Mientras tantoSalvoconducto universal…

Salvoconducto universal…


No nos equivocamos si pensamos
que nada humano nos es ajeno
y que el mundo se vuelve más ancho y proceloso
más ajeno
cuando se cierran los países sobre sí mismos
celosos galápagos
donde el aire que se respira se pudre
porque
censuran, vigilan, cierran
las imprentas
las rotativas
las emisoras de radio que alumbran como fósforo en la noche oscura
las televisiones que eran ventanas para airear la ropa sucia del poder
y para ser
como los periódicos del mañana
universidades de todos los niños y viejos hambrientos de saber
del que quiere conocer el alcance de los meridianos
qué se cuece en las trastiendas
entre los bastidores de los mentideros, ministerios, cuarteles
qué se hace de los dineros que con el sudor
han ido arrancándole los mineros, los tramperos
las lavanderas, los cirujanos, las panaderas
los linotipistas antiguos como el plomo fundido
los arrieros, los maquinistas, los fotógrafos arriscados
los pintores de brocha gorda y pincel finísimo
los lampistas y las enfermeras, las astronautas y las astrofísicas
a la realidad
que los reporteros de guerra
y los periodistas locales que no se pueden ir a ninguna parte
porque las murallas de Jericó
son las de su propio perímetro vital
y han de contarlo
mientras se la juegan porque el narco
el sicario, el milico, la policía política
al servicio del que manda
permite que la maquinaria se engrase
con cadáveres de inocentes
y sobre todo con lacayos
que practican la obediencia debida
no la conciencia
como vio Kafka con tanta antelación
y Hannah Arendt clavó
en los orígenes del totalitarismo
y la banalidad del mal…

Sin libertad de prensa
estamos condenados a las norias
que trituran el aire que respiramos
sin prensa libre
estamos a merced del arbitrio
del populista dictador de turno
que se viste con la ropa del pueblo
y llama sus enemigos
a los que jugándose el tipo
se empeñan
caiga quien caiga
en contar la verdad
como estos reporteros
de aquí y de allá
de esta orilla y de la otra
que Reporteros Sin Fronteras
que es mi tejado mi casa mi superestructura
mi mente suplementaria
mi conciencia portátil
se empeña en proteger
tan importantes como los que hacen tinta
los que practican el boca a boca a los ahogados y a los suicidas
los que apagan fuegos y tiran tirolinas sobre el abismo
los que zarpan y los que funden norays, azadas, bisturís
los zapateros y los emprendedores que no solo velan por el dinero
los policías hijos del pueblo por los que veló Pasolini
las escultoras a la sombra de Rodin y Giacometti
las Marujas Mallo y las Clarice Lispector
las sufraguistas y las que como Svetlana Aleksiévich
escuchan con una grabadora que es su cuerpo entero
el dolor de los demás
que Susan Sontag leyó en Goya y en Sarajevo
donde esperaron a Godot
como esperaron y esperan en Gaza
como esperaron y esperan en Jartum
en tantos campos de refugiados, fronteras, lindes, despeñaderos
como las Maria Ressa y la dueña del Washington Post
que le plantaron cara al poder
con los Papeles del Pentágono
las pioneras como Sofía Casanova
que contaron la Revolución Rusa
o se metieron en el fango de las tormentas que el cambio climático ceba
o en los ríos del delta del Brahmaputra y del Danubio
desde la Fallaci a Joan Didion
o las que vinieron a coser con sílabas de acero la Guerra Civil Española
como Gerda Taro o Marta Gellhorn
las que surcaron los Nilos
y llegaron hasta Marie Colvin a la que arrancaron la vida
con el cuentahílos del segundo ojo…

El mundo es cada vez más ancho y ajeno.

La libertad de prensa
que no es un señuelo ni una añagaza ni un sindicato vertical
que es la sangre roja de las arterias que riegan
el tejido de la mente libre que quiere saber
para saber a qué atenerse, a quién votar, a dónde viajar, en dónde invertir
para qué luchar con qué armas con qué argumentos
leer la piel del mundo con agrimensores
con los bolsillos llenos de sintaxis, léxico, palabras, metáforas
y sobre todo hechos preciosos
hechos nítidos que le callen la boca a los que mientan
aunque tenga armas tan poderosas que parezcan invencibles
y no lo son
porque es la verdad la que nos hace libres
desde Goya en quien John Berger vio el primer reportero de guerra
hasta los que ahora mismo en las trincheras de Myanmar, Malí
El Salvador, el Sáhara Occidental
las fronteras
se niegan a admitir el silencio
o que sea castigada la compasión
por esta Unión Europea
que debemos salvar de sus peores instintos
con premios al valor
de quienes al contar se cuentan y nos cuentan…

