Las rutas del café mexicano: Zonas de desastre

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Cafetalero de 72 años, Pablo Hernández vive una de las mayores tragedias de su vida. La roya es un hongo que crece en las hojas del café, la planta se debilita y hace imposible que el fruto aparezca

 

Pablo Hernández es un pequeño productor de café, que a sus 72 años de vida día a día, con lluvia o sol, desde las cuatro de la mañana, camina cuesta arriba durante 60 minutos hasta llegar al Recibidero, lugar donde se encuentran ubicadas sus tres hectáreas de terreno que producen café árabe.

 

Desde finales de 2011, Pablo asegura que vive una de las mayores tragedias de su vida. Hace más de un año comenzó a notar que las hojas de algunas de sus plantaciones comenzaban a caer rápidamente y que estaban manchadas en su parte posterior, de un color naranja. Sin detenerse a pensar, rápidamente concluyó que era roya. Pablo no logró salvar su cosecha, porque hoy todas sus plantas están infectadas.

 

Esta plaga ha devastado desde 2011 cafetos en varios países latinoamericanos desde Brasil hasta México. La roya es un hongo que crece en las hojas y tras la caída de éstas, la planta se debilita y hace imposible que el fruto aparezca. La infección se propaga rápidamente hacia otras zonas ya sea por medio de envases de saco o por la dispersión de las lluvias y el viento.

 

Cuando se habla de los mejores granos de café del mundo casi nunca nos detenemos a pensar en la región exacta dónde se cosecha dicho producto, generalmente lo reconocemos solamente por su país de origen.

 

El Soconusco, territorio perteneciente al estado de Chiapas, al sur de México, se ubica en la zona limítrofe con Guatemala y es el principal productor de café mexicano, que se caracteriza por ser de altura y cien por ciento orgánico. Estas plantaciones no han estado exentas del ataque de diversas plagas. Pero fueron controladas, lo que permitió mantener la calidad del grano.

 

2012 fue el año en que la roya atacó severamente esta zona cafetalera, provocando perdidas de hasta en un cincuenta por ciento, según testimonios de pequeños productores y finqueros pertenecientes al sector privado.

 

La llamada ruta del café podría convertirse ahora en una ruta del desastre, al poner en riesgo la supervivencia del cafeticultor y con ello a una de las actividades económicas más importantes del país.

 

Fundada en 188 por Arthur Edelmann, procedente de Perleberg, Alemania, la finca Hamburgo es una clara descripción de paraíso: mantiene un microclima que varía entre los 16 y los 22  grados centígrados, entremezclado con paisajes exóticos que rodean 287 hectáreas que producen café de altura.

 

Para proteger y mantener la calidad de las plantaciones, el dueño de dicha finca, el licenciado Tomás Edelmann Blass explica que utilizan fungicidas de última generación, fabricados por empresas reconocidas mundialmente, aplicando estos productos tres veces al año, entre mayo y septiembre, en lo cual invierte aproximadamente entre 2.500 y 2.800 pesos mexicanos (entre 148 y 166 euros), por hectárea, esto sin contar la inversión en equipo y mano de obra.

 

Aunque el año pasado, incluso con todas las labores culturales que se les debe de proporcionar a las plantaciones, en agosto detectaron roya, Tomas Edelmann explica que en la finca realizaron dos aplicaciones de fungicidas, pero sólo se logró proteger cincuenta por ciento del área atacada por el hongo, el resto de los cultivos de café sufrieron una defoliación severa. Ante esto se dio parte a la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) y se informó del embate que estaban padeciendo. La secretaría evaluó el área dañada en Chiapas, proporcionando oxicloruro de cobre para las fumigaciones, pero no funcionó, y aunque se pidió que se declarara la alerta fitosanitaria, debido al cambio de gobierno, esto ya no sucedió.

