Naturaleza desbocada (notas)

Notas finales

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www.aemet.es/documentos/es/divulgacion/estudios/dana_ext.pd

Francisco Martín León, meteorólogo

“Se entiende, coloquialmente, como gota fría a cualquier situación meteorológica que lleve o pueda llevar asociada lluvias intensas, efectos desastrosos, preferentemente en la época otoñal y en la zona mediterránea, independientemente del marco sinóptico donde se desarrollan las precipitaciones. Esta «entidad» o concepto (¡¡¡que no definición!!!) no está basada en aspectos meteorológicos precisos.

En esta acepción subyace el hecho de que la gota fría es sinónimo de la presencia de aire muy frío en niveles medios y esto, unido al aire cálido de Mediterráneo en la época otoñal (o incluso durante la primavera-verano sobre las tierras soleadas peninsulares), bastaría para explicar los acontecimientos de fuerte inestabilidad y de carácter tormentoso. La gota fría es, conceptualmente, una perturbación o ente “comodín”.

Sin embargo, debemos olvidarnos de este concepto de gota fría como sinónimo de situación de catástrofe o de lluvias intensas en la zona mediterránea y en otoño, preferentemente, que no son ni más ni menos que los originados por las tormentas intensas o lluvias persistentes. Estos dos últimos elementos locales son los que, en última instancia, provocan los cuantiosos daños en áreas concretas y no la gota fría como tal.

Es fácil de demostrar, puntualmente y climatológicamente, que muchas situaciones de gota fría no llevan asociadas lluvias intensas y catastróficas. De la misma forma, episodios adversos de lluvias y vientos fuertes en el área mediterránea pueden estar ligados a otro tipo de fenomenología distinta a las gotas frías, donde las características del agua del mar, áreas costeras, orografía circundante, etc., condicionan el flujo en niveles bajos (su intensidad y contenido de humedad), que a fin de cuentas es uno de los protagonistas principales de estos acontecimientos al generar, mantener y modular las tormentas que se forman en la zona del Mediterráneo siempre y cuando en niveles medios-altos se den condiciones apropiadas.

En muchas partes del mundo las lluvias torrenciales, tornados, granizadas, etc. son causadas por la liberación de la energía que se acumula en la atmósfera y que es liberada mediante los fenómenos convectivos y tormentosos. Las grandes nubes de desarrollo vertical, núcleos convectivos y tormentas pueden tener espesores que llegan a alcanzar los 16 y 18 Km. de altura en nuestras latitudes. Se clasifican según cómo son observadas por los satélites y radares meteorológicos, que a fin de cuentas pueden dar señales de la existencia de su organización y fortaleza.

El origen de la gota fría aparece en 1886 en la escuela alemana, que introdujo la idea de kaltlufttropfen, cuya traducción aproximada es gota de aire frío. Llasat (1991) hace un buen resumen histórico del concepto de gota fría a partir de las ideas de la escuela alemana con sus referencias oportunas. Señala que fueron Köppen y, posteriormente, Sherhag los que definieron una gota fría como “una marcada depresión en altura, sin reflejo en superficie, en cuya parte central se encuentra el aire más frío”. Esta definición se centra en los aspectos dinámicos (depresión en altura) y, sobre todo, en sus aspectos térmicos (aire muy frío en altura). Hay que resaltar aquí que estamos frente a dos elementos que son básicos:

• Perturbación de altura (digamos a partir de 5500 m para fijar ideas) sin reflejo aparente en superficie.

• Aire frío en niveles medios de la troposfera.

Por lo tanto, una gota de aire frío no es una borrasca o una depresión de latitudes medias con sistemas frontales asociados y bajas presiones en superficie sino una entidad diferenciada, meteorológicamente, de otras. El hecho de estar aislada y sin aparente reflejo en superficie significó, en su momento, un concepto innovador…”

PARA SABER MÁS DE LAS DANAS

http://www.meteored.com

Los sistemas Convectivos de Mesoescala y la gota fría

Francisco Martín León, meteorólogo

(2)

La Gaceta de Madrid, del 4 de noviembre de 1755 comentaba de este modo en su quinta noticia:

“De Lisboa se ha tenido noticia por un Expresso, de haver causado en esa Ciudad el mas lastimoso estrago del terremoto, que se sintió igualmente que aquí, el dia primero del corriente; y aunque no vienen especificadas las desgracias, se avisa haver perecido el Excmo Señor Conde de Perelada, Embaxador de S.M., en aquella Corte, con algunas personas de su familia, habiendose libertado su unico hijo, a quien para consuelo de tanto desamparo, y por manifestarle la aceptacion que merecian sus servicios de su difunto Padre, se ha servido S.M. conceder la Llave de su Gentil-Hombre de Camara, y una pension de 500 doblones al año.
Los Reyes Fidelissimos, y toda su Familia Real se hallaban a la sazon en su Palacio de Belèn, y aunque experimentaron allì el temblor, que padecio tambien aquel Edificio, fue con la felicidad de no haver ocasionado desgracia alguna, habiéndole dexado promptamente Sus Majestades y toda su Real Familia, y resguardándose en la Campaña, à donde permanecian aún acampados.”

