La otra cara del Covid-19

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Todos ya hemos comprobado, que lo que en un principio desde el gobierno nos  anunciaba que el coronavirus era como una gripe y que en España no nos debería preocupar más allá de algunos casos controlados, hemos pasado a tener en dos meses más de 27.000 muertos en nuestro país fallecidos por el covid-19 y se podría incluso triplicar en casos no confirmados ocurridos en las propias casas o residencias de ancianos. La situación se desbordó de tal forma que el confinamiento de la población y que hoy día continúa con diferentes fases, se tuvo que ordenar mediante un Estado de Alarma sin precedentes desde 1918, en la llamada “gripe española”, que por cierto no comenzó en España.

Las noticias y los medios de comunicación nos llevan bombardeando con infinidad de informaciones y casos todos referentes a la situación por la que estamos atravesando. Ya no se oye hablar del cambio climático, ni de las guerras que hoy continúan en el planeta, ni de los refugiados que siguen muriendo en el mar o la corrupción de políticos o la cuenta en Suiza del Rey Juan Carlos con donaciones de Arabia Saudí. Todo queda absorbido por la pandemia que está afectando gravemente a nuestras vidas, no solo por el virus, sino también por estar desentendiendo por parte de la sanidad pública, esas otras enfermedades ajenas al virus y que pueden estar ocasionando también efectos colaterales importantes en los diagnósticos de otras enfermedades con posibles consecuencias graves para los pacientes. Operaciones que se han parado, pruebas  para detección de dolencias que requieran tratamientos urgentes, ambulatorios donde ya el médico prácticamente no te reconoce visualmente y muchas otras consecuencias en la mal llamada “nueva normalidad”. Porque si esto es normal, el ser humano ha perdido el bienestar conseguido con tanto esfuerzo y sacrificio a lo largo de muchos años.

Aún no comprendo como a nivel mundial no se ha formado un equipo de científicos y técnicos para trabajar sobre el origen de la pandemia. No puede ser que desde el estallido de la pandemia en China ocurrido desde enero o incluso antes, aún no se sepa la procedencia del virus y de qué forma paso a los humanos. No solo ya para poder conocer mejor al virus, sino también para prevenir futuras pandemias que pueden saltar a la especie humana ocasionando aún situaciones más graves que las que estamos viviendo.

También esta pandemia nos ha demostrado a todos los ciudadanos de la irresponsabilidad de nuestros políticos encargados en la protección de nuestra salud, no sólo en España sino en el mundo entero. Una OMS que no ha sabido actuar de forma radical y con más efectividad, presidentes de las naciones tomándose el covid-19 a risa como ocurrió en Estados Unidos, Brasil o Reino Unido. Otros informando a la población que esto era solo como la gripe sin tomar medidas en concentraciones cuando en el norte Italia estaban muchas poblaciones confinadas y cientos de muertos. La lista podría seguir y en la mayoría de los políticos no han sabido responder con rapidez ante una emergencia global, como tampoco supieron responder ante la emergencia climática como se dejó bien patente en el fracaso de la COP 25 en Madrid al no llegar a ningún acuerdo para combatir el cambio climático.

Ninguna de los supuestos responsables ha perdido perdón. Nos quieren hacer creer que el virus ha llegado del cielo y que no se ha podido hacer nada por evitarlo. Y sí se ha podido hacer, antes, durante y después. Pero no se ha sabido responder con eficacia.

 

Pero no podemos olvidar porque seríamos cómplices de la maldad humana, la otra cara del covid-19, donde millones de personas en los campos de refugiados del mundo además de sufrir su injusto destino del hambre, la desolación, la humillación, el frío, el ser expulsados de sus propias casas y tener que vivir en cartones o chapas como si fueran escoria, ahora se le junta el virus mortal que está causando una mortandad criminal. No tienen un pedazo de pan, menos una mascarilla o la ilusión de vivir. ¿Es esta la humanidad que tanto alardeamos y permitimos? ¿Dónde queda  la dignidad? Sin duda enterrada entre nuestros propios excrementos.

