Resoluciones de año nuevo

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Ahora viene la gran pregunta morada (las celestes ya las respondieron demasiados: guglee usted y ya verá) ¿Qué quiero hacer el 2016? Les pongo mi lista sin lanzarles el rollo de que no me gustan. Todo comienza por un buen deseo. 

 

New York

 

Se acaba el 2015: el año de la semilla. Recordaré a quienes la pasaron mal y empezaré esta última entrada del 2015 en mi bitácora Newyópolis con un «Agradezco y no me puedo quejar». 

 

Ahora viene la gran pregunta morada (las celestes ya las respondieron demasiados: guglee usted y ya verá) ¿Qué quiero hacer el 2016? Les pongo mi lista sin lanzarles el rollo de que no me gustan. Aquí va.

 

No comprar más libros el 2016


Es que ya no caben. También nos vamos a mudar, con suerte a un sitio más pequeño, así que para qué. Además pongo esta resolución en primer lugar porque acabo de entrar en Amazon, poner en el carrito y cancelar ─casi al instante─ Stoner de John Williams que la recomienda Joaquín Campos en su blog desde Camboya. Me siento fuerte. Terminando esta entrada iré a la página de la biblioteca pública y pediré que me lo tengan listo para recogerlo apenas se pueda (como si no tuviera ya una lista grande de libros pendientes). Entonces mi primera resolución es no seguir llenando la casa de libros. A menos que sea necesario, claro.

 

 

Dejaré de hablar mal de mi primera novela


Cada vez que me preguntan por mi primera novela ─publicada en 2010, plagada de errores ortográficos─ tengo que prevenir al lector diciéndole que no me gusta. Y sin embargo por ahí anda quien la ha leído a pesar de mis advertencias y me dice que le ha gustado o que «no está mala». Así que dejaré de hablar mal de ella. Esta es la última vez. La recomendaré. Intentaré pasar a limpio las correcciones que he hecho. Me zurraré en el amigo que me dijo que la olvide. Ya está, País de hartos pasará a lista de los libros favoritos de todos mis amigos (ja).

 

 

Acabaré mi segunda novela

 

De la cual no he publicado nada en internet, siguiendo una resolución secreta de medio año. Entre llantos y biberones el monstruo ha avanzado poco, si bien estoy seguro que con la calma de enero y mi tiempo libre de la temporada de primavera la novela empezará a soltar buenas ramas. El árbol crecerá fuerte y sólido. Dejaré la poda para el 2017. Ya veremos si con el tiempo que pierdo en WhatsApp, Facebook, Instagram y demás hierbas santas, podré decir tarea cumplida a fines del próximo diciembre. Cruzaré los dedos. 

 

 

Sacaré más publicaciones de mi revista, le haré mejor publicidad, organizaré más eventos

 

Que se vendan en 2016 los primeros 1000 ejemplares de la revista que publico (no diré nombres porque FronteraD no es un sitio para hacerle publicidad a nadie: guglee usted). Porque no tiene sentido que tanta gente talentosa publique en una revista que solo la leen cuatro gatos talentosos. Gastaré más tiempo en promocionarla porque estoy convencido de que es un muy buen proyecto. Sé que esta resolución se contradice con la anterior (la de acabar mi novela) pero qué le vamos a hacer. El mundo es imperfecto y soy un pésimo gerente del tiempo. 2016 será el año del gran cambio.

 

 

Dejaré de meterme a opinar en la política de mi país

 

Porque no tiene sentido (ni opinar, ni la política de mi país). No tengo ni el talento ni la paciencia para seguir escribiendo sobre un país que no conozco─a pesar de que a veces diga lo contrario. Hay gente que sigue viviendo allí, con los dos pies metidos en el barro, mucho mejor preparada, que comete menos errores de los que cometo yo. Me dedicaré a opinar sobre la política de Gringolandia donde seguramente tendré más batallas que pelear en el futuro y donde ─como escribo en castellano─ a nadie le importa si soy demócrata y si me cae bien Obama y si los republicanos me parecen unos huevones a la vela. La política peruana no tiene sentido: la hija de un dictador está primera en las encuestas. Toda mi familia va a votar por ella (miren ustedes si no me meteré en problemas cada vez que suelto cosas como esa). Así que no más. Desde mi rincón apoyaré a quien sea elegido como candidato del Partido Demócrata. Porque los candidatos republicanos son ignorantes y bien estúpidos. 

 

Me alejaré (lo más que pueda) de los líos de la literatura peruana

 

Sí, señor. Se arman unos líos… interesantes pero líos al fin. Y yo ando perdido, sin saber que el tipo a mi lado no puede verse ni en pintura con el del otro lado y yo forzańdolos a salir en la misma foto juntos. Debo de parecer más imbécil que nunca para todos los que conocen los dimes y diretes de la intelectualidad peruana. El «Arguedas contra Vargas Llosa» se queda chiquito comparado con las cosas que han tenido que escuchar estos oídos en Lima. Lucharé contra las mafias, eso sí: porque hacer dinero con engaños, robándole a los autores que ya de por sí ganan poco es un abuso. Así que a quien me lo pregunte le diré quién es ese cretino que se quiso pagar las vacaciones con el dinero que no le correspondía. Y nada más. Sonreiré en la FIL 2016. Ya verán si cumplo.

 

 

Escribiré menos de mí mismo

 

Lo autoreferencial ya fue. Así que antes de repetirme más, de contarle─otra vez─ mis mejores experiencias sexuales en un ático de Nueva York, en una minivan estacionada en una calle de Westchester, en un cuartito de Brooklyn, mis masturbaciones al filo de la medianoche en las oficinas de un periódico de los suburbios, mis vergüenzas en público y en privado, trataré de portarme como mejor periodista e investigaré. Sacaré a la luz la verdad, publicaré en un sitio web que ya me convenció de hacer una columna sobre la vida intelectual en Nueva York donde la tercera persona será la reina.

Claro que sé que todo esto va contra un par de mis resoluciones. Sin embargo el año 2016 comienza en unas horas. Entonces ya verán. Beberé por ustedes. Que sean felices. No dejen de leerme. Lectores: los quiero ¿Hay alguien ahí?