La nueva normalidad: ¿Cuál debe ser?

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La mayoría de los políticos y medios de comunicación nos hablan de una “nueva normalidad” en la que la sociedad tiene que acostumbrarse debido a un ser microscópico que nos ha tirado de las orejas llevándonos al confinamiento masivo en muchos países del mundo. Pero ellos no nos hablan del nuevo sendero que debemos construir en un mundo integrado en la naturaleza y no escondidos en nuestras ciudades de cemento.

Nos bombardean con constantes anuncios y ruedas de prensa. Nos dicen que estamos venciendo al virus y que vamos a entrar en una nueva fase social, una “nueva normalidad” en la que las distancias sociales deben ser respetadas, en la que no podemos abrazarnos o darnos besos, en la que tengamos miedo de ir a los hospitales o ambulatorios por temor al contagio, que huyamos de la persona que nos encontramos de frente como si fueran leprosos o portadores de un mortal virus, que nos obliguen a llevar mascarillas para hacernos patente psicológicamente que el peligro está en la nueva normalidad que nos quieren hacer creer.

Más de 30.000 personas “oficialmente” han muerto en nuestro país por el covid-19. Aislados, sin estar con sus seres queridos, sin darle la despedida que se merecen para aplacar el dolor tan intenso que es la pérdida de un ser querido. Echamos la culpa a una pandemia, a un ser minúsculo que ha puesto patas arriba incluso a los países que se creen los dueños del mundo. Pero nuestros políticos olvidan que esto ha ocurrido por mantener la sanidad en un estado de abandono total, por tener unos servicios nulos de nuestros mayores en las residencias, por destruir incansablemente la naturaleza, por jugar a la ruleta rusa en el tráfico de especies o comer especies exóticas en peligro de extinción manteniéndolas estresadas y formando con ello caldos de cultivos de virus que pueden saltar al hombre, por no existir un control sanitario que vigile nuestros alimentos para el bienestar de la sociedad, por no existir políticas aceptables para el control de futuras pandemias que son previsibles de ser localizadas y neutralizadas. Podríamos seguir buscando muchas razones por las cuales comprender  que todo esto se nos ha venido encima por la irresponsabilidad de quién dirige los pasos de nuestros países y hacer oídos sordos a expertos y científicos independientes fuera de cualquier manipulación partidista.

No, la culpa de lo que ha ocurrido no es de ese virus invisible que parece haber venido del espacio y haberse ensañado con los humanos. La culpa es nuestra y la Tierra nos da un toque de atención, una llamada a navegantes, un solo camino a seguir si queremos que nuestras vidas, la de nuestros hijos y de las futuras generaciones, puedan convivir en paz sin miedo a esa “nueva normalidad” que nos quieren hacer creer.

Entonces…¿Cuál debe ser esa nueva normalidad o mejor dicho el nuevo camino que debemos seguir a partir de ahora? ¿Seremos capaces de cambiar nuestras vidas en un mayor respeto con nuestro medio natural? ¿Seremos conscientes de cuando veamos un árbol lo miremos como un ser vivo admirable que protege nuestras vidas? ¿Seremos humildes respetando la biodiversidad de nuestros ecosistemas y la vida que en ellos aflora? ¿Seremos sabios para comprender que la cadena de la vida es sensible y hermosa a su vez y que si rompemos uno de sus eslabones repercutirá en nosotros mismos?

Pues la nueva normalidad debe y tiene que ser la que las Naciones Unidas ha lanzado en sus comunicados de prensa y que sin embargo no ha sido recogido por ningún medio informativo. Ha dictado que debemos de tener en cuenta seis factores importantes para un planeta más limpio y saludable:

1.- Proteger y preservar la fuente de salud humana: la naturaleza.

2.- Invertir en servicios esenciales, desde agua y saneamiento hasta energía limpia.

3.- Asegurar la transacción energética rápida y  saludable.

