Medea en Moravia

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Como si no estuviera solo, regresa un bandoneonista a su país, Argentina,

es país para viejos,

para la vieja Medea, que aguarda sin saber

en la última novela de Marcelo Luján,

Moravia. 


Al terminar de leerla, todo el espacio de la Biblioteca de la Tabaquería vibraba con una angustia propia de las tragedias de Eurípides

o la que nace en la crudeza de una novela de Cormac McCarthy,

No es país para viejos:

descarnamiento, eficacia, brillantez de una escritura que se adapta al estilo de la memoria cuando hay que recordar,

o al traquetear del tren,

y al brillo del bisturí cuando hay que cortar:

la narración del hijo que ya está llegando a la pensión en penumbra donde debe esperar la madre, después de años de silencio y de construcción de un destino de extranjero,

como si no estuviera solo, 

y el destino riendo a la vuelta del pasado.

 

Marcelo Luján acepta un desafío de Camus en El extranjero, y sabemos que lo acepta cuando lo ha logrado plenamente,

hacer verosímil y natural esta historia de un hijo que se arroja a la rabia de Medea sin saberlo, esperanzado, con íntimas intuiciones de un total extrañamiento

pero no esta canción salvaje que ritma los lugares de miseria

cuando alguien se atreve a jugar, aunque inocente, con lo más sagrado:

no es Dios, es la pobreza, y la materia ética que con ella se edifica.

 

Medea está esperando, Medea está siempre hambrienta y no lo sabe. Tiene nombre de país en la novela de Luján: Argentina,

pero podría ser España si se pierde en un nuevo 98, después de los años de esplendor, cuando, hace nada, era el asombro de Europa.

Hay que alarmarse si de pronto construimos otra cosa: Medea.

Medea va acumulando rabia, es terminante cuando se decide a actuar, no siente piedad, devora a sus hijos.

Medea no lee, no reflexiona. Su placer es el hambre.

 

Contra Medea, hay que leer Moravia, de Marcelo Luján. 

Ernesto Pérez Zúñiga (1971) creció en Granada y nació en Madrid, ciudad donde vive actualmente. Como narrador es autor del conjunto de relatos Las botas de siete leguas y otras maneras de morir (2002) y de las novelas Santo Diablo (2004) , El segundo circulo (2007), Premio Internacional de Novela Luis Berenguer, y El juego del mono (2011) . Entre sus libros de poemas, destacan Ella cena de día (2000), Calles para un pez luna (2002), Premio de Arte Joven de la Comunidad de Madrid, y Cuadernos del hábito oscuro (2007).