Los reyes son los padres

Donde se compara la distinta fortuna entre soberanos de España y el Reino Unido

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Creo que algún discurso perdido Robespierre se recuerda que Luis XVI es solo una “ficción” que Francia se permite para dar legitimidad a la asamblea. Es un debate en 1791 y es el primero en hablar abiertamente de la República como régimen necesario si el soberano no cumplía sus funciones (se había intentado fugar, poco antes). El rey como padre de la patria, como primer funcionario, es una guía de vida más exigente de lo que parece y las heterodoxias se pagan con la abdicación o el exilio.

Estas ocupaciones aprehendidas, mecánicas, unen los reyes a los autómatas, como bien dice Albiac en una reciente columna. Isabel II lo comprendió muy pronto y jamás se salió de esa tiranía de costumbres que impone la corona inglesa. Sabía lo que era una falta, además: su tío Eduardo VIII había roto este pacto de hábitos y era recuerdo doloroso para cualquier heredero.

«Tengo un amigo que…»

Juan Carlos no tuvo esta formación, a pesar de la constante vigilancia del general bajito. Funcionario franquista circunspecto, borboneó lo que pudo en los 70 antes de firmar una constitución que se pretende inglesa, pero que dejó libre al rey para tener una vida disoluta y sin principios. No intervino mucho en política, a pesar de las sombras del 23F, pero sus continuas amantes y vida rutilante, tan excesiva como hortera, dañaron su imagen.

“Juanito”, como le llamaban sus allegados, no alcanzó en su actual ocaso ni siquiera la estética de un Estoril o un Trieste con esos paisajes grisáceos y brumas propias de Macbeth. No, prefirió vivir en Abu Dabi unas vivencias solares; unos rayos uva propios del productor Aaron Spelling (es fácil imaginar “Melrose Dabi” con Juan Carlos como abuelo erotómano). La estética, desafortunadamente, acompañó a su ausencia de ética.

«Aquí, pasándolo mal»

Es probable que en el entierro de Isabel II, al que asistirá, las tres brujas de Macbeth se le aparezcan bajo los hombres de Sofía, Letizia y Leonor: todas ellas le avisaron de su destino aciago.

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