Pink Floyd’s The Wall: Introducción y contextualización (1/4)

The Wall, publicado en 1979, representa probablemente la cima creativa de la banda musical británica Pink Floyd. Una de las obras musicales conceptuales de mayores dimensiones de la historia.

 

 

Introducción 


The Wall, publicado en 1979, representa probablemente la cima creativa de la banda musical británica Pink Floyd. Una de las obras musicales conceptuales de mayores dimensiones de la historia.

 

Con varias líneas argumentales e infinidad de posibilidades de interpretación, The Wall ofrece a los oyentes una experiencia sensorial extraordinaria. Una historia épica que da comienzo con el nacimiento de un individuo y narrará los terribles acontecimientos que le sucederán a lo largo de su vida y lo que estos supondrán para él.

 

El disco es un reflejo brutalmente conseguido de un descenso a los infiernos, una crítica feroz a la educación opresora, al adulterio y a los excesos del mundo del rock.

 

Lo terrible de las guerras, la ausencia de una figura paterna, lo problemático que puede llegar a resultar una madre opresora, o una adolescencia desenfrenada y nocturna son sólo algunos de los puntos que se tratan en esta obra de dimensiones titánicas que aún hoy en día, 35 años después de su estreno, continúa dando que hablar y continúa manteniéndose viva dejando claro lo atemporal de su mensaje filosófico: los miedos y el lado más oscuro de las personas.

 

Inspiración para muchísimas bandas posteriores, dio lugar a una película de animación que tuvo también un enorme éxito por su calidad y sus metáforas visuales.

 

Esta entrada –primera de una serie de cuatro que se publicaran a lo largo de las próximas semanas – es un intento de condensar (en la medida de lo posible) una interpretación global del disco. Es importante señalar que para un mejor y más concreto enfoque obviaré la película, de nombre homónimo, y me centraré exclusivamente en el disco y su estructura.

 

Contextualización 

 

¿Quién?


Antes de la salida de Syd Barret.

De izuierda a derecha, Nick Mason, Syd Barret, David Gilmour, Roger Waters y Richard Wright. 

 

Pink Floyd es, y creo no estar siendo parcial, un antes y un después. Una de las bandas más importantes e influyentes de la música popular del siglo XX que ocupa un distinguido puesto entre los artistas que más discos han vendido en toda la historia. Caracterizados por una música que avanzó con el paso de los años de la psicodelia, pasando por el rock espacial, el progresivo, el sinfónico y acabando en un género que rozaba la música Ambient, la banda británica fue para los espectáculos en directo, lo que los Beatles para los estudios de grabación: una auténtica revolución. Los Beatles siempre tuvieron ese problema de no poder trasladar al directo lo que hacían en el estudio (gracias en gran medida, a que la histeria colectiva que se generaba cuando aparecían en escena y los pocos medios de amplificación masiva que existían entonces impedían una correcta escucha en directo). Los Floyd sin embargo, si pudieron llevar su música al escenario y además supieron acompañarlo de una escenografía flipante. Este término, aunque poco ortodoxo, sirve porque su música siempre se ha relacionando con las drogas alucinógenas. Su primer líder, y uno de esos personajes del mundo del rock con más leyenda que vida real, Syd Barret, consumió y en grandes cantidades esas drogas que acabarían por apartarle de la banda que él mismo había creado y de la sociedad en general. Durante 30 años de trayectoria que, hasta hace un mes, parecía cerrada, la banda que se dio a conocer como The Pink Floyd Sound, aportó al mundo de la música popular algunas de las mayores genialidades y virguerías sonoras que se hayan oído nunca en un disco.  

 

¿Cuándo?

 

 

Los setenta. Hay que hablar de la década entera porque no hacerlo sería no contextualizar correctamente. Observar la cronología de los trabajos de estudio de la banda durante esta década nos ayuda a comprender mejor de dónde viene y también qué supuso The Wall. Durante este decenio, se estrenaron por orden Atom Heart Mother (1970) Meddle (1971), Obscured By Clouds (1972), The Dark Side Of The Moon (1973), Wish You Were Here (1975), Animals (1977) y finalmente The Wall (1979). Casi nada. De 14 trabajos que tiene Pink Floyd, la mitad se hicieron en menos de diez años. Y qué mitad, por favor.

