Los paraísos de agosto

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En agosto sólo viajan los pobres. Nadie en su sano juicio elegiría el mes más caluroso del año para ponerse en ruta por el asfalto, rondando los 40 grados.

 

El pintor que es arrancado literalmente de su estudio por el poderoso flujo de las vacaciones familiares, intenta llevar consigo sus instrumentos de trabajo, para –al menos- poder  continuar su actividad redentora en el exilio; a ser posible a la sombra y bajo un buen sombrero. De esta misma manera sucedióle a Faba, el verano que terminó pintando este cuadro.

 

Antes de la partida, andaba trabajando afanoso en su primer gran desnudo dormido. Y si bien es cierto que ya había conseguido pintar aquel cuerpo sosegado a lo Modigliani, (aunque con varón en vez de hembra,) se sintió literalmente secuestrado por sus parientes hacia un involuntario viaje hacia el Norte. La única excepción a aquellos días de despropósito, fue cuando le llevaron a conocer Eneperi, un mágico emplazamiento entre las costas de Bakio y Bermeo, en el más puro litoral vizcaíno.

 

Sobre una verde ladera que domina el paisaje, frente al islote de Aketxe (la isla de las gaviotas) y la pintoresca Ermita de San Juan de Gaztelugatxe, Eneperi resulta a primera vista un cruce entre las ilustraciones del paraíso original que pintaban los libros religiosos, y la cervecería campestre de la película Cabaret, donde el joven nazi cantaba “Tomorrow belongs to me” (El mañana me pertenece).

 

El gran restaurante Eneperi, con aspecto externo de  txoco y sidrería al aire libre, gobierna absolutamente el enclave. Todas las bodas que se realizan en la escarpada ermita de San Juan, suelen terminar celebrándose en los grandes salones naturales de Eneperi, bajo los tupidos árboles; aunque disponga también de unos suntuosos comedores interiores.

 

Esperar la hora de tu turno para almorzar se convierte en un placer en semejante paraje. Disfrutar del feliz paisaje, solazarse en él, tumbarse al sol en la hierba, resguardarse a la sombra de un roble para iniciar un boceto de tan feliz momento, yaciendo sobre los prados, dejando que te rasque la espalda con sus uñas el agridulce sol de agosto…  

 

Realmente este cuadrito de Faba, de espíritu y temática impresionista, es un retrato de la nostalgia del pintor por su pintura, abandonada y sola en su lejano estudio urbano. No obstante, este cuadro terminó siendo pintado al regreso del viaje, a la par que se realizaban otros dibujos y acuarelas de Eneperi. Nunca volvió a tocar ni a concluir el gran desnudo dormido, en el que andaba trabajando tan fervientemente aquel verano, cuando tuvo que marcharse.  

 

Y por último, y por si alguien se ha percatado, confirmar que el sombrero panamá que lleva el pintor, tiene el ala vuelta hacia su nuca. Le había dado la vuelta para que no le ocultase un ápice de la fabulosa panorámica, mientras en su cuaderno la bocetaba.

 

Felicidad en Eneperi

Gabriel Faba. 2006.

Óleo sobre lienzo. 30 X 20 cms.