La flor de los días

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“Zeami explica la relación entre las flores naturales y el florecimiento del arte del actor. Hay que tener en cuenta el punto de vista japonés sobre esto: debido a una ancestral afición por la contemplación de la naturaleza (la luna, los árboles, los animales…) y a que se cumple con extrema precisión el ciclo de las estaciones, el japonés tiene un agudo sentido para la asociación de cada flor, animal o fenómeno natural con determinada época del año. Por ejemplo, la flor por excelencia, la del cerezo, brota a primeros de abril durante unos pocos días; pero semanas antes y en su momento habrán salido, por este orden, las del melocotonero y las del ciruelo, que también son objeto de particular contemplación y veneración. Dentro de cada estación, pues, se pueden establecer con claridad distintas temporadas, y cada flor tiene su momento. Si la flor del cerezo brotara todo el año, perdería su novedad y su interés. Si un actor realiza siempre los mismos personajes y actúa con el mismo estilo, ¿dónde estarán la novedad y el interés que propician el florecimiento del arte?”. (*)

 

(*) Rubiera, Javier, e  Higashitani, Hidehito, (eds. y trads.) Fushikaden, de Zeami, (Tratado sobre la práctica del teatro Nô y cuatro dramas Nô), Madrid, The Japan Foundation, Trotta,  1999. Pag. 169