Superhéroes becados: Iron Man. Mauricio Esquivel

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Cada año más de 22 millones de personas cruzan la frontera entre México y Estados Unidos. La frontera de los sueños, de las armas, de la mano de obra barata. Mauricio Esquivel, Iron Man, destinó el dinero de una beca de la Agencia Española de Cooperación para convertirse en “el superinmigrante”

“Viví con ellos. Durante cuatro meses de trabajo de campo en una de las ciudades de México más extrañas que conocí y con un calor de 50 grados. En una ciudad en medio del desierto se piensa demasiado en las razones que llevan a un país a transformar una frontera política en física, crear una enorme cicatriz en el paisaje que impide a las personas desplazarse. Lo cierto es que muchas personas que viajan del sur de México y Centroamérica hacia los Estados Unidos lo hacen porque las situaciones de sus propios países no ofrecen alternativas sustentables para sus grupos familiares y ven en el otro lado la posibilidad de mejorar su situación. Los países considerados como potencias y sus dinámicas de invasión mercantil son en una gran medida los que propician la creación de monopolios y desigualdad social que concluyen en pobreza, dependencia, delincuencia y migración”. Esta es la respuesta que me dio el artista salvadoreño Mauricio Esquivel cuando le pregunté si conoció algún caso en primera persona de un inmigrante que cruzara la frontera entre Estados Unidos y México ilegalmente. Él es… Iron Man.

 

Hasta el año 2010, Esquivel era un joven creador que había conseguido traspasar la aduana de su país, El Salvador, y enseñar sus obras en otras naciones. Sus ambiciones pasaban por seguir creciendo como artista. Pero el destino es antojadizo. Ese año accede a una beca de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Súbitamente, cosas extrañas comenzaron a ocurrir en su biología. Podía ver a una mayor distancia y con más claridad. Podía leer las noticias pero no como cualquier mortal, podía leer entre líneas. Podía entender que todas las fatalidades actuales tienen un origen. Sus nuevas capacidades le obligaban a plantearse misiones de mayor envergadura. 

 

Cada año mas de 22 millones de personas cruzan la frontera. Una frontera de más de tres mil kilómetros creada a base de guerras, tierras mal vendidas y tierras mal compradas. La frontera de los sueños, de las armas, del narcotráfico, del racismo, de la mano de obra barata. Una frontera que ha propiciado el surgimiento de la empresa mexicana más lucrativa: la droga. Se transporta a base de secuestros, sobornos y trata de personas. Supongamos que mientras, en el cuarto de baño del Capitolio, los congresistas se meten rayas de la longitud de la frontera. Las apolíticas fosas nasales de los políticos (también de los españoles) son muy buenos clientes de los camellos de la cocaína. No deja de tener su gracia. Si estás de buen humor también te reirás de que ese movimiento migratorio está provocado en gran medida por la política mercantilista, explotadora, clandestina e interesada de los Estados Unidos hacia los países centroamericanos y México (poniendo y deponiendo presidentes, apoyando golpes de Estado, favoreciendo culturistas monopolios ilegales). La frontera se convirtió en muro físico, llamado el muro de la tortilla, en 1994. Millones de dólares se invierten para vigilancia y seguridad. Las alternativas se me hacen obvias: esta es mi lista de Reyes. Queridos congresistas: por qué no destinar esa seguridad a acabar con la corrupción política y policial. Esa vigilancia para luchar contra grupos violentos racistas. Y dejen de ir al baño a meterse, señorías. 

 

Los salvadoreños siempre han tenido fama de trabajadores. Se dice que un salvadoreño trabaja como dos mexicanos