 

¿Qué?

 

 

Atom Heart Mother, considerado como un montón de basura que no importaría que todo el mundo lo tirara a la basura y no se volviera a escuchar nunca por los propios Pink Floyd (deben ser los únicos que lo piensan) pareció iniciar un patrón en el orden y duración de las canciones. Comparándolo con Wish You Were Here (5 años posterior), la estructura es exactamente la misma: 5 cortes: el primero y último de larga duración y aparentemente relacionados en temática y composición y en medio 3 canciones de corta duración. Meddle, aunque parecido en estructura cambia la primera canción de larga longitud por una corta y a cambio el corte final dura 23 minutos (brillantes, por cierto). 

 

Si obviamos Obscured By Clouds por su condición de «trabajo por encargo» para la banda sonora de la película francesa El Valle de Barbet Schroeder, Atom Heart Mother y Meedle podrían considerarse “intentos fallidos” de lo que vendría en 1973 bajo el título de The Dark Side Of The Moon. El disco conceptual redondo, probablemente. Dicho por los propios miembros de la banda, supuso la cima del conjunto como tal, la cima del trabajo en equipo. Cuando cuatro cerebros se unen como si fueran sólo uno y llegan juntos al mismo puerto al que remaban por separado. Si hay un disco de la discografía de Pink Floyd que le puede hacer sombra a The Wall, sin duda es este.

 

Portada de The Dark Side Of The Moon


The Dark Side Of The Moon supuso la primera cima de verdad para la banda – cuando el mercado estadounidense se entregó a ellos y se convirtieron en auténticas estrellas. Con Wish You Were Here, volvieron al patrón ya mencionado del orden de canciones y su duración. Si bien no obtuvieron el mismo éxito que en el anterior, Wish You Were Here está considerado también como uno de los mejores trabajos del grupo incluyendo por supuesto el corte de nombre homónimo convertido en uno de los himnos más imperecederos del grupo.

 

En el 77 aparece Animals, que en muchos sentidos, es el preludio de The Wall. Comenzaban a estas alturas las diferencias creativas entre los miembros y por ende las luchas de egos. Si volvemos la vista atrás de nuevo al principio de la década y observamos los créditos de las canciones y quién las ha compuesto, observaremos como con el paso de los discos y con excepción de Dark Side Of The Moon, Roger Waters se fue apoderando de las composiciones de la mayoría de las canciones siendo David Gilmour el único que aguantó y siguió apareciendo en los créditos, aunque casi siempre compartiendo con Waters. Nick Mason desapareció de los créditos y Richard Wright también. En Animals todos los créditos están a nombre de Waters salvo Dogs que la comparte con Gilmour.

 

Portada de Animals

 

A estas alturas, Waters había tomado prácticamente el control creativo de Pink Floyd. En parte debido a su innata tendencia a la tiranía, y por otra debido a diferentes causas que afectaron al resto de miembros y que provocaron que se alejaran del aspecto creativo de la banda convirtiéndose prácticamente en músicos de sesión.

 

“Animals” fue un trabajo duro. No fue un álbum divertido de hacer, pero esto fue en la época en la que Roger se creía el único compositor de la banda. Pensaba que solo era por él que la banda seguía adelante y, obviamente, cuando comenzó a sacar el ego a pasear, con quien la pagaba era conmigo.

Richard Wright

 

La progresiva omnipresencia de Waters en las composiciones de las canciones provocaron un cambio en el sonido de Pink Floyd, tornándose más agresivas y opresoras. Sus tendencias ideológicas y preocupaciones sociales provocaron que el tono cínico, sutil y abstracto de trabajos como Dark Side Of The Moon se tornara más hiriente, ofensivo y personalizando. En Animals, el Roger Waters más reivindicativo, se desquitó de la sutileza y el cinismo para señalar con el dedo directamente y expresar todas sus preocupaciones de un modo nunca antes hecho en Pink Floyd.

 

¿Por qué?

