La muerte de la lectora

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Se queda la lectora a la intemperie
sola
cuando la noche
aguza las agujas de las verjas
que mataron al hijo de Romy
y tantos sueños
para que no huyan los árboles
para que no huyan las barcas
río noche adentro
entre arrozales
témpanos de tiempo en harapos
donde no sabemos
cuál es el norte el sur el este el mar
cuál es nuestra decencia
lo que íbamos a ser a defender
nunca a morir por
se queda la lectora
aunque no la veamos
desnuda de piedra
aterida de sueño
de espera
de razones que solo el corazón entiende
con el dedo entre las páginas
de Emily George Rosalía Franz Ernesto Leila
yo qué sé
sigue ella ahí
cuando no estamos nosotros
para existir
para verla
para volver a leer la luz
sobre su frente sobre sus pechos sobre sus muslos
con la inteligencia alerta
las palabras que iban a servir
para que el invierno
la inocencia
la igualdad
tuvieran tanto sentido
como crecer
en qué nos convertimos
cuando primero vemos
cómo le revientan el pecho a un niño
cómo los portavoces dicen que están consiguiendo aplanar la tierra
cómo los drones eligen cuidadosamente a los culpables
y nosotros
volvemos a arrebujarnos
tras pasar página
como si pasáramos página
mientras nos vamos
noche a noche
acomodando
al horror
tan sutiles
tan sensibles
al espanto
acomodándonos
arrebujándonos
dejando a la lectora
con el dedo entre las páginas
helándose
a pesar de ese labio de sol
que esta mañana
cuando pasamos
le calentó el pecho
para pasar
el día
el año nuevo
ya tan viejo
en el laberinto
de nuestra indiferencia
irrelevantes
hedonistas tristes
de una vida
que así
no tiene sentido.

 

Fotografía: Corina Arranz.