El 23 de noviembre retoma el suceso haciendo referencia a cartas llegadas:

“Ayer se recibieron muchas cartas llegadas de Madrid y Parìs, que confirman la triste noticia del desastre sucedido en Lisboa. Por los Capitanes de algunos Navios Ingleses, que partieron de esta Ciudad pocas horas antes del Terremoto, se sabe que hallándose a tres o quatro leguas del mismo Puerto se oyeron un ruido espantoso y sintieron extraordinarios movimientos. El paquebot que havia de partir de Lisboa de dia 2 ò 3 de este mes, aunque hà dias que se le espera, no hà llegado todavia. Hasta ahora no ha llegado carta de Mons. Castres, Ministro del Rey en Portugal, ni de nuestro Consul Mons. Hay, ni tampoco de negociante alguno Ingles de los que ay alli establecidos. Ayer por la tarde se hizo partir, por orden de la Corte, un Expresso a Lisboa, y nuestros negociantes despacharon por esta Via, cartas a sus correspondientes. Mucho de aquellos han ido a embarcarse a Falmouth en el paquebot destinado para la misma ciudad, el cual lleva orden de entregar sus Cartas y volver luego a Inglaterra”

En el Mercurio Histórico y Político, en el compendio sobre terremotos que hace en febrero de 1756 podemos leer

“Breve compendio de las innumerables ruinas y lamentables estragos, que a la violencia, y conjuracion de todos los quatro elementos, experimentò esta gran Ciudad, y Corte de Lisboa, el dia primero de noviembre del año de 1755:

En esta pues gigante emulacion de agenos Nacionales, amanecio sereno el dia… y a cerca de las diez de la mañana, se oyò un repentino estruendo subterráneo… hizo vagear el plan de sus edificios… en solo tres minutos, que durò, no quedo robusta fortaleza, fortificada Muralla, agigantada Torre, ni inexpugnable Edificio, que desgajado, desmoronado y deshecho, no volviera su soberbia en rendido vassallage à la inconsiderable furia del espantoso temblor ,que para hacer su rigor mas termible, pidio ayuda al ayre: concurriò este con tal desenfreno, que lo que aquel desencaxaba, este arrancaba, no quedando en tan pequeño espacio, como el de su duracion, Templo, ni Edificio entero, pereciendo en tan violentos impulsos el mayor numero de gente…

Este es un leve rasgo de los ruinosos estragos, que ha padecido, la que tan poco ha se miraba dominante ciudad en la Europa, u yo se ve arruinado promontorio, aquellos hermosos Edificios, agigantadas Torres y grandiosos palacios, oy son amontonados ripios, estorvosas ruinas y rigorosos destrozos; aquel tumulto de gente que tan poblado estaba yo son almacenados Cadaveres, cubiertos de ruinas, son un cementerio de huesos, un horrendo espectaculo, y una intolerable fetidez; los que aùn en desenterrarlos se emplean, trabajando con desvelo necesitan de todos los auxilios del caritativo esmero, para poder resisitir ya el pavor ,y ya el asco con que su hediondez fastidia: qual al cabar entre las ruinas se encuentra con su difunto Padre; qual con su querida Consorte, reducida a carbon, y qual con su amado hijo, ya no corrupto, no encuentra explicacion para el retrato de tan lastimosos conflictos, asi la dexare a la consideracion de los piadosos Corazones.”

(La Información en Madrid del Terremoto de Lisboa de 1755. Rosa Cal Belmonte. Universidad Complutense)

(3) (Wikipedia)

La velocidad de las olas puede determinarse a través de la ecuación:

v=\sqrt{g\cdot h}, donde h es la profundidad a la que se produce el sismo y g, la gravedad terrestre (9,8 m/s²).