Le he puesto una vela a Julio Verne y otra a Alexander von Humboldt
para que los periódicos vuelvan a fletar barcos
trenes, humildes tándems para que un plumilla y un fotógrafo
a la vieja usanza
como James Agee y Walker Evans
nos cuenten con todo primor la pobreza y la razón
la textura de la ropa y la loza, el latón, el barro y la lluvia
porque la libertad de prensa
permite entrar en las cárceles
y hacer escrutinio de lo que se dice y de lo que se hace
de lo que se promete y de lo que no se cumple
por eso Reporteros Sin Fronteras
no es ni una franquicia ni una multinacional
financiada por la mala conciencia
sino por la consciencia que lucha contra la alienación
de los que votar contra sus propios intereses
porque no han tenido la oportunidad de conocer
que el mundo no es plano,
que John Hersey nos enseñó en Hiroshima
lo que los que lanzaron la bomba no querían saber
como Jacob Riis nos enseñó cómo vivía la otra mitad
y Vasili Grossman la verdad que Pravda no contaba
y Langston Hughes lo que los negros siguen sin poder comprar…

Si sabemos del genocidio en Gaza,
si nos hemos sentido devastados
impelidos a presionar a nuestros gobiernos democráticos
(que tienen una irrefrenable tendencia a la molicie
a atornillarse a su poder no por nuestro bien sino por el suyo
y donde dijeron transparencia esgrimen razones de Estado)
es porque sabemos qué ha ocurrido
gracias
exclusivamente
a los periodistas locales
que en la Franja han ido muriendo
como moscas:
si en Sarajevo eran casos aislados
y no estaba claro si los francotiradores serbios
emboscados al otro lado del Miljacka
recibían una prima por cada reportero eliminado
el autoproclamado Ejército Más Moral del Mundo
se ha llevado por delante
en Gaza
que ya era la cárcel a cielo abierto más poblada del mundo
antes del castigo colectivo
que siguió a los atroces atentados terroristas de Hamás del 7 de octubre de hace dos
a más periodistas
que en las dos guerras mundiales, la de Vietnam y la de Afganistán
juntas
un capítulo inédito
en la Historia Universal de la Infamia…

“Mi actitud es que,
por muy dura que sea la vida,
lo que importa es hacer algo interesante con ella. Y esto tiene mucho que ver con el mundo físico, con mirar las cosas, la nieve y la luz y el olor de la puerta y todo aquello que constituye a cada instante tu existencia…”,
escribe la poeta canadiense Anne Carson
en Hombres en sus horas libres.


Todos los seres humanos
nacen libres e iguales en dignidad y derechos…
Ojalá fuera así.
Ojalá naciéramos, viviéramos y muriéramos así.
Pero como no
propongo a la poeta polaca Wislawa Szymborska
que escribía sus poemas más inteligentes y acerados
en la mesa de la cocina de su casa
que se convierta en patrona
de los reporteros internacionales
que este premio reconoce.
La Szymborska conocía
de primera mano
en la grisácea Polonia comunista
que “el chacal autocrítico está todavía por nacer”.
Ella se quejaba
con tanta ironía como ternura
de su propia
falta de atención
(ella tan atenta)
ese pecado en el que
con tanta frecuencia caemos
los periodistas.
Ya lo dijo una hermana suya
la francesa Simone Weil:
escuchar con la máxima atención
acaso sea uno de los más sencillos y difíciles
actos de amor.

Sin memoria no somos nada.

Sin verdades estamos perdidos.
Con el deseo algo ingenuo, pero amablemente cargado de razón
de que este premio
se convierta en un salvoconducto
contra muchos enemigos
les ponemos un detente bala invisible
bordado por Albert Camus:
los cuatro puntos cardinales del periodismo libre:
lucidez
desobediencia
ironía
y obstinación.
Acompañémosles,
acompañémonos.
Solo así el viaje de la vida será
verdaderamente inolvidable.

El papel de la prensa no es consolar, sino iluminar. Por eso hay tanto afán en acallar a los periodistas que buscan denodadamente la verdad.

“Cualquiera que conozca el paradero de la compasión
que lo cante a voz en grito”,
gritó Wislawa Szymborska.

No es una contradicción, sino un complemento vitamínico del periodismo. Para que el salvoconducto sea insumergible.

 

Este poema surgió de una propuesta de mi amigo el escultor zaragozano Ricardo Calero para acompañar las piezas que confeccionó para la primera edición de los premio nacional e internacional de la sección española de Reporteros Sin Fronteras, con motivo del 30 aniversario de la organización que defiende la libertad de prensa y la labor de los periodistas.

Madrid, octubre, 2025

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