Le petit amour

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Buscar la independencia, buscar la protección, creer en el gran amor como en la bondad, en el comunismo, en la luz y no creer en el hombre defectuoso, tullido. Usar el amor, exprimirlo, agotarlo de tanta saciedad. Amar cuando uno nunca ha sabido cuidar de sí mismo, seguir a alguien cuando el propio camino aún no ha sido trazado.

 

Ser un contenedor de esperma. Hacer pasar por loca a tu mujer cuando al lado reposa abierta la amante. No tomar nada, no ponerse nada para complacerlo a él. Comprobar cientos de veces que está conectado y que no te escribe. Volver la vista atrás esperando encontrar su mirada, en vano. Prometer cosas de las que de inmediato te arrepientes. Soportar engaños y traiciones durante años ansiando que nadie te deje en evidencia. Quedarse por dinero, marcharse por más dinero. Necesitar un nuevo padre, una nueva madre, necesitar un salvador, una princesa. Reclamar a gritos que te mientan, pedir una soledad de dos, disfrutar de la mediocridad en compañía. Acercarse solo a quien confirme un prejuicio sobre la vida. Huir de quien podría hacerte un poco feliz. Justificar la soledad porque nada se parece al ideal. Frotarse con cualquiera a las cuatro de la mañana. No moverse mientras no llegue algo mejor.

 

Callarse cuando ya no se es el mismo, cuando se ha cambiado, porque no interesa ahora, porque falta valor. Despreciar a quien duerme al lado, deplorar en lo que se ha convertido y darse cuenta de que sois la misma mierda. Mentir para no hacer daño, para fingir que se es el de siempre, para no ser descubierto, porque atemoriza lo nuevo. Mascar fríamente la venganza, follar con el mejor amigo de tu marido. Embarazarse para no perder a alguien, casarse para tener un polvo mínimo garantizado, algún día. Tener hijos, constatar que ya no hay escapatoria. Ennoviarse para no echar de menos al otro, para darlo por sentado. Aguantar, viejo, porque se corre hacia la muerte mejor acompañado. Continuar porque no salen las cuentas, por los niños, por la familia, porque se es un cobarde pertrechado de excusas.

 

Enamorarse de alguien para desear después que sea otro. Ser un coleccionista de inicios fulgurantes, un punto de interrogación, siempre un quizás. Decir te quiero como consigna mil veces repetida. No decir nada y mostrar a la vez tanto. Descubrir el amor solo porque nos contaron que existía, no haber querido nunca, saber que no has sido correspondido, follar con uno, con muchos, presumir de fidelidad cuando no se ha sido suficientemente tentado, vibrar porque se es penetrado. No tener imaginación más que para la belleza, no tener arrojo más que para el fuego apasionado. No conformarse con ser un amante miserable.

 

Volver a recaer con quien no se debía. Avergonzarse de la desnudez, maltratar el cuerpo, dárselo a cualquiera, ser generoso con él,dárselo al mundo. Creerse libre y ser esclavo de la potencia, el vigor, la juventud. Llorar cuando se ha ido, no reparar en él cuando lo tuviste. Ser complaciente como un idiota, apostar por quien te rehúye. Hablar como un niño, viajar al otro lado del mundo por alguien. Decir que no pasa nada con un nudo en el estómago.Sacrificar al amado cuando llegue el momento, dramatizar, no sentir nada. Confundir el erotismo con la proeza, exigir resultados, engullir desenfreno y obscenidad para medir la salud de la pareja.

 

Buscar la independencia, buscar la protección, creer en el gran amor como en la bondad, en el comunismo, en la luz y no creer en el hombre defectuoso, tullido. Usar el amor, exprimirlo, agotarlo de tanta saciedad. Amar cuando uno nunca ha sabido cuidar de sí mismo, seguir a alguien cuando el propio camino aún no ha sido trazado. Empujar juntos el carro en el supermercado, planear las vacaciones, imaginar que ya se es uno con el otro. Situarse en el borde, saber que se es el borde, el umbral extraño, no poder ilusionarse. Añorar el deseo, temer el deseo del otro por atroz, querer poseerlo, encerrarlo, no querer ser poseído. Ser mil veces un farsante.

 

Pensar que se ha aprendido algo cuando todo ha acabado, aguardar un destino con alguien, ignorar que el destino aguarda en todas partes. Permitirse juzgar al otro. No asustarse ante el sexo, integrarlo como un vaso de agua, no escuchar la piel. Querer, como un enano a saltos, alcanzar el infinito.

 

No sé cómo enfrentarme al amor. Siempre he querido que fuera otra cosa, lo que no es.