Los fitness de semana

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Fitness

 

Por fin se encontraron mis dos verdades: el Gim y el Jam en constante lucha. Las noches y las Jam-sessions tendrían que dejar paso a mi otro yo, el Gimnasio.

 

   Cuando uno está a punto de cumplir los 25 va siendo hora de abandonar la tabla de ibéricos y aferrarse a la tabla de ejercicios como si de ella dependiera la vida. Sin embargo, entre las horas extra, las clases de inglés y… las horas extra solo quedan libres los fitness de semana para practicar soponcio pilates, pero eso sí, sin que se te vaya la pelota, que la gente se vuelve loca con el deporte.

 

   ¿Y si me apunto a un gimnasio? Pero no era enero, mejor esperar a los propósitos de nuevo año. ¿Baloncesto? Tengo suficiente con mi sudor como para rebozarme con el de los demás. ¿Boxeo? No están permitidos los golpes bajos, será que no te puedes meter con la madre del otro púgil a pesar de ser deporte nacional. Pero fue en medio de mi indecisión cuando lo vi claro. Un póster en la calle que anunciaba ‘Corre por África’. «Coño, qué lejos», pensé, «y qué calor». Pero sin duda alguna más barato que el gimnasio.

 

   Aprendí que lo más importante es equiparse bien para después equipararse al resto de fanáticos del ejercicio. Porque ya sea en deporte individual o colectivo, siempre compites. Contra ti o contra los demás, y quien diga que «lo importante es participar» es que nunca ha ganado y seguramente no sabe que la ‘L’ en el coche ¡es por ser un loser!

 

   En fin, ya en la tienda de deporte entendí por qué Speedy Gonzales se pasaba el día corriendo al grito de «¡Chándale, chándale!». Qué variedad, chaqueta, pantalón, pantalón y chaqueta, transpirables,… a mí me daba igual, yo sólo quería un chándal que me sirviera tanto para ir a correr como para bajar la basura. Y eso que había uno muy majo un poco más sofisticado, con mangas desmontables, que me servía por si algún día quería ir un poco más de sport o estilo casual «casualmente hoy no me sale de las pelotas ponerme corbata». Siguiente paso: el calzado.

 

-¿Viene usted por el deporte?
-¿Deporte de quién? No, vengo a por unas zapatillas para mí
-¿Es usted pronador o chupinador?
-Nunca he corrido los sanfermines.
-No, me refiero a la posición de los pies.
-Uno en la derecha y otro en la izquierda, lo habitual.

 

   Los expertos en la materia dicen que en esta vida cada uno tiene su media maratón que le hará feliz. Y para los más románticos está el Trihartón de correr. En mi primera carrera no sé si había amor, pero el guarrerío estaba en el aire. Oía a los participantes hablando de calentamiento preliminar, kilos de vaselina en los pezones, incluso ¡esparadrapo para las rozaduras! Con razón se utilizan tensiómetros, no había comenzado a correr y ya estaba atacadito con tanta lujuria.

 

   Deseé que el pistoletazo de salida me lo hubieran dado entre las cejas.

 

   Entre las pájaras que me dieron y las que me adelantaron, me desvié para coger un taxi. El tipo me comentó que sólo llevaba dos carreras ¡sólo dos! pero si yo llevo veinte minutos y tengo ganas de tirarme al suelo y patalear (bueno, sólo tirarme al suelo).

 

   Para cuando crucé la línea de meta sólo balbucía «una avitualla para secarme le sudor y una bebida isotónica… con gin» Abandono el Gim y abrazo de nuevo el Jam. Ni medalla ni palmadita, la gloria está reservada únicamente para los que llegaron primero. Para el resto sólo podio con patatas.

 

   Aunque lo peor fue a la vuelta, que me dio un tirón y me robaron la mochila. Y para esto no hay Reflex que valga.

Si tuviera un título noveliario sería de suspense o de humor y si pudiera viejar me gustaría llegar a los 90 con buena salud. Mi madre siempre me regañaba por ser un optimista, no por ver el vaso medio lleno o medio vacío, sino por creer que podía beber directamente de la botella. También desde pequeño empecé a desarrollar el gusto por la música, ya que carezco de oído y tacto para tocar cualquier instrumento. Me confieso disléxico habitual, de los que van al cine a leer y devora los bocadillos de los cómics. Así que, bienavenidos a este viaje en blogo porque la realidad que nos rodea es diferente según el cristal con el que se mira, pero quizá, haciendo la vista gorda, podamos verla sin cristal. Por tanto, lo que nos queda es tomarnos la vida con mucho rumor, que la certeza absoluta nunca la vamos a tener e, iluminados por la lámpara del genio, veamos las coincidencias y las coinfusiones cotidianas. Que ustedes lo pacen bien.