La modelo desvestida

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La modelo que posa en la Quinta de Santiago para Gabriel Faba, busca refrescarse, a toda costa, en el calor de la tarde agosteña. El abanico que le regalara al pintor unos años antes, procedía -como ella- de la patricia y califal ciudad de Córdoba.

 

Desde el amor de Abd al-Rahman III por su princesa Zahra, a la que ofrendó una ciudad palatina con su nombre, (Madinat-al-Zahra); a las pasionales sesiones entre Julio Romero de Torres y sus chiquitas piconeras, gestando los cuadros más turbadores de la historia de la pintura española; no se había conocido un calor tan bochornoso entre una mujer y un hombre,  que la mira penetrándola.

 

La modelo casi desnuda de Faba, marca los límites y las distancias con la fusta empuñada que guarda en su sobaco. El abanico negro, (ilustrado por el tísico y sensual pintor de Córdoba), la desnuda más que la recata; incrustándole a una pareja de mugeres morenas, en la plaza más deseada y mejor guardada de su cuerpo.