Pandemias (9): Una perspectiva biosocial de la salud global

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Durante la pandemia de coronavirus y posteriormente, una vez parece controlado el impacto del virus, el planeta, cómo no, ha seguido girando. Por tanto, veamos algunas otras cosas que han pasado, pasan y seguirán pasando en ese discurrir. Ibrahim tiene menos de dos años y una encefalopatía grave secundaria a una asfixia perinatal, resultado de un parto hospitalario prolongado. Desde que murió su madre lo cuida su abuela, quien lo ha traído al hospital por un episodio de malaria. Oumou, por su parte, padece una cardiopatía congénita asociada a síndrome de Down, y a sus tres años debe controlarla con una medicación difícilmente asequible en la zona en la que vive. Salif pasa del año, pero pesa como si tuviera seis meses, y estuvo una semana en el hospital por un sarampión complicado con una neumonía, y una dermatitis con sobreinfección cutánea. Adichie, con cinco años, ha prolongado el historial familiar de seropositivos para el VIH y su palidez extrema refleja una anemia grave, seguramente acompañada de una infección oportunista sin filiar. Todos ellos comparten el mismo color de piel y su origen africano, además de su situación de pobreza y el hecho de padecer enfermedades relacionadas con ella.*

Los casos expuestos son habituales en países como República Centroafricana, Sudáfrica, Malawi o Mozambique. De una manera u otra, forman parte de la rutina en el día a día de estas zonas del mundo. Pero, ¿qué factores, por encima del biológico, y de tipo histórico, político, o sociocultural han influido en su curso? ¿Son las desigualdades sociales un factor sanitario esencial a considerar? ¿Cómo operan, si es que operan, en el destino de niños como Ibrahim, Oumou, Salif, o Adichie la inequidad o la injusticia sociales? ¿Es la enfermedad, en sus vidas, un destino inevitable? ¿Es la salud para ellos un derecho inalienable?

Como afirma José Antonio Pagés, la idea de la «buena salud como derecho humano fundamental, actualmente se enmarca en el concepto “salud global”, que constituye un desafío perenne y que se sustenta en un conjunto universal de valores y principios que son comunes a todas las culturas». Esta perspectiva habla de la vocación ética y el enfoque universalista de la que nace esta disciplina, que un especialista como Paul Farmer considera como una «colección de problemas»: problemas que precisan de una visión de la salud como un fenómeno no solo biológico sino social, en el que la actitud del profesional se base en principios fundamentales como la libertad, la justicia y sobre todo la equidad.

Paul  Farmer, Jim Yong Kim Arthur Kleinman, y Mathew Basilico. Reimagining Global Health. An Introduction (University of Carolina press, 2013). En este libro Paul Farmer, recientemente fallecido y fundador de Partners in Health, analiza la salud global desde el prisma de los derechos humanos y desarrolla conceptos relacionados con la salud tan importantes como el de sufrimiento social o el de violencia estructural. Este libro debería ser de obligada lectura para aquellos profesionales que se dedican a la salud global.

Teniendo en cuenta el compromiso ético que impregna esas afirmaciones, creo que se puede tomar como referente la siguiente definición de salud global, dada su vocación de síntesis y el propósito de abarcar todos los aspectos que conforman esta especialidad:

«La salud global es un área de estudio, investigación y práctica que establece como prioridad la mejora de la salud y la equidad en salud para todas las personas alrededor del mundo. La salud global enfatiza no solo los problemas de salud transnacionales sino también sus determinantes y sus soluciones. Envuelve distintas disciplinas dentro del ámbito y más allá de las ciencias de la salud; promueve la cooperación multidisciplinar y es una síntesis entre la prevención poblacional y el cuidado a nivel individual».**

Lo que hoy viene siendo la salud global ha sido llamada previamente medicina colonial, medicina tropical o salud internacional; puede confundirse y solaparse con la cooperación al desarrollo y la ayuda humanitaria; y algunas voces proponen sustituir el término por otros como el de salud planetaria o el de «Una sola salud» («One Health»). Sea cual sea la terminología usada, se debe considerar que la medicina acostumbra a explicar la patología desde una perspectiva biológica. Sin embargo, ¿es posible justificar las enfermedades de los casos expuestos al inicio solo desde la fisiología? Para resolverlos, ¿es solamente necesario conocer las consecuencias biológicas de una hipoxia intraparto, los mecanismos genéticos de una infección por VIH, o la dosis de un simple antibiótico? ¿Cuál es el impacto de otros factores como podrían ser la pobreza, la violencia, el racismo, la herencia colonial, el machismo, el cambio climático, los conflictos territoriales o la inseguridad alimentaria?

Desde mi perspectiva, influenciada y compartida con la de Paul Farmer, la respuesta debería estar clara, tanto a nivel individual para tratar casos como los de Ibrahim, Oumou, Salif o Adichie, como con una visión más amplia, que permita cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible: la salud global necesita de un enfoque biosocial que «postule que tales procesos biológicos y clínicos están influenciados por la sociedad, la economía política, la historia y la cultura y, por lo tanto, se entienden mejor como interacciones de procesos biológicos y sociales».

 

* Los nombres aquí expuestos no son reales y los casos presentados son ejemplos reelaborados y basados en experiencias propias en el terreno. ** Jeffrey P. Koplan et al., «Towards a common definition of global health», Lancet 373, no. 9679 (2009): 1993-5.

Rosauro Varo Cobos. Cordobés nacido en 1982, es pediatra, investigador y cooperante. Ha ejercido su profesión en países como India, Perú, Costa Rica, Sudáfrica, Malawi, República Centroafricana o Mozambique. También es Doctor en Medicina en la línea de Salud internacional por la Universidad de Barcelona. Ha realizado el Máster en Creación Literaria y el Máster en Estudios Comparativos de Literatura, Arte y Pensamiento, ambos de la Universidad Pompeu Fabra. En su ciudad natal fue cofundador de la revista literaria Café con Letras y de las tertulias del mismo nombre. Ha publicado diferentes artículos y cuentos en medios locales y nacionales (tales como Granta o Mercurio o El país), y colabora escribiendo reseñas literarias con Revista de Letras. Ha publicado un libro de cuentos titulado El embudo (Andrómina, 2014) y dos novelas: Plagio (Ediciones en Huida, 2018) y Lugar común (Mixtura Editorial, 2022).

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