 

The Wall tiene numerosas interpretaciones y prismas desde los que observarlo. Bajo mi punto de vista, y teniendo en cuenta la progresión de la agrupación durante todos los ‘70, da la impresión de que buscaban la creación de lo que podría llamarse “El Disco”. Es probable que la megalomanía del grupo, y más concretamente la de Waters no quedaran del todo satisfechas con lo logrado en Dark Side Of The Moon. El bajista tenía grandes tendencias a la introspección, ya expresadas de maneras muy sutiles en Dark Side Of The Moon y en Wish You Were Here. Los drásticos cambios que la banda experimentó de manera personal y profesional desde la publicación de Dark Side Of The Moon provocaron numerosas experiencias amargas a todos los miembros. Waters tuvo una experiencia que le marcó de forma especial cuando, en un concierto en directo de Pink Floyd, acabó escupiendo a un fan a la cara desde el escenario por el comportamiento que estaban manteniendo hacia la banda. Durante la actuación había multitud de ruido entre el público que desquició al bajista porque no sentía que la gente estuviera prestando atención a lo que la banda estaba haciendo. Todo esto acabó desembocando en el desagradable acontecimiento ya mencionado.

 

De este modo comenzó en su imaginación un proceso de alienación por el que quiso separarse de todo aquello, su acto le avergonzó y le hizo plantearse toda la locura en la que la banda se había sumergido al convertirse en estrellas del rock. Comenzó pues, a fanteasear con la idea de construir un muro entre la audiencia y la banda.

 

La metáfora del muro apasionó a Waters que comenzó a trabajar en el concepto desde varios puntos de vista creando un personaje ficticio para la historia que iba a contar. En ese personaje ficticio llamado Pink encontramos sin escarbar demasiado referencias a sí mismo (la introspección mencionada) y también claras referencias a Syd Barret cuya historia marcó de forma muy significativa a todos los miembros de Pink Floyd (Wish You Were Here está prácticamente dedicado a él al completo).

 

Waters convirtió a Pink en el personaje protagonista catalizador de todas las experiencias, historias y preocupaciones que quería contar. Alrededor de esa amalgama de vivencias propias, ajenas y críticas sociales que es Pink, construyó toda una serie de personajes que aparecerían en la historia que gira alrededor del verdadero protagonista, que no es otro que El Muro.

 

The Wall es señalado tanto por la critica musical como por los seguidores del grupo como uno de los mejores trabajos de la banda y uno de los mejores de la historia del rock. Fue un autentico éxito comercial que consiguió un total de 23 discos de platino, siendo el álbum mas vendido de la década de los 70, además de uno de los discos más vendidos de la historia del rock.

 

La semana que viene, otro ladrillo en el muro. 

 

ArtAce

Colectivo formado por:   Arturo Fernández Knieling Nacido en 1988, desde muy joven siente una atracción especial hacia el mundo del arte audiovisual. En su adolescencia, la música en general, y el rock en particular despiertan en él todas las inquietudes que actualmente le mueven en la vida. Aspirante a productor musical, tras un paso en falso como estudiante de Administración de Empresas, este madrileño orgulloso, comienza a estudiar Periodismo en la Universidad Complutense siguiendo otra de sus inquietudes: observar a su alrededor y escribir transmitiendo su humilde opinión. @acearturo.   Laura Fernández Knieling Nacida en Madrid y crecida en la misma ciudad, estudié unos años en el colegio alemán de madrid y terminé mis estudios en el "hispano-alemán". He terminado este año la cerrera de "comunicación audiovisual y multimedia" en la universidad europea de Madrid. ( El cine y la música son mis dos vías de escape y métodos para reflexionar).   Patricia Gómez Riaño Madrid 1991. Estudié en el colegio Hispano-Alemán. Y actualmente curso el ultimo año de Comunicación Audiovisual. El cine y el deporte, dos de mis grandes aficiones.     María Villarroya Lillo Nací el mismo día que mi cumpleaños en la primavera de Madrid. Tras unos años de duda existencial en los que quise estudiar de todo llegué a la conclusión de que lo quiero ser de mayor es joven. Mientras espero a que llegue ese momento estudio Periodismo y escribo sobre Moda porque creo que la gente es más interesante vestida que desnuda y que la ropa dice más que las personas que la llevan. @eme_uve_ele