 

En el caso de la finca Hamburgo se realizó una poda de 140 hectáreas (de 287 que tiene) para renovar el tejido de las plantas, con la idea de que aplicando todos los cuidados necesarios, producirán nuevamente en 2 años, sin embargo las pérdidas ya son irreparables, como ejemplo se podría mencionar que tan sólo en esa finca anteriormente se producían 11.000 quintales de café, aunque el año pasado bajó a 7.000 y este año, según Edelmann Blass, sólo se producirán, aproximadamente 3.500. El costo de un quintal, el cual contiene 47 kilogramos de café, se encuentra actualmente en 150 dólares, pero debido a la plaga de la roya, la inversión en cuidados será de 300 dólares por quintal.

 

 

Acciones y manifestaciones

 

Teniendo como objetivo principal la declaración fitosanitaria, los pequeños productores y los pertenecientes al sector privado se unieron por primera vez en una lucha que busca rescatar su producción y fuente de ingresos. Con lo cual aseguran se daría paso a la apertura de programas que faciliten créditos a largo plazo, a tazas bajas, por parte de la banca de desarrollo, para poder renovar las plantaciones con variedades resistentes a la roya, y al mismo tiempo solicitar la construcción de un centro de seguimiento e investigación de plagas, para la revisión frecuente de cafetales y así evitar una propagación de plagas, como la que hoy padecen.

 

Ante la negativa de las autoridades a proclamar el desastre, el 12 de febrero de este año decenas de cafetaleros convocaron una rueda de prensa para difundir la necesidad de renovar cafetales, ya que muchos han sido devastados, con daños irreversibles. Los cafetaleros , exigen a la Secretaría de Agricultura que adopte medidas medidas para paliar la situación. “Estamos pidiendo a los Gobiernos federal y estatal que no esperen que nos caigan bolas de fuego para que nos volteen a ver, o que desaparezca realmente el importante cultivo del aromático grano. El avance de esta enfermedad lleva más de un 40 por ciento en Chiapas y está llegando al estado de Veracruz, ya que la roya que se tiene en los cafetales ha mutado y se desconoce a ciencia cierta de qué tipo es ahora dicha plaga”. En aquel entonces no hubo respuesta alguna.

 

Lucila Margarita Guzmán, que cuenta con hectárea y media de plantaciones de café, comisariada dentro de su comunidad, llamada La Trinidad, en el estado de Chiapas, ha sido la encargada de representar a los pequeños productores que se han quedado en bancarrota. Sus intentos de salvar sus plantas con fungicidas no tuvieron efecto alguno contra la roya.

 

Después de entregar a las autoridades de la Comisión para el Desarrollo y Fomento del Café (COMCAFE) cartas solicitando apoyo, Lucila espero más de cinco meses una respuesta, que para inicios de junio no llegaba. Los encargados de la recepción de dichos documentos se limitaron a decirle que tenía que tener paciencia, ya que analizarían con detenimiento su petición. Le prometieron una reunión con las autoridades correspondientes. Ella dice que la desesperación comenzaba a apoderarse de los campesinos, quienes tienen como única fuente de ingresos el café y en casos como el de ella, que es madre soltera, con dos hijas en la escuela, los gastos se complicaban cada día. Mientras, la roya seguía avanzando rápidamente, sin dar tregua alguna.

 

Conforme pasaron los días y al no llegar a ningún acuerdo entre autoridades y productores, el pasado 5 de junio los cafetaleros emprendieron una marcha de siete kilómetros en la que también participaron productores del sector privado. Fue totalmente bloqueada una de las principales carreteras internacionales para presionar al Gobierno federal. Pedían que se delarara el estado de emergencia fitosanitaria. El gerente de la Unión Agrícola Regional de Productores de Café Tacaná, Ricardo Trampe Tauver, afirmó: “Esta movilización es por la omisión de la autoridad en atender la roya, en lo próximo veremos la caída del cincuenta por ciento de la producción y vamos a tener un impacto social muy negativo”. Trampe Tauver añadió que “la problemática es tan grave que rebasa al Estado Mexicano y sin duda se necesitará la intervención de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), a nivel internacional, porque para combatir y controlar la roya se necesitaría en primera fase unos 135 millones de pesos para 45 mil hectáreas, ya que ahora sólo se han destinando 30.000 pesos”. Tomas Edelmann, también miembro de la Unión de Café Tacaná, manifestó: “lamentablemente en nuestro país para ser escuchados hay que recurrir a ese tipo de manifestaciones”.

