Ngoma (2): La marrabenta de Ghorwane

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Hace un tiempo, practicando deporte en un asfixiante gimnasio en Manhiça, comenzó a sonar la canción Majurugenta, del disco titulado con ese mismo nombre. Estaba con un buen amigo y compañero en el hospital, Antonio Sitoe, que en ese momento dejó en el suelo unas enormes pesas que levantaba con sus hipertrofiados bíceps para decirme: ”Quando ouço esta música, estou a sentir o cheiro da minha terra” (“Cuando oigo esta música, siento el aroma de mi tierra”). No era la primera, ni sería la última vez, que Antonio me sorprendía y dejaba mudo con una reflexión profunda en medio de un ejercicio físico intenso. Y creo que, como esas otras veces, después de aquellas palabras, poco de lo que añadiera podría aportar mucho más. Lo intentaré ahora, sin embargo, con el aliento recuperado y la perspectiva que da ese tipo de comentarios que, con la distancia, se convierte en enseñanzas.

Vistas del río Incomati y sus alrededores, a las afueras de Manhiça

La tierra de Antonio es Mozambique y esa música es la marrabenta de Ghorwane. La marrabenta es uno de los sonidos más característicos del país y, según se cuenta, empezó a tocarse con guitarras caseras, mezclando ritmos autóctonos con músicas negras provenientes de América y Sudáfrica. Es alrededor de los años treinta del siglo XX cuando comenzó a llamarse tal y como se la conoce hoy, con un nombre que viene del verbo portugués rebentar, que significa reventar, estallar.  Hay quien asegura que su origen está en el estallido de las cuerdas golpeadas de la guitarra, y quien considera que proviene de la idea de “bailar hasta reventar”. Lo que parece claro es que esta música es el fruto del mestizaje social y cultural de la población mozambiqueña con la influencia venida del exterior y, sobre todo, que es una música que guarda mucho del alma y la fuerza de las gentes del país. Un país que es un ejemplo de superación, energía y resistencia ante las grandes adversidades, como ha demostrado en más de una ocasión (la última, ante el terrible impacto del ciclón Idai en el centro del país, del que todavía se recupera). De hecho, Majurugenta vio la luz en el año 1993, poco después de que terminara una guerra civil que duró décadas y que dejó al país exhausto, pero no enterrado.

Prueba de la fortaleza y la vitalidad contagiosa de Mozambique es este disco de Ghorwane, uno de sus grupos más populares, representante paradigmático de este estilo musical en el que las guitarras danzan al compás de la percusión y el viento de los saxofones. En el video podréis comprobar cómo los mozambiqueños se unen armoniosamente con sus bailes, con ese flow innato que parecen tener desde niños, que es otra de sus señas identitarias, y que inunda de un ritmo vigoroso todo lo que le rodea. Irresistible (el periodista Gonzo lo puede atestiguar en primera persona). Y si no es bailando, espero que escuchando Majurugenta podáis sentir, tal y como le ocurre a mi amigo Antonio, el aroma de su hermosísima y luminosa tierra.

Mussakaze -Ghorwane con Dj Ardiles

Majurugenta

Rosauro Varo Cobos. Cordobés nacido en 1982, es pediatra, investigador y cooperante. Ha ejercido su profesión en países como India, Perú, Costa Rica, Sudáfrica, Malawi, República Centroafricana o Mozambique. También es Doctor en Medicina en la línea de Salud internacional por la Universidad de Barcelona. Ha realizado el Máster en Creación Literaria y el Máster en Estudios Comparativos de Literatura, Arte y Pensamiento, ambos de la Universidad Pompeu Fabra. En su ciudad natal fue cofundador de la revista literaria Café con Letras y de las tertulias del mismo nombre. Ha publicado diferentes artículos y cuentos en medios locales y nacionales (tales como Granta o Mercurio o El país), y colabora escribiendo reseñas literarias con Revista de Letras. Ha publicado un libro de cuentos titulado El embudo (Andrómina, 2014) y dos novelas: Plagio (Ediciones en Huida, 2018) y Lugar común (Mixtura Editorial, 2022).

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