Ngoma (6): La espiritualidad rebelde de Stella Chiweshe

0
165

Afortunadamente, hay filósofos, por muy grandes e influyentes que sean considerados, que se equivocan y, de hecho, en ciertas ocasiones, lo hacen de manera flagrante. Tal es el caso de Hegel, uno de los grandes de la tradición occidental y que ha influido decisivamente en el pensamiento de nuestra sociedad hasta nuestros días. Porque para Hegel, los negros no tenían la capacidad de llegar a un nivel de conciencia similar al que podía hacerlo la raza blanca. De este modo, los negros se encontraban en un estadio previo al del mismo ser humano que les alejaba de la posibilidad de guiar su voluntad o, para ser más exactos, que los mantenía en un estado degenerado, alejado de la propia humanidad: «El negro es el hombre como bestia». Y si Hegel le denegó a los negros, entre otros, los atributos de la conciencia o el raciocinio, es normal que les negara la posibilidad de tener una historia, como se puede comprobar en esta reflexión en torno a África: «Lo que nosotros propiamente entendemos por África es algo aislado y sin historia, todavía enlodado en el espíritu natural, y por lo tanto puede solamente ser localizado en la puerta de entrada de la Historia Universal.»

Sin embargo, la historia y sus vestigios son más tozudos que los errores de cualquier pensador, aunque esos errores hayan sido causa y consecuencia de una ideología racial y colonial con un impacto tan profundo y aterrador. Las ruinas del Gran Zimbabue, cerca de Masvingo, en la república de Zimbabue, son testimonio evidente de que, mal que le pese a Hegel, África tiene un recorrido histórico de inmenso calado y eso mismo sentí cuando las visité hace unos años. En un paraje rocoso, donde parece que la vegetación pelea por crecer y mantenerse viva, recorrer esta antigua ciudad-fortaleza supone, no solo pisar las huellas de una civilización pasada, sino pisotear sorprendido una visión sesgada del mundo que, queramos o no, llevamos muy dentro. Cuando en el siglo XX se encontraron las imponentes edificaciones de granito de lo que parecía una gran ciudad, los arqueólogos pensaron que no podría haber sido construida por una sociedad africana nativa. Pero, una vez más, tenemos la suerte de que los historiadores, voluntariamente o no, también fallan y estas ruinas, que fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, parece que fueron parte de un importante reino local entre los siglos XI y XV. En efecto, la historia es testaruda y las piedras se resisten a callarse en una zona donde habitan los shona (integrantes de una de la etnias más importantes de Zimbabue) y desde donde, a través de la música y la mbira, también ha habido mujeres que se han rebelado contra discursos opresores y simplistas.

Foto: Vista de las ruinas del Gran Zimbabue, cerca de Masvingo, en la república de Zimbabue.

La mbira es un instrumento sagrado y milenario que podría definirse como “un piano de mano” y que ha sido y es parte fundamental de la cultura shona, cuyo folklore y espiritualidad han estado estrechamente ligados al mismo. La mbira (que también se puede encontrar en países como Mozambique) es utilizada en ceremonias para establecer contacto con los ancestros, y sus mismos materiales incorporan ciertos aspectos espirituales a partir de elementos de la vida cotidiana. Por ejemplo, tal y como explica Jorge Laraia, «las claves o clavijas de metal son hechas a partir de mineral de hierro esmaltado, que es extraído de colinas y montañas sagradas donde los jefes Shona son enterrados. De esta manera las clavijas personifican directamente la presencia de los espíritus ancestrales en el instrumento». Pero, además, la mbira se ha fabricado clásicamente con árboles y calabazas de la zona que representan así no solo fuentes de abrigo y combustible, sino también de alimentación. El uso de este instrumento estuvo reservado exclusivamente para los hombres hasta que Stella Chiweshe decidió reescribir el pasado desde su propio presente.

Chiweshe aprendió el arte de la mbira cuando a las mujeres se les impedía hacerlo y el régimen racista de Rodesia del Sur había prohibido toda actividad cultural en el país. Durante años participó en ceremonias espirituales clandestinas perfeccionando sus habilidades hasta que, con la llegada de la independencia al actual Zimbabue en 1980, pasó a formar parte de la Compañía Nacional de Danza como solista, actriz y bailarina. A su vez, comenzó a viajar llevando por todo el mundo la música de su pueblo, pero también, su mensaje de lucha como mujer, que ha abierto el camino a otras muchas que, a día de hoy, ya pueden acercarse sin tantas dificultades a la música de este instrumento. Actualmente, Chiweshe es considerada un auténtico referente en su terreno (The Zimbabwe’s Queen of Mbira) y ha sido galardonada, tanto en su país como en el extranjero, con importantes premios y reconocimientos.

En este año 2021 se ha reeditado y remasterizado su primer disco, publicado tras muchísimos esfuerzos y problemas allá por el año 1987. Se titula, no por casualidad, Ambuya!, que significa abuela, un título no solo de respeto, sino sinónimo de resistencia para el movimiento de liberación anticolonial de su país*. Durante el discurrir del disco se puede sentir todo el poder de la mbira y de la propia Chiwese: su capacidad para hechizar y de calmar el ánimo (en temas como Mugomba o Vana Vako Vopera), pero también de transmitir la fuerza  y la alegría de un pueblo y su cultura (en canciones como Chamakuwende y Sarura Wako). Ambuya! está elaborado además con otros instrumentos tradicionales como la marimba, pero sin renunciar a sonidos eléctricos, a la potencia de la percusión y a la calidez de unos coros que acompañan perfectamente los tonos metálicos de la mbira y la voz cavernosa de Chiweshe. Todo ello forma un conjunto que consigue apoderarse del espíritu de aquel que lo escucha como si asistiese a un ritual en el que la mejor opción es confiar en quien lo dirige y dejarse guiar.

* Mbuya Nehanda fue una líder espiritual shona que se rebeló a finales del siglo XIX contra el gobierno británico que, posteriormente, la capturaría y ejecutaría. Sin embargo, la historia de esta heroína nacional daría por sí misma para otro artículo.

Print Friendly, PDF & Email
Artículo anteriorUn perro rabioso de depresión
Artículo siguienteLa mala educación
Rosauro Varo
Rosauro Varo Cobos, cordobés nacido en 1982, es pediatra, investigador y cooperante. Ha ejercido en países como India, Perú, Costa Rica, Sudáfrica, Malawi, República Centroafricana o Mozambique. En su ciudad, fue cofundador de la revista literaria Café con Letras y de las tertulias del mismo nombre. Ha colaborado con diferentes medios de comunicación locales y nacionales. Ha publicado un libro de cuentos titulado El embudo (Andrómina, 2014) y una novela: Plagio (Ediciones en Huida, 2018).

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, deja tu comentario!
Por favor, introduce tu nombre aquí