
El Centro de Arte Reina Sofía de Madrid dedica una exposición al pintor argentino Alberto Greco (1931-1965), figura clave en el paso del arte moderno a contemporáneo en la Argentina de los 50 y 60. Tanto su método de trabajo como su característica personalidad han sido fuentes de polémica, pero su influencia en la vanguardia experimental es motivo consenso entre los críticos de arte. Cuenta Fernando Castro Flórez en el diario ABC que Greco vivió una vida “legendaria”, tildado de “irritante, irreverente, incontinente, o intempestivo” por aquellos que (para bien o para mal) convivían con él. Greco fue el creador del arte vivo, y uno de los grandes exponentes del informalismo en Argentina, movimiento que, desarrollado durante los 50 y 60, se caracterizaba por su abstracción y favorecer la espontaneidad y la libertad en la creación. Primaba la emoción o el gesto sobre la forma. En palabras de Castro Flórez, “Alberto Greco declaró que el “arte vivo dito” es la aventura de lo real: “El artista enseñará a ver no con el cuadro sino con el dedo. Enseñará a ver nuevamente aquello que sucede en la calle. El arte vivo busca el objeto, pero al objeto encontrado lo deja en su lugar, no lo transforma, no lo mejora, no lo lleva a la galería”. La retrospectiva acoge más de dos centenares de obras y documentos fechados entre 1949 y 1965 y distribuidos en salas de forma cronológica y temática. El comisario de la exposición es Fernando Davis: “Su trayectoria fue corta, pero intensa y precipitada. Fue una suerte de derrotero torcido. Más que una línea recta, fue una quebrada, marcada por el desvío, la inadecuación y la sensibilidad camp y queer. Desafió las narrativas clásicas de la vanguardia”. Sin embargo, sus piezas carecían del valor pedagógico que él tanto se empeñaba en darle. Primaba la absurdez y la provocación, alargadas durante toda su trayectoria hasta su suicidio, a los 34 años, donde dejó escrita en su mano izquierda la palabra “fin” y en la pared “esta es mi mejor obra”. Greco estaba interesado en que “la vida se vuelva materia para el arte”, según expresa Davis. Concha García, en el diario La Razón, va más allá: “se mantiene, en mayores o menores excesos, a lo largo de su trayectoria, desde aquellos inicios de un informalismo ‘terrible, fuerte y agresivo’, según definió el propio artista –invitaba a sus amigos a orinar sobre sus lienzos para lograr reacciones inesperadas–, hasta su intensa obsesión por ‘enseñar a ver con el dedo’”.
Dónde: Museo Reina Sofía, Madrid, España.
Cuándo: hasta el 8 de junio.




