Los caídos

Donde se recuerda el festival de despidos de periodistas válidos, oscurecidos por los locutores y tertulianos

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No tengo formación de periodista, por lo que siempre he tenido un respeto providencial a los métodos de obtener información como historiador. Me gustaban, así, los reporteros que eran capaces de hacer investigaciones -aquello que llamaba Fernando Savater “historiadores de la actualidad”- guardando un profundo desprecio a esa plaga que creó La Sexta llamada “tertuliano”.

Miento: Atresmedia no inventó el tertuliano que “lo sabe todo”, sino las charlas radiofónicas donde se discutía en muchas ocasiones con escasos conocimientos. Había que rellenar horas de radio, no siempre hay noticias, y Encarna Sánchez, Carlos Llamas o Jiménez Losantos bien podían colocar a algún primo parlanchín: no es que oír a Julián Marías, -persona que siempre imaginamos tomando chocolate caliente y al lado de una estufita-, diera muchos oyentes. Era difícil así ver en ellas a investigadores ya que estos solían ser taciturnos. Son los males de la raza, del periodismo y la historiografía, pero necesarios en oficios que pretenden cierta verdad.

«¿Reguetón? No conozco a ese filósofo francés. ¿Era amigo de Voltaire?»

En ese sentido, la caída de Jesús Cintora o Arcadi Espada son síntomas de cómo la prensa lleva desde unos años “secuestrada” por unas televisiones que prefieren el retruécano al trabajo concienzudo. Así, en pleno 2022, da vergüenza ajena profunda ver a Miguel Ángel Revilla opinar de la guerra de Ucrania como si fuera Hélène Carrère d’Encausse o aguantar los retruécanos fachuzos de Javier Negre que dista mucho de llegar a la suela de los zapatos de un Spengler (¡o un Bannon!). Todos ellos cayeron en la maldición de las agencias de la imagen y las peroratas consentidas por jefazos sin obra (por su falta de publicaciones les conoceréis).

El bálsamo necesario a tanta corrupción estaba a la vuelta de la esquina: se llama biblioteca. Y, todavía, es gratis.

PD. Esta bitácora permanecerá inactiva en agosto, que la escritura en estío es mohína, lánguida y sin interés: ni siquiera Rosa Montero daría brío a un relato veraniego en el Bierzo.

PD2. También se confiesa haraganearía por parte del autor.

PD3. No hay postdata 3

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