Los cesantes

Donde se recuerda el final de las utopías y el inicio del cesante como figura ubicua

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Se afronta este año electoral con un marcado cinismo, fértil en tanto mezquino, pero que supone para toda mi generación el final de las proyecciones políticas extremas. Es muy parecido al mundo de la novela Miau de Benito Pérez Galdós, donde luego de la revolución fallida del 68 se presentaba la política como un juego de naipes donde solo interesaba obtener un carguito. Tan simple como esperar en Sol, sacar el reloj del gabán, y ver la hora exacta en la cual caerá el ministerio. Antes, eso sí, la incertidumbre atacaba a nuestro “cesante”:

“Villaamil decía: “Esto ya es demasiado, Señor Todopoderoso. ¿Qué he hecho yo para que me trates así? ¿Por qué no me colocan? ¿Por qué me abandonan hasta los amigos en quienes más confiaba?”. Tan pronto se abatía el ánimo del cesante sin ventura, como se inflamaba, suponiéndose perseguido por ocultos enemigos que le habían jurado rencor eterno”.

Soy de aquellos nacidos de los 80 a los 2000 donde se nos vendió la moto con éxito de la utopía política, concepto tan opuesto a la generación X que resulta incluso divertida la comparación. El 15M es el fruto de gente que apenas vivió una crisis de los 17 a los 30, y que soñaba con ser multimillonarios, vivir en un chalé de piscina ciclópea y nunca estar sujetos a cualquier compromiso económico. Todo el mundo debía ser Dan Bilzerian ya que los bancos nos ocultaban el dinero y Botín con vender sus propiedades daría para que catáramos caviar a diario.

«Chatina, yo conozco a la alcaldesa…»

Solo desde esa perspectiva se puede entender que varios miles de adolescentes se quedaran en una plaza, en Sol, soñando una especie de asamblea constituyente donde se decretara el salario mínimo de 10.000 euros, la República laica y la devolución de Cuba. Era pensamiento religioso, claro, pero estaba en la cultura que habíamos consumido: cuando Vallín citaba una y otra vez La Guerra de las Galaxias en La Vanguardia sabía, conocía, que sus lectores todavía juzgaban a Aznar como Darth Vader y Pablo Iglesias como una especie de Luke Skywalker de Vallecas.

El lado oscuro fue el chalé

La proyección, el “y tú más” que citaba bien James Fallows respecto a Trump, demuestra que la mayoría de nosotros éramos más niños que hombres. Y los dictadores hacen de los niños sus bayonetas, según Mao. Ah, pero ya no hay jóvenes en Europa…

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