A las profundidades típicas de 4-5 km las olas viajarán a velocidades en torno a los 600 km/h o más. Su amplitud superficial o altura de la cresta H puede ser pequeña, pero la masa de agua que agitan es enorme, y por ello su velocidad es tan grande; y no sólo eso, pues la distancia entre picos también lo es. Es habitual que la longitud de onda de la cadena de maremotos sea de 100 km, 200 km o más.

El intervalo entre pico y pico (período de la onda) puede durar desde menos de diez minutos hasta media hora o más. Cuando la ola entra en la plataforma continental, la disminución drástica de la profundidad hace que su velocidad disminuya y empiece a aumentar su altura. Al llegar a la costa, la velocidad habrá decrecido hasta unos 50 km/h, mientras que la altura ya será de unos 3 a 30 m, dependiendo del tipo de relieve que se encuentre. La distancia entre picos (longitud de onda L) también se estrechará cerca de la costa.

Debido a que la onda se propaga en toda la columna de agua, desde la superficie hasta el fondo, se puede hacer la aproximación a la teoría lineal de la hidrodinámica. Así, el flujo de energía E se calcula como:

E= \frac{1}{8} d \cdot g^{\left(3/2\right)} \cdot H^2 \cdot h^{\left(1/2\right)},
siendo d la densidad del fluido.

La teoría lineal predice que las olas conservarán su energía mientras no rompan en la costa. La disipación de la energía cerca de la costa dependerá de las características del relieve marino. La manera como se disipa dicha energía antes de romper depende de la relación H/h, sobre la cual hay varias teorías. Una vez que llega a tierra, la forma en que la ola rompe depende de la relación H/L. Como L siempre es mucho mayor que H, las olas romperán como lo hacen las olas bajas y planas. Esta forma de disipar la energía es poco eficiente, y lleva a la ola a adentrarse tierra adentro como una gran marea.

Cuanto más abrupta sea la costa, más altura alcanzará, pero seguirá teniendo forma de onda plana. Se puede decir que hay un trasvase de energía de velocidad a amplitud. La ola se frena pero gana altura. Pero la amplitud no es suficiente para explicar el poder destructor de la ola. Incluso en un maremoto de menos de 5 m los efectos pueden ser devastadores. La ola es mucho más de lo que se ve. Arrastra una masa de agua mucho mayor que cualquier ola convencional, por lo que el primer impacto del frente de la onda viene seguido del empuje del resto de la masa de agua perturbada que presiona, haciendo que el mar se adentre más y más en tierra. Por ello, la mayoría de los maremotos tectónicos son vistos más como una poderosa riada, en la cual es el mar el que inunda a la tierra, y lo hace a gran velocidad.

Antes de su llegada, el mar acostumbra a retirarse varios centenares de metros, como una rápida marea baja. Desde entonces hasta que llega la ola principal pueden pasar de 5 a 10 minutos. A veces, antes de llegar la cadena principal de maremotos, los que realmente arrasarán la zona, pueden aparecer «micromaremotos» de aviso. Así ocurrió el 26 de diciembre de 2004 en las costas de Sri Lanka donde, minutos antes de la llegada de la ola fuerte, pequeños maremotos entraron unos cincuenta metros playa adentro, provocando el desconcierto entre los bañistas antes de que se les echara encima la ola mayor. Según testimonios, se vieron rápidas y sucesivas mareas bajas y altas, luego el mar se retiró por completo y solo se sintió el estruendo atronador de la gran ola que venía.

Debido a que la energía de los maremotos tectónicos es casi constante, pueden llegar a cruzar océanos y afectar a costas muy alejadas del lugar del suceso. La trayectoria de las ondas puede modificarse por las variaciones del relieve abisal, fenómeno que no ocurre con las olas superficiales. Los maremotos tectónicos, dado que se producen debido al desplazamiento vertical de una falla, la onda que generan suele ser un tanto especial. Su frente de onda es recto en casi toda su extensión. Solo en los extremos se va diluyendo la energía al curvarse. La energía se concentra, pues, en un frente de onda recto, lo que hace que las zonas situadas justo en la dirección de la falla se vean relativamente poco afectadas, en contraste con las zonas que quedan barridas de lleno por la ola, aunque éstas se sitúen mucho más lejos. El peculiar frente de onda es lo que hace que la ola no pierda energía por simple dispersión geométrica, sobre todo en su zona más central. El fenómeno es parecido a una onda encajonada en un canal o río. La onda, al no poder dispersarse, mantiene constante su energía. En un maremoto sí existe, de hecho, cierta dispersión pero, sobre todo, se concentra en las zonas más alejadas del centro del frente de onda recto.