México en campaña electoral

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Iba a ser un acto de campaña más: Enrique Peña Nieto, candidato del PRI a la presidencia de México, llegaría a la Universidad Iberoamericana (conocida como la Ibero, fundada por la Compañía de Jesús), ofrecería sus eslóganes, celebraría con una de sus sonrisas imposibles que su equipo de campaña había distribuido eficientemente pancartas entre los estudiantes y pagado unos cuantos pesos aquí y allá para conseguir partidarios entre el auditorio…Pero algo salió mal. La mayoría de los estudiantes de una de las universidades más elitistas de México -en cuya facultad de Economía cursó estudios Josefina Vázquez Mota, la candidata del PAN- convirtieron el acto de campaña de Enrique Peña Nieto, discípulo -algunos dicen que títere- de Carlos Salinas de Gortari, en un desastre mediático.

 

A las pocas horas ya circulaban por internet vídeos en los que podían verse a Peña Nieto confrontándose con preguntas incómodas sobre su responsabilidad como Gobernador del Estado de México en la represión de las manifestaciones de Atenco en 2006; Peña Nieto y su equipo refugiándose en unos baños mientras se decidía cómo salir de la institución docente; estudiantes gritando «¡Asesino!»; caretas de Salinas de Gortari…En fin, un desastre.

 

En los días siguientes, el PRI fabricó y difundió un vídeo en el que el acto de campaña de Peña Nieto en la Ibero aparecía, por obra del montaje selectivo, casi como un baño de multitudes: el candidato escuchado y aplaudido por los universitarios. Mercadeo político de alta graduación: la realidad no importa, lo importante es que se pueda transformar en un anuncio publicitario.

 

La campaña mexicana comienza a hervir y, previsiblemente, irá alcanzando una temperatura cada vez más elevada. Esto no significa que esté siendo la campaña que necesita el país: los partidos -en especial el PRI y el PAN- no pueden recriminar a sus oponentes ciertos hechos del pasado -por ejemplo, su relación con el narcotráfico- sin arriesgarse a ser acusados de indignidades y complicidades aún mayores. Gran parte de los medios de comunicación mexicanos -incluido El País, que desde hace algunos meses cuenta con una redacción en México, D.F.- contribuyen a la mascarada: dependen demasiado de la clase política para su supervivencia y la prosperidad de sus negocios. La  (des)información convertida en una herramienta más al servicio de la estrategia empresarial de grupos editoriales y mediáticos.

 

 

 

A buen seguro habrán sido unos días difíciles en las altas esferas del PRI tratando de minimizar daños. Con todo, el PRI sigue encabezando -de momento- las encuestas sobre intención de voto de los mexicanos.

 

Será una campaña larga: las elecciones están previstas para el próximo 1 de julio.