Ruth Orkin y ‘La ilusión del tiempo’

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From Above, Sailors in NYC, fin años 40 ©Ruth Orkin @ruthorkinphoto

La actividad profesional de Ruth Orkin (1921-1985) bien podría compararse con la práctica antropológica. La fotógrafa estadounidense fue capaz de dar cuenta de los modos de vida de los muchos retratados a partir de un estudio de campo no participativo, fundida con el empapelado detrás de una cámara. Hubiera preferido captar el movimiento a la quietud, dedicarse a su pasión más íntima: el cine; influenciada por su madre –la popular actriz de cine mudo Mary Ruby (1894-1987)–. Sin embargo, pudo saciar su vocación produciendo y codirigiendo un par de películas junto a su marido Morris Engel (1918-2005): Little fugitive y Lovers and lollipops de 1953 y 1955, respectivamente; y a través de su peculiar disparo de cámara.

A este respecto, alude la mayor parte de la narrativa de la exposición La ilusión del tiempo, la primera inaugurada a nivel internacional en el centro cultural Tabakalera de Donostia – San Sebastián. Anne Morin, comisaria de la muestra, destaca el dinamismo, el desdoblamiento y la secuencia; reflejo todas del movimiento y, por ende –como constató Aristóteles en su Metafísica– del tiempo. En efecto, salta a la vista el uso de simetrías. Las figuras se duplican (en su mayoría, en parejas o tríos): bañistas, curas, borrachas, amigas o familiares; guardando un gran parecido entre sí (ya presente en Two girls on hill overlooking, de 1939). Este mismo juego y disposición fue utilizado por su coetánea Diane Arbus (1923-1971) en sus intrigantes retratos, pero con distinta intención –se aprecia la influencia de Edward Steichen (1879-1973) y The Family of Man en ambas–. Mientras Arbus exponía la alteridad, lo freak o monstruoso; Orkin reflejaba la vida cosmopolita desde una mirada foto-periodística, centrando su atención en el movimiento.

La fotografía Rompeolas (1951), por ejemplo, muestra un conjunto de seis niños de a dos preparándose para el baño. Su horizontalidad se interpreta como una línea temporal, donde los muchos cuerpos parecen uno (en movimiento). También se pueden ver obras seriadas, conjuntos de imágenes “en ráfaga” que corresponden a un mismo trabajo, a saber, Jimmy tells a story (1947) o The Card Players (1952), que podrían responder a cortometrajes mudos si fueran proyectados por algún ‘Kodak Carousel’ o similares.

Rompeolas, 1951 ©Ruth Orkin @ruthorkinphoto

Cabe destacar la sugerente forma de expresar el movimiento. No lo pretende con la brusquedad de una imagen, su dinamismo es sosegado, sutil, silente. Las figuras se muestran en paralelo, una al lado de otra, con un lapso espacio-temporal entre ellas; en ningún caso refleja la acción por medio de solapamiento, una técnica empleada hace más de 30.000 años en la cueva de Chauvet (Francia) y explotada por los futuristas a comienzos del siglo pasado –por ejemplo en el lienzo Dinamismo de perro con correa (1912), de Giacomo Balla (1871-1958), o en las fotografías de los hermanos Bragaglia–.

Se aprecia la pretensión humanística en todas las imágenes de Orkin, no sólo en propuestas que retratan refugiados o minorías, también en escenas vanas de una cotidianidad acomodada. Su carácter aventurero y labor en Life y The New York Times le permitió recorrer diferentes países: Estados Unidos, Francia, Italia, Reino Unido, Israel,… Un compromiso vital iniciado a los 17 años en su recorrido de Los Ángeles a Boston en bicicleta. Su experiencia, junto a otros viajes por Europa, se materializó más tarde en el proyecto Don’t be afraid to travel alone, donde se incluyó su fotografía más conocida: American Girl in Italy (1951).

American Girl in Italy, 1951 ©Ruth Orkin @ruthorkinphoto

Fundida con el empapelado… Oculta en la sombra, al trasluz de una cortina. A finales de los 40 realizó una serie de fotografías titulada From Above, tomadas desde la altura de los pisos neoyorquinos (distancia física que arranca de la alienación al artista y permite captar el instante con lucidez, como apuntó Michel de Certeau). Un mundo a través de su ventana que dio a conocer en dos publicaciones a final de su carrera (1978 y 1979). Terminó desde la misma óptica con la que empezó, desde arriba, sin intervenir ni modificar la escena –como en las fotografías de Lotte Laska (1927-2009) o André Kértész (1894-1985)–. Flâneaurs –parafraseando a Craig Owens (1950-1990)– inconscientemente objetivizados para su subjetivización, eliminando cualquier ápice de teatralidad. Comienzo y fin que podrá verse en el centro cultural Tabakalera de Donostia – San Sebastián hasta el 6 de noviembre de 2022: La ilusión del tiempo; la primera exposición de Ruth Orkin en solitario a nivel internacional.

Juan Alberto Vich Álvarez (1992) es graduado en Ciencias Químicas y en Filosofía. Realizó un máster en Filosofía, ciencia y valores en la Universidad del País Vasco. En la actualidad, es doctorando en la Universidad de Deusto, donde investiga el cruce entre la ecología, el arte contemporáneo y las instituciones museísticas. Es autor de la novela La siega (2017) y del ensayo Los problemas de tener un hijo suicida (2020). Fundó y dirige la revista cultural Trépanos, una publicación interdisciplinar de corte artístico, científico y literario.

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