 

La protesta propició un diálogo telefónico con el secretario general de Gobierno, Noé Castañón León, quien reconoció que desconocía que existiera una problemática del café, pero que haría lo posible para que se celebrara con prontitud una reunión entre afectados y autoridades. Después de 14 horas de bloqueo los manifestantes decidieron reabrir la carretera, no sin antes advertir que de no lograr un diálogo que les proporcionara soluciones continuarían con acciones de la misma índole.

 

 

Aitia DR-43, el antídoto que ofrece el gobierno

 

El 18 de junio de 2013 fue la primera vez que el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, visitó una comunidad cafetalera. Ahí presentó el programa Manejo sustentable y control de la roya del cafeto, que consiste en aplicar (sin perjuicio del entorno ecológico) en 720 localidades cafetaleras un fungicida biotecnológico denominado DR-43 junto a un biofertilizante llamado Aitia, para la regeneración de las plantas. Velasco Coello prometió además la entrega en un primer momento de 880 bombas aspersoras, con las que planean beneficiar a más de 25.000 mil productores. Gracias a ellas se esperaba aplicar el fungicida en 44.000 hectáreas cultivadas. El gobernador dijo que la iniciativa convertiría al estado de Chiapas en pionero a escala mundial en el uso de tecnologías respetuosas con el medio ambiente.

 

El plan pretende abordar cinco objetivos considerados prioritarios tanto para el Gobierno federal, que encabeza el nuevo presidente Enrique Peña Nieto, como el estatal y las instancias locales:

 

—Controlar la problemática de la roya.

—Mantener 100% orgánico el café.

—Obtener mayor productividad.

—Mejorar los ingresos de los productores y sus familias.

—Hacer que el café siga siendo el motor de la economía de Chiapas.

 

Pero el programa no acaba de convencer a los productores. Con 11 hectáreas de café, Ismael Gómez Coronel, productor y presidente de la sociedad de cooperativas Unidos para Estar Bien, se reunió con un grupo de pequeños productores en el parque central de la ciudad de Tapachula, Chiapas, a la espera de una respuesta convincente por parte del presidente de la República. Pese a la visita del Gobernador (a la que ni él ni otros cientos de cafeticultores fueron invitados), siguen sin vislumbrar una solución eficaz. No acaba de confiar del todo en los poderes del fungicida, al que irónicamente califica de “producto milagroso”. En una junta mantenida con el director general de Productividad y Desarrollo Tecnológico de SAGARPA en ese municipio, Belisario Domínguez Méndez, quien mantiene la postura de que la plaga de roya “no es un problema grave como para declarar la alerta fitosanitaria”, se cuestionó la calidad del fungicida. Según Gómez Coronel, para que sea reconocido y se le otorgue la certificación deben haber pasado cinco años de experimentación. Se trata de un requisito indispensable, y en este caso al parecer sólo lo habían probado por 60 días en Veracruz, en donde el clima es totalmente distinto al de Chiapas, y sin saber cuáles habían sido los resultados.

 

Edelmann Blass, explica que a los cafeticultores, propietarios de fincas, al igual que a los pequeños productores, les ofrecieron los mismos apoyos que este programa incorpora. Sin embargo, no está del todo seguro sobre la calidad del fungicida. Mantiene “el beneficio de la duda”, y añade: “sin dejar de aceptar que existen razones para desconfiar, porque hasta donde se sabe, al ser un elemento nuevo, no ha sido ni siquiera certificado por los organismos oficiales y tampoco se ha constatado su efectividad en ningún lado”. Al rastrear en internet información acerca de Aitia DR-43 se comprueba que no existe ninguna descripción, ni definición acerca del fungicida, ni tampoco de alguna empresa que lo fabrique y distribuya. Ningún dato que no sean las notas informativas que dan a conocer su presentación por parte del gobernador de Chiapas.

