Nuevo despertar de la literatura africana

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Cuando el italiano Enea Balmas, experto en literatura francesa, desveló el gran engaño de la Pléiade de Ronsard frente a un auditorio de críticos y académicos franceses la reacción fue exactamente la esperada: cómo podía ser que un italiano se atreviera a poner en duda la quintaesencia de la literatura clásica francesa. A pesar de la contrariedad e indignación general, Balmas puso en evidencia algo que pasa a menudo en la historia de las letras: cuando el mito ocupa el lugar de la realidad y las biografías de sus protagonistas se tiñen de los colores difuminados de una pintura impresionista. Las luces y sombras pueden borrar en parte los contornos de las formas, pero la inmediatez de la percepción sensorial no quita veracidad al sujeto.

El escritor senegalés Mohamed Mbougar Sarr dio un paso más allá con su última novela La plus secrète mémoire des hommes (Éditions Philippe Rey), que podría traducirse como La memoria más secreta de los hombres y que esperemos poder leer muy pronto en castellano. Después de haber ganado el premio literario más prestigioso de Francia, el Goncourt, el escritor no deja de conceder entrevistas a los periódicos y a las radios y de aparecer en las televisiones de todo el hexágono. El reconocimiento en dinero del premio asciende hoy en día a un total de diez euros (¿netos?), pero la notoriedad está asegurada. Mohamed Mbougar Sarr ha logrado convertirse en un genio del engaño: Diégane Latyr Faye, protagonista y alter ego del autor, quiere ser un escritor en París y a la vez descubrir el destino que se esconde detrás de la figura enigmática del escritor senegalés T. C. Elimane, que después de la publicación de su única obra, Le Labyrinthe de l’inhumain (El laberinto de lo inhumano) en 1938, ha desaparecido del mapa.

Advertencia al lector: todo es un engaño. La búsqueda obsesiva del pasado de Elimane, el encuentro fortuito con el próspero pecho de la escritora Marème Siga D., un capitán nazi apasionado por literatura francesa, los editores libertinos Charles Ellenstein y Thérèse Jacob que publican la obra de Elimane, el bar en la plaza Clichy y un club de estrip-tease, la fotoperiodista Aïda, una poetisa haitiana, un ciego vidente y sus tres esposas, un hippy polaco y el amigo suicida. Es toda una farsa, un pretexto, un juego perverso de espejos, un sueño obscuro donde el tiempo y el espacio se estiran en un laberinto perturbador de palabras e imágenes enrarecidas.

Lo que aquí se busca con furia es el sentido último de la literatura, y no una cualquiera, sino la que pertenece a la tradición africana. El protagonista intenta hacer luz sobre la identidad misteriosa de un escritor negro que se ha ido a Francia para ser reconocido en el ambiente literario de la capital. No se trata solamente del destino de un hombre concreto, es el destino de todo un continente. “Pero ¿por qué seguir, intentar escribir después de milenios de libros como El laberinto de lo inhumano? No escribimos ni por el romanticismo de la vida de escritor –así se autocaricaturizó–, ni por el dinero –sería suicida–, ni por la gloria– valor pasado de moda, la época prefiere la fama–, […] ni para transformar el mundo –no es el mundo lo que hay que transformar–, ni para cambiar la vida –nunca cambia–, ni por el compromiso –dejemos esa tarea a los autores heroicos–, tampoco celebramos el arte por el arte –que es una ilusión, ya que el arte siempre se paga. Entonces ¿cuál sería la razón?”.

[“Mais pourquoi continuer, tenter d’écrire après millénaires de livres comme Le Labyrinthe de l’inhumain ? Nous n’écrivions ni pour le romantisme de la vie d’écrivain – il s’est caricaturé –, ni pour l’argent – ce serait suicidaire –, ni pour la gloire – valeur démodée, à laquelle l’époque préfère la célébrité –, […] ni pour transformer le monde – ce n’est pas le monde qu’il faut transformer –, ni pour changer la vie – elle ne change jamais –, pas pour l’engagement – laissons ça aux écrivains héroïques –, non plus que nous ne célébrions l’art gratuit – qui est une illusion puisque l’art se paie toujours. Alors pour quelle raison ?” (páginas 54-55)].

Trazar el fiel recorrido por la historia literaria africana estando en Francia, buscar la verdadera identidad de un continente lejos, en el espacio y el tiempo, esa es la contradicción ontológica a la que ningún exiliado puede sustraerse. Hallar la verdad de una vida se convierte de esa manera en el intento frustrado de dar con la historia olvidada de África. Pero no hay remordimiento o culpa alguna en esa búsqueda: Mohamed Mbougar Sarr, y con él el personaje de Marème Siga D., utilizan los residuos de la pasada colonización para tejer una espesa telaraña de quimera a la espera de que alguien caiga en sus entramados, al igual que el canto de las sirenas de Ulises. Habría que felicitarse con el autor. La ilustre Academia Goncourt acaba de caer en la trampa.

A pesar del activismo del hippy polaco (“Quemad las medallas. Y las manos que las sostienen. ¡Arrancad los últimos pedazos de la era colonial y no esperéis nada!” [“Brûlez les médailles. Et les mains qui les tiennent. Arrachez les derniers lambeaux de l’ère coloniale et n’attendez rien !” (página 73)], nuestro escritor sonríe sabiamente frente a las cámaras y con orgullo recibe el premio recién otorgado.

Porque al fin y al cabo el libro de Mbougar Sarr es una historia de venganza y el único personaje que llega a estar más cerca de la verdad es el amigo y colega escritor Musimbwa. La obra de Elimane fue una advertencia, “una advertencia que no pudimos escuchar. […] Nos decía a nosotros, los escritores africanos: inventad vuestra propia tradición, fundad vuestra historia literaria, descubrid vuestras propias formas, experimentadlas en vuestros espacios, fecundad vuestra imaginación profunda, tened una tierra propia, porque solo allí existiréis para vosotros, y también para los demás” [“Il était un avertissement qu’on n’a pas su entendre. […] nous disait, à nous écrivains africains : inventez votre propre tradition, fondez votre histoire littéraire, découvrez vos propres formes, éprouvez-les dans vos espaces, fécondez votre imaginaire profond, ayez une terre à vous, car il n’y a que là que vous existerez pour vous, mais aussi pour les autres” (páginas 421-22)].

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