Poemas de “Confía en la gracia”, de Olvido García Valdés.

0
522

 

confía en la gracia
de Olvido García Valdés.

(selección de Anxo Pastor)

 

***

 

que calmara el hueco nervioso en esa luz

que deja el sol al irse

               llegaba la bandada dividida

en grupos de dos, cercanía querían, lo más

juntos y se adherían, negro y negro

airosos, verticales, a la casi ausencia

de salientes, un nuevo

estado propiciaban, no

duradero, no solitarios y aún

no gregarios, dulzura parecía

                                                         ansiedad

de imán y materia receptiva, era lo raro

que la luz fuera sustancia de vuelo, que la

cosa negra fuera luz y a ella se rindieran

                                                                      no puede

la carencia ser reparada mas no impide vivir, mide

cielos vuelos pulmonar ansia, dibuja

ramificaciones nerviosas

 

* * *

 

cazuela a fuego lento, lo que el temor

cocina se transforma o trasmuta y puede

convertirse en bondad, ver desde fuera, un tú

sin proyecciones, ay, si guardara calor aquella

lumbre prado verde, racheado, casi

sin luz, con flores de aligustres y cimas

de ciprés, había dos niñas, había entonces

más cipreses, dejar que todo vaya, ir

viéndolo pasar y que no haya

nadie y no haya nada

 

* * *

 

déjate, dice, reposar sobre la pelvis, cuenco

de huesos, alas arrancadas del temblor, ahí

en la pelvis aquiétate, date tiempo, que otra

dulzura llegue, halle cabida, otra calma

te acoja

 

 

 

 

 

voy por el mundo como en un sueño, los valles

frutales encajados en el relieve áspero, las personas

disímiles e iguales fluyendo rápidas, una pareja

en un cerro junto a una de esas esculturas

simbólicas contempla la ciudad, barrios de bloques

repetidos, viaje en tren, velocidad alta y destino

seguro, sin metáfora, voy y miro y todo es

como si no fuera yo quien lo mirara

 

* * *

 

¿Qué sabe de las formas

de la violencia que se ejerce

contra uno mismo? Inocua y

no visible parece.

             Lo que

no se dice no se escucha.

                       La gran

escalinata trabajó los músculos

del muslo que el pulmón

no respondía.

 

* * *

 

confía en la gracia se dijo y esa noche

desapareció la prenda, pasó el día

en labor de traducción carta

de lejos, una palabra busca

mi corazón, contienen los espejos

el invisible gesto a plena luz que escamotea

                                             niños

calcinados, todo en el campo ocurre a la vista

del aire, y de los ojos la confianza qué es, qué es

lo falso, qué hace de lo falso verdad

pudo

la madre pasar inadvertida, y en la historia cómo

pudimos no ver nada se preguntan quienes todo

tuvieron a los ojos, arañas de luz y palabras

afables, bulle la penumbra en los párpados

  así era, ha

de ser el anillo de un grosor y una talla, sudor frío, rue

Cujas, todo baila en la mandorla, no es el mundo

continuo, tiene grietas, la bondad

un hueco entre las manos

 

* * *

 

los huesos de la cabeza de una pajarilla

flaca, ojos casi de rana

íbamos al sol, a

tierras de mucho sol en dos autos, luego

decía nosotros somos parias y pensaba

parias y gatos, palabras

que van juntas, huesos

de cabeza de pajarilla flaca

ojos casi de rana, casi de Dios

 

 

vino, voló en curva y medio se ocultó

entre las ramas frente a mí, hacía

tiempo que no lo veía, que no

lo buscaba, había traído

la hermosura, el sufrimiento, lo

que nos hace pertenecer siendo otros

 

* * *

 

hilos resplandecientes de las viejas

bombillas, de incandescente plata o solo

luz, la pared llena, blanca y en ella

todas las estrellas –hilos, cerrar

de nuevo los ojos, la aguja entra

ahora en zona carnosa y piensa

la sangre es un extracto, un jugo

de la carne más fácil que la vena

 

* * *

 

allí estarán, con tanto frío, pensaba

al despertarse y vio de pronto otro

cuarto, con la ventana al fondo y ranuras

de sombra en el techo que la persiana

dibujaba; podía seguir entonces como móviles

luces los coches allá arriba y recordó

que en poesía es mejor esconder

el tesoro que encontrarlo, con ese

frío, ¿cuántos quedarán?, como cuenco

o cuna de los montes el barranco, el arroyo

los árboles, el mundo era un

milagro porque lo contenía, querría

que no hiciera tanto frío, sabía

que también eso era ajeno

 

