Para todos la filosofía (12): «La religión es el opio del pueblo»

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Este verano, en tiempo de los mundiales de fútbol, leímos en algún periódico que “el fútbol es el opio del pueblo”. Se trata de una transformación de la conocida frase de Carlos Marx “la religión es el opio del pueblo”. Nos suena a que se critica el fútbol, como se critica la religión. ¿O no? El opio es un veneno pero también es una medicina ¿Qué quería decir Marx exactamente?

 

La duodécima sección de la serie “Para todos la filosofía”, en Para todos la 2, ha sido “La religión es el opio del pueblo” (retransmitida el 04/03/2015).

 

 

 

Este verano, en tiempo de los mundiales de fútbol, leímos en algún periódico que “el fútbol es el opio del pueblo”. Se trata de una transformación de la conocida frase de Carlos Marx “la religión es el opio del pueblo”.

 

Nos suena a que se critica el fútbol, como se critica la religión. ¿O no? El opio es un veneno pero también es una medicina ¿Qué quería decir Marx exactamente?

 

Esta frase de Carlos Marx proviene de su libro Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel. Para entenderla es preciso saber que la frase tiene una segunda parte, que no se conoce ni se usa y que, sin embargo, es la que arroja un sentido. La segunda parte de la frase dice así: “Es el espíritu de un mundo que carece de espíritu”. Esta parte parece indicar que según Marx una sociedad necesita tener espíritu y que su falta conduce a la aparición de la religión.

 

Si comenzamos por analizar la comparación de la religión con el opio, tenemos que tener en cuenta que esta sustancia provoca, ya sea como veneno o como medicina, un efecto analgésico. Puede ayudar a disminuir el dolor, puede hacer dormir, y puede también hacer soñar. Cuando se duerme o se sueña, uno escapa del mundo, está fuera del mundo. Así pues, la religión puede hacer que disminuya el sufrimiento porque ayuda a dormir y a soñar.

 

Cuando se usa la frase de Marx para otros contextos, cuando se dice que “el fútbol es el opio del pueblo”, o cuando en el feminismo se afirma que “el amor es el opio de las mujeres”, de nuevo se recoge la intención crítica de Marx: el fútbol, o el enamoramiento tienen como papel producir un alejamiento de la realidad, un olvido de los problemas que plantea la realidad, un refugio imaginario.

 

Marx dice que la religión es expresión de la miseria real y protesta contra la miseria real. Un síntoma de una necesidad. Ahora bien, la miseria de la que habla Marx no sólo es pobreza, exclusión e ignorancia, sino también carencia de dignidad. Y esto lo sabemos por la segunda parte de la frase: el mundo, los seres humanos no sólo tienen necesidades materiales, también tienen necesidades espirituales. Necesitan emociones, entusiasmo, una idea de sí mismos que aporte ganas de vivir en este mundo. En estos días hemos visto a los griegos, en una situación material límite, salir a la calle bajo el eslogan: “Un respiro de dignidad”.

 

Cuando las necesidades espirituales no están cubiertas, el pueblo busca evadirse a otro mundo imaginario en el que se le prometa una vida mejor. Sólo entonces la religión es necesaria, en aquellas situaciones en las que los sufrimientos se ven reforzados por una vida miserable espiritualmente. La crítica marxista está orientada a la construcción de un mundo mejor aquí y no en el más allá. En nuestras sociedades, si la gente vive con un cierto entusiasmo la lucha por la mejora de su vida material, las religiones no encontrarán resquicios por los que colarse.

Maite Larrauri es escritora y profesora jubilada. En FronteraD, donde mantiene el blog Filosofía para profanos. Libros de fronterad ha editado (con dibujos de Max) ocho libros: El deseo según Gilles Deleuze, La creación según Henri Bergson, La felicidad según Spinoza, La creación según Henri Bergson, La libertad según Hannah Arendt, La amistad según Epicuro, La guerra según Simone Weil, La educación según John Dewey y La potencia según Nietzsche, distribuidos por Librerantes. Este artículo inaugura una nueva serie de reseñas que aparecerán en su blog con el título Para leer el mundo.