La butaca de Godot: Las buenas intenciones

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No sirven para empedrar el desierto ni para que la justicia se imponga. Mucho menos para que el teatro cuaje. A la compañía Abiosis le sobran. Con ellas ha construido Los hijos de las nubes, a partir de un texto de Lola Blasco que entremezcla denuncia política, poesía y la historia de España: desde  la Marcha Verde y la muerte de Franco, al exilio del pueblo saharaui y toda su espera. «La entrevista es una práctica colonial», pronuncia enfático sin querer parecerlo uno de los tres actores de este montaje dirigido con parsimonia por Julián Fuentes Reta. En la Cuarta Pared se les va el tiempo entre los dedos por mucho que enarbolen el signo de la victoria y hermosos efectos de luz (como una caminata por el desierto) y silencios que quieren hacer partícipe al público del drama estático de un pueblo que espera sin volver a empuñar las armas. El teatro documento acaba convocando al tedio. Miquel Insua, Delia Vime y Borja Maestre tratan de que veamos lo que sienten, pero no basta con decir que “el teatro es una forma de hacer política”. El mejor momento, cuando una fotografía de unas cabras saharauis es en realidad un espejo en el que nos reflejamos los espectadores para acabar revelándose después dos muchachos saharauis. No logran lo que Brecht siempre tuvo presente: entretener, y emocionar. No basta con un puñado de buenas intenciones.