La maleta de Moravia

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«Digamos que la finalidad de la sociedad moderna es el consumo, o sea, el excremento», dijo Alberto Moravia.
Digamos que el chico va delante de mí, plaza Tirso de Molina, camina rápido, arrastra una maleta, tiene veintitantos, viste con ropa deportiva pasada de moda, usa barba, su rostro se parece al del Cristo de Velázquez, por ejemplo, con esa tersura de color muy blanco, el blanco de una inmensa melancolía.
Todavía me he fijado en él sólo porque le veo hablar solo. De inmediato busco los auriculares de un móvil, que no existe,
¿el móvil no existe?,
son reproches los que va pronunciando su boca para que los oiga nadie en la misma cabeza,
que los piensa,
¿el móvil no existe?
no entiendo lo que dice, digamos, pero sé que está enfadado, 
lo que acentúa algunos tics, intermitentes, como golpes de un boxeador invisible que desencajan su rostro, 
¿de quiénes son los golpes?
Sospecho, detiene la marcha en la puerta de un bar, en el que tengo la esperanza de que entre con su maleta, es un viajero, es un recién llegado molesto por el plantón de la muchacha que lo iba a recoger.
Pero no, como siempre, 
se ha parado ante el cenicero que ha puesto el bar a disposición de los clientes
en la calle,
elige entre las colillas con la eficacia de un experto, hay algunos cigarros apresurados, que se pueden aprovechar de inmediato, 
guarda unos cuantos en su bolsillo, vertiginoso como un marine o un geo, todos especializados en labores de supervivencia,
y continúa avanzando unos metros, otro tic, con su maleta,
hacia la cola, ya lo veo,
hacia la tradicional y métrica cola del comedor de desamparados, donde las monjas dan el desayuno, 
y luego otras donaciones, galletas de hospital, sobados, ropa usada del patio particular, 
algunas medicinas, ¿de quiénes son los golpes?, 
que irán llenando una maleta y otra de Moravia, hasta que la acera se vaya despoblando justo en ese lugar hiperpoblado, un día más, 
y la maleta ruede hacia un lugar secreto, último retiro, 
donde, un día menos, retret
vuelva a vaciarse. 
Ernesto Pérez Zúñiga (1971) creció en Granada y nació en Madrid, ciudad donde vive actualmente. Como narrador es autor del conjunto de relatos Las botas de siete leguas y otras maneras de morir (2002) y de las novelas Santo Diablo (2004) , El segundo circulo (2007), Premio Internacional de Novela Luis Berenguer, y El juego del mono (2011) . Entre sus libros de poemas, destacan Ella cena de día (2000), Calles para un pez luna (2002), Premio de Arte Joven de la Comunidad de Madrid, y Cuadernos del hábito oscuro (2007).