 

 

Un problema de seguridad nacional

 

Mientras Belisario Domínguez Méndez aseguró que Chiapas “inició una nueva historia en la producción de café, que es posible gracias a la línea que ha marcado el presidente de la República, de velar por los intereses del sector cafetalero del país”, tanto el pequeño productor como los pertenecientes al sector privado explican que el reemplazo de cada planta infectada, además del costo monetario, tardará cinco años en dar frutos y el Gobierno no dijo nada de darles apoyo a través de créditos.  

 

Es posible que el sector privado pueda tramitar créditos con la banca comercial a largo plazo, para renovar las plantaciones y poder continuar con la actividad. Lamentablemente, como señaló Tomas Edelmann, “los productores pequeños no tienen acceso a préstamos de ese tipo y sin apoyo a la agricultura las consecuencias serían devastadoras, ya que se está convirtiendo en un problema social de seguridad nacional”.

 

El Programa de Investigación Mundial de Café (WCR, por sus siglas en inglés), informó este año que las consecuencias de la roya en los cafetos ha provocado la pérdida de más de medio millón de empleos a nivel mundial. En el caso de Chiapas 140.000 familias dependen directamente del café como productores, sin acceso a créditos. Solo en torno a 1.000 productores en el estado tienen más de 10 hectáreas cada uno. Para el resto la media ronda las 2 hectáreas, siendo mayormente afectados: son los que han perdido el cien por ciento de sus plantaciones.

 

Las consecuencias respecto al desempleo también alcanzan lógicamente a los jornaleros y recolectores de café. En una finca de más de 200 hectáreas generalmente se contrata de forma permanente a 100 familias y en época de cosecha se llegan a necesitar hasta 1.000 cosecheros eventuales entre octubre y febrero, aunque en esta ocasión sólo se utilizaría el servicio del 50 por ciento del personal, por la baja en la producción, aunque podrían llegar a ser menos, de no conseguir el crédito necesario para poder continuar con las labores culturales. En el caso de un pequeño productor, seis serían los empleados que requeriría en tiempo de cosecha normal, pero en esta ocasión sólo ocuparía a tres, de tener otros ingresos además del café, porque de lo contrario tendría que prescindir de todos.

 

Este año, según la Organización Internacional del Café (OIC), se estima que la tasa de desempleo en Chiapas en el rubro cafetalero sería de 220.000 personas. Los campesinos chiapanecos temen que esa circunstancia desemboque en un aumento de la delincuencia organizada, ya que los asaltos se elevarían en esas comunidades y las aledañas. El temor generalizado de los campesinos de Chiapas, además de la agonía de sus plantaciones y su modo de manutención, es que la última salida, ante la desesperación, puedan ser las armas. Esperan por ello que el Gobierno federal se muestre sensible a sus perentorias necesidades.

 

El cafeticultor Gómez Coronel recuerda que, igual que en ocasiones anteriores, se le ha advertido al Gobierno federal del clamor del pueblo. Entonces se hizo caso omiso y se minimizó el problema, tal como ahora.  Para el agricultor lo único que les queda es seguir recurriendo a las protestas. Gómez Coronel y una comisión de productores de café emprendieron el 1 de julio una marcha hacia la capital del país con la intención de detenerse en cada comunidad que se encuentre a lo largo de los 1.102 kilómetros de distancia entre Chiapas y México DF, con el propósito de informar y concientizar a la población sobre el problema que el sector cafeticultor padece. Al llegar a su destino final, la Ciudad de México, esperan dialogar si no con el presidente Peña Nieto sí con alguna autoridad que les brinde la ayuda que necesitan para rescatar la actividad comercial del café y evitar un descalabro de consecuencias imprevisibles.

 

 

 

Emma Irene Landeros Martínez, mexicana de 26 años, es periodista freelance e investigadora social, especializada en política internacional, conflictos bélicos, sociología, letras contemporáneas y estudios sobre Islam. Centrada en el reportaje documental, actualmente se encuentra realizando reportajes y foto-reportajes de las principales problemáticas sociales a lo largo y ancho de México

 

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Autor: Texto y fotos: Emma Irene Landeros Martínez