La fuente de las gacelas

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El cordobán es una técnica de curtido de pieles de macho cabrío, traída por los árabes a Al Andalus, que se extendió posteriormente por toda España y Sudamérica. La piel flexible y porosa resultante del curtido de la piel, tratada con una planta llamada zumaque, permite al artesano, dibujarla, repujarla y bruñirla, hasta elevar cualquier figura o dibujo en airoso relieve.

 

El guadamecí es la hermana del cordobán. Se obtiene de piel de carnero, (el macho de la oveja), y nace destinada a ser pintada con plata, y barnizada con corladura para que parezca dorada. Su destino es la ornamentación de arquetas, muebles pequeños, y libros; también puede ser ferreteada.

 

El dibujo de Faba que hoy presentamos es un lúdico homenaje a aquellos otros dibujos automáticos que hacen los niños, frotando un papel sobre una moneda. Qué sentimiento de poder aflora después de haber conseguido un parecido tan grande, aplicando tan sólo la fuerza bruta del lápiz. Sin embargo, no deja de percibirse cierta sensualidad en este simétrico ramaje, (que representa el Árbol de la Vida), más allá de lo decorativo. El resultado final parece bruñido en mármol o alabastro.

 

La culpa del misterio la tuvo Córdoba; la andaluza, que no la argentina. En este mismo cordobán trabajaba el talabartero, cuando entró Faba en su tienda de la calle Lucano de Córdoba. Entre ambos se estableció una alquimia profunda desde el primer momento. Uno quiso conocer más allá de lo normal, y otro quiso mostrarlo y enseñarlo todo. Aquel artista entusiasta del cuero bajó de sus estantes, carpetas rebosantes de plantillas, dibujadas a mano sobre papeles tan variados como el de seda, el vegetal, o la cartulina blanca.

 

Le mostró los libros originales de donde las había sacado, viejos tratados árabes, y algunas recopilaciones de motivos ornamentales musulmanes, en los que era todo un experto. Cuando apareció la primera plantilla de una gacela, el curtidor ilustrado alcanzó una suerte de éxtasis y comenzó a contar su historia.

 

“La gacela siempre fue el símbolo de la Alhambra, y no la granada como luego se ha difundido. La Fuente de los Leones del palacio nazarita, no era sino un homenaje y un reto para superar la famosa Fuente de las Gacelas, que arrullaron el palacio de Medina Azara, en Córdoba. Fueron las primeras figuras de animales que ingresaron en la arquitectura musulmana, y por esta causa se hicieron famosas en todo el orbe.»

 

«Tras derruirse el palacio que las contuviera, las seis gacelas de bronce fueron dispersadas. Una se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Córdoba, otra en el Museo de la Alhambra, otra en, en el Arqueológico madrileño, una más en el Hermitage de San Petersburgo, otra en el Metropolitan de Nueva York, y a la sexta se la da por desaparecida.»

 

         – ¿Qué ocurriría si las seis gacelas volviesen a reunirse en su original emplazamiento? ¿Se reconstruiría el palacio completo, por artes de hechizo y birlibirloque?, -preguntole Faba jocosamente a aquel disertador iluminado; a lo que ambos sonrieron-.

 

Tras aquel intenso viaje por los paralelos y meridianos del planeta cuero, no le quedó a Faba más remedio, que encargarle a su nuevo amigo el cordobanero, un cuaderno con una gacela en relieve sobre la portada. Lo dejó pagado, en base a aquella sólida confianza que entre ambos se había inaugurado. Y para no irse con las manos vacías, sin nada tangible que pudiera demostrar que aquel encuentro había existido, le propuso comprarle el cordobán del Árbol de la Vida, en el que lo había sorprendido trabajando a su llegada.

       

        – Pero si no está acabado,

 

protestó el guarnicionero; a lo que Faba replicó:

 

        – ¿Qué mejor para el árbol de la vida, que no acabarse?

 

Este dibujo en relieve de aquel cordobán, fue el primero que realizó Faba en el cuaderno de cuero con gacela, que recibió en su casa, unos meses más tarde.