(eloísa otero)

 

* * *

 

el pavimento absorbe y guarda huellas

de clara sangre, herida que no cierra, se hace

llaga y supura, limpiar lamiendo y

agrandando, inflamando y limpiando

y agrandando, ya solo bebe, ya

solo agua, solo a la noche, no se

le ve, se sabe por las huellas

 

* * *

 

la luna casi llena en un cielo que clarea

la buena luz –viva, brillante–

en el azul que anuncia que la noche

ya acaba

   se desprende de sí y exenta

es aplicable a quien mira, un estar

en el aire, regida sin embargo por las fuerzas

del mundo, en el aire y en marcha

aunque quieta, los ciclos de la luna

sin fin, salvo cuando no haya

ciclos y sea también ya luna, noche

que clarea un sábado de enero, alba

y brillante como lo sin peso, la luz

que está y la luz que llega, sin peso

 

 

decía: hay preguntas

que no se han de hacer porque confunden

origen y respuesta: tu miedo, tu

no ser

 

decía: no hablen de los objetos

transicionales, el poema, el arte, eso

que a nadie interesa más que al niño

el osito, la esquina de la manta

 

decía: si no te amas, morirás, lo que

siempre ocurre al final de la vida

 

leía: ¡qué suerte estar antes del principio! Nada

puede pasarnos porque no podemos chocar

con nosotros mismos

 

* * *

 

todo lo que tiene alas es ángel, mosca

golondrina mirlo cucaracha –puede

volar– pero la tierra se va hinchiendo

de cadáveres animal color

de asado apoyaba con cuidado

los pies al caminar por si se hundieran

costillas zonas violáceas casi

moradas ángeles los que vuelan el

peso era el pulmón y de la vida

la meta un respirar de árbol

 

(william rowe)

 

* * *

 

¿quién vive en ese árbol? ¿qué dios o ninfa le habría

dado su presencia? acacia es y así diría

el poema si antiguo fuese, de verde intenso y frondas

densas y redondas, no pesa y todo en él

es luz, diría, un suspendido estar de la presencia, si

fuera antiguo ese decir y un dios o ninfa le hubiera

dado aliento

   acacia es saliendo de

la A4 a la altura de Jaén, un abril que

ya acaba y llega mayo alargando

para la estrella tardes y mañanas

 

* * *

 

recibe este objeto en tu corazón, mira

en él algo que ames, mira de nuevo, nada

hay, ¿qué había?, ¿qué hubo?, ¿qué fue?

 

* * *

 

 

 

 


 

 

Olvido García Valdés (Santianes de Pravia, Asturias, 1950) es licenciada en Filología Románica y en Filosofía. Profesionalmente, ha sido catedrática de Lengua Castellana y Literatura. Ha sido también directora del Instituto Cervantes de Toulouse y directora general del Libro y Fomento de la Lectura. En la actualidad reside en Toledo. Entre otros premios, mereció en 2007 el Premio Nacional de Poesía por su libro Y todos estábamos vivos (Tusquets, 2006, 2007). En Esa polilla que delante de mí revolotea. Poesía reunida (1982-2008) (Galaxia Gutenberg, 2008, 2016) se recoge su obra poética entre esas fechas. Posteriormente ha publicado Lo solo del animal (Tusquets, 2012). Algunos de sus libros han sido traducidos al francés, inglés, italiano, polaco y sueco. Es asimismo autora del ensayo biográfico Teresa de Jesús; de textos para catálogos de artes plásticas (sobre Zush, Kiefer, Vicente Rojo, Tàpies, Juan Soriano, Bienal de Venecia 2001, Broto…) y de numerosos ensayos de reflexión literaria.

Los poemas para esta entrega de la nube habitada han sido seleccionados del libro Confía en la gracia, editado por Tusquets Editores en Barcelona, durante el año 2020, en su colección Nuevos textos sagrados. https://www.planetadelibros.com/autor/olvido-garcia-valdes/000029392

El retrato de Olvido García Valdés es de Su Alonso & Inés Marful.

 

 

 

 

 

Print Friendly, PDF & Email

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, deja tu comentario!
Por favor, introduce tu nombre aquí