Lo que toca Marcos Bontempo

0
402

En su novela Tonio Kröger, Thomas Mann expresa que solo se puede hacer arte si a uno le va la vida en ello. Hay en esta frase ecos del Romanticismo alemán, pero, más allá de ello, enuncia una verdad que no se puede ceñir a una época determinada. La oposición Arte/Vida marca el decurso de Occidente desde los albores mismos de la creación, aunque en nuestro tiempo adquiere un tono nostálgico, de cosa ya pasada. Sin embargo, la vorágine de la creación se apodera, a veces, de algunos sujetos que, inermes ante el hecho, no pueden más que seguir sus designios. No se trata de una elección, sino de un imperativo. Hay en ellos la imposibilidad del orden de lo cotidiano y una busca habitualmente trágica por dar forma aquello que pugna por ser expresado. No tienen los pies en la tierra porque, de algún modo, no pisan la misma tierra que nosotros pisamos. Y cuando vuelan, lo hacen hacia adentro. Desde las rutinas establecidas se los puede ver como locos, o ingenuos, o simplemente inadaptados. Y un poco de todo eso ahí, pero lo que en verdad son no tiene nada que ver con todo ello. En realidad, a poco que intentemos comprenderlos, nos inquietan, porque parecen tener una misión que nos involucra, aunque lo ignoremos. Suelen ser apasionados y curiosos, y es posible que no sepan exactamente lo que quieren. Pero a diferencia de todos nosotros, no cesan de buscar. Y por ello crean fuera de todo parámetro establecido, de toda comodidad estética, a espaldas de los universos simbólicos domesticados, resistiendo su puesta en valor en los previsibles circuitos del arte. Entonces el mundo es un misterio, el dolor una maldición, el amor un bálsamo improbable.

Walt Whitman decía, a raíz de su obra Hojas de hierba, “quien toca este libro toca un hombre”. Pues bien, algo similar cabe decir de las obras de Marcos Bontempo, más allá de sus intentos formales, de los rumbos forzosamente erráticos de su pintura, de su tratamiento de los materiales y de sus audacias compositivas, siempre hay allí un hombre incorruptible, honesto y necesariamente desgarrado. Un artista.

 

 

Mirar por dentro
Una voz que se calla con el viento…
un cuerpo que reposa eterno…
ser hoja… noche… silencio…
caer… mas no dormir el sueño…
dejar de respirar quieto…
abandonar los murmullos…
cerrar los ojos… mirar por dentro.

Marcos Bontempo

Print Friendly, PDF & Email
Artículo anteriorLa presencia de lo bíblico en la obra de José Jiménez Lozano
Artículo siguienteA este lado del paraíso: José Donoso antes de José Donoso
Hugo Abbati era médico psiquiatra. Nació en Argentina y residió en España durante más de treinta años. Su carrera como escritor la inició muy joven en su país natal, donde publicó Los virus de marzo (novela) y Rumba, la música del mundo (teatro). Siguió escribiendo cuando se trasladó a España, pero ya no publicó nada hasta que en 2010 apareció su novela Correspondencias. Nunca demostró especial interés en publicar, pero el convencimiento de algunas personas de que se trataba de una obra de altísima calidad propició que se publicara en 2012 la siguiente, En el campo, y otra más, Dos conversan (donde Beckett perdió el poncho), en 2015. Todas ellas se publicaron en la editorial EDA. Antes de su muerte, acaecida el 16 de junio de 2019, tenía acordada la publicación de su cuarta novela, Paisajes desde el asilo, una de las varias obras que dejó inéditas. La obra vio la luz en julio de 2020, con excelentes críticas.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, deja tu comentario!
Por favor, introduce tu nombre aquí