pelado.
Al oír los berridos de Giuseppe aparece el encargado de la charcutería. Les ve, y muy exageradamente se lleva las manos a la cabeza.
ENCARGADO.- ¡Se acabó! ¡Los dos fuera!
ANTONIO.- ¿Yo también? ¡El chorizo es él!
ENCARGADO.- ¿Cómo? ¡Pues claro! Además, ¡llevas dos días seguidos preguntando dónde tenemos el chorizo de Verdi! ¡Pues ahí lo tienes, al chorizo de Verdi!
Silencio. Giuseppe mira al encargado con asco. Al rato mira a Antonio. Ambos ignoran al encargado y vuelven a las andadas.
GIUSEPPE.- Ayer en nuestra escena había poca acción… No podrán decir lo mismo de la de hoy.
ANTONIO.- Eso, no podrán decir lo mismo… ¡Chorizo!
GIUSEPPE.- ¡Imbécil!
ANTONIO.- (Al encargado) Y tú, ¡no te quedes ahí mirando como un pasmarote, coge el móvil, métete en la web del Fernán Gómez y compra entradas para El trovador, que acaba este domingo!
(Esta historia continúa aquí.)
@nico_guau

El trovador – foto de Moisés Fernández Acosta