4.- Promover sistemas alimentarios saludables, ecológicos y sostenibles.

5.- Construir ciudades sanas y habitables.

6.- Dejar de usar dinero público para financiar la contaminación. Los costos por daños a la salud en un ambiente contaminado superan el medio billón de dólares al año.

Dentro de estas seis máximas que se deberían implantar y dentro de su punto cinco, tenemos que incentivar  los jardines verticales, tejados verdes, zonas verdes amplias dentro de las ciudades, llenar nuestras calles de árboles, transporte gratuito y muchas otras medidas que mejoraran la salud y el bienestar de las personas.

El pasado 20 de mayo, Bruselas ha publicado un informe que igualmente no ha sido publicitado en los medios de comunicación o en las ruedas de prensa de nuestros políticos, titulado “Estrategia de la UE sobre biodiversidad para 2030. Devolviendo la naturaleza a nuestras vidas”. Esta debe ser la nueva normalidad de los seres humanos. Es un extenso informe que debería estar en la mesa de todos los gobiernos como prioridad a cumplir y en el que saco textualmente a modo de conclusión los dos primeros párrafos de su primer capítulo “Biodiversidad: Necesidad de una acción urgente”:

“Desde las grandes selvas tropicales del mundo hasta pequeños parques y jardines, desde la ballena azul hasta los hongos microscópicos, la biodiversidad es la extraordinaria variedad de vida en la Tierra. Los humanos somos parte de esta red de vida y dependemos totalmente de ella: nos proporciona los alimentos que comemos, filtra el agua que bebemos y suministra el aire que respiramos. La naturaleza es tan importante para nuestro bienestar mental y físico como lo es para la capacidad de nuestra sociedad de hacer frente al cambio global, las amenazas a la salud y los desastres. Necesitamos la naturaleza en nuestras vidas.

Las sociedades sanas y resistentes dependen de dar a la naturaleza el espacio que necesita. La reciente pandemia de COVID-19 hace que la necesidad de proteger y restaurar la naturaleza sea aún más urgente. La pandemia está creando conciencia sobre los vínculos entre nuestra propia salud y la salud de los ecosistemas. Se está demostrando que la necesidad de cadenas de suministro sostenibles y patrones de consumo,  no pueden exceder  los límites planetarios. Esto refleja el hecho de que el riesgo de aparición y propagación de enfermedades infecciosas aumenta a medida que se destruye la naturaleza. Por lo tanto, proteger y restaurar la biodiversidad y el buen funcionamiento de los ecosistemas, es clave para aumentar nuestra capacidad de recuperación y prevenir la aparición y propagación de enfermedades futuras.”

 

Deseo profundamente que las muertes producidas por esta pandemia y que tanto dolor y sufrimiento han causado, así como esas otras no reconocidas que también se han producido por cientos debido a otras enfermedades graves y que no han podido ser atendidas en los hospitales o servicios médicos por el colapso, no hayan sido en vano y que sus almas al menos vean como la humanidad cambia de rumbo hacia esa unión con la naturaleza que no deberíamos haber perdido. Que su sacrificio sea su legado a la humanidad.

De esta forma sería una nueva normalidad mundial.

 

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Pedro Pozas Terrados
Pedro Pozas Terrados es escritor, naturalista, dibujante, poeta, investigador, crítico, aventurero, animalista, ecologista y amante de la vida en todas sus formas. Director Ejecutivo del Proyecto Gran Simio en España y miembro del Comité Español de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), ambos cargos desempeñados de forma altruista. Ha escrito once libros, coautor de seis más. Posee doce cuadernos de campo (dibujos en lápiz) además de 400 láminas de dibujo y 50 en acuarela. Sostiene que la Tierra tiene que ser un ente jurídico con derechos propios recogidos en todas las constituciones de los gobiernos. Que los grandes simios deben ser considerados personas no humanas con sus derechos básicos y que todos los seres vivos tienen que ser respetados y tratados como seres sintientes.

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