Pero aquí no acaba la historia del olvido. La economía destruida por la pandemia ha hecho que miles de personas en el mundo pierdan sus trabajos y pasen a formar parte de la pobreza mundial, sin poder pagar sus facturas, la hipoteca de sus casas y tengan que mendigar y pedir alimento para sobrevivir incumpliendo de esta forma por parte de las administraciones la propia constitución. La crisis de los derechos humanos se ha convertido en un tsunami imparable que no sé hasta dónde va a poder llegar. En  muchos lugares el estado de derecho ha caído repentinamente como una bomba explosiva y el confinamiento propicia a violar más aún los derechos humanos en algunos países.

Naciones Unidas ha lanzado una advertencia en seis formas para responder al coronavirus desde los derechos humanos:  1) un acceso universal a la atención sanitaria, 2) una respuesta que debe ser equitativa sin discriminar a nadie, 3) que todos debemos ser parte de la respuesta siendo los gobiernos transparentes  y rendir cuentas a las personas que tratan de proteger, 4) proporcionalidad en las medidas haciendo hincapié que la amenaza es el virus y no las personas, 5) solidaridad internacional y  6) por último reflexionar para crear un futuro mejor. No cabe duda que NINGUNA de estas  recomendaciones o avisos lógicos se están cumpliendo en absoluto. Como siempre nos agarramos a las recomendaciones de Naciones Unidas o de la Unión Europea, cuando nos interesa. Cuando no, las ignoramos. Esta es la política actual en la mayoría de los países del planeta.

En lo que va de año y sólo en Colombia, al menos 13 defensores de los derechos humanos y del medio ambiente han sido asesinados en el Cauca. Las medidas del confinamiento se han convertido en una oportunidad para matar y amenazar a indígenas, líderes sociales y agricultores. Un número creciente de grupos armados están detrás de la mayoría de los ataques mientras el gobierno no hace nada por evitarlo. En la República Democrática del Congo en el Parque Nacional de Virunga donde había un turismo para ver a gorilas de montaña ahora cerrado  por el virus, ha sido atacado por guerrilleros armados y han asesinado a 12 guardias forestales y cuatro civiles, dejando decenas de heridos graves. Ciento cincuenta mil personas de las comunidades indígenas del norte de la Amazonia no tienen acceso a comida y agua por la contaminación de un derrame de petróleo en Ecuador dejando los ríos Coca y Napo de color negro y tóxico.

También continúa el tráfico de especies que aunque se ha reducido por el cierre de muchas líneas aéreas y el cierre de las fronteras, el furtivismo continúa su expansión, al igual que la deforestación y extracción  abusiva de los recursos naturales en África.

Hay algo muy importante que se debe dejar claro. La amenaza es el virus y no las personas como bien ha mencionado las Naciones Unidas. Es cierto que tenemos que ser responsables cada uno en nuestras actuaciones, pero también los políticos deben de serlo y mucho más al ser causantes de esta situación global a la que nos enfrentamos y que corre el riesgo de hacernos creer que vamos a entrar en una NUEVA NORMALIDAD quitándonos nuestros derechos reflejados en la Constitución.

Y no todo lo que pasa en nuestro planeta es el virus… estamos abandonando otros problemas muy graves que nos pasarán factura como el cambio climático o la extinción de especies. Los ecosistemas tienen que ser protegidos de inmediato pues son los cortafuegos de nuevas pandemias que pueden surgir. Ya hemos comprobado que el mundo está globalizado. Lo que le pasa a un país puede repercutir al planeta entero. Debe sin duda crearse un sistema político global más apropiado que los actuales en donde sin duda podamos caminar hacia un mundo donde el sufrimiento y las muertes a causa de nuestras propias acciones hayan sido desterrados para siempre. Proyecto Venus sería un buen modelo a seguir. Otro día podré hablar de ello.

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Pedro Pozas Terrados
Pedro Pozas Terrados es escritor, naturalista, dibujante, poeta, investigador, crítico, aventurero, animalista, ecologista y amante de la vida en todas sus formas. Director Ejecutivo del Proyecto Gran Simio en España y miembro del Comité Español de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), ambos cargos desempeñados de forma altruista. Ha escrito once libros, coautor de seis más. Posee doce cuadernos de campo (dibujos en lápiz) además de 400 láminas de dibujo y 50 en acuarela. Sostiene que la Tierra tiene que ser un ente jurídico con derechos propios recogidos en todas las constituciones de los gobiernos. Que los grandes simios deben ser considerados personas no humanas con sus derechos básicos y que todos los seres vivos tienen que ser respetados y tratados como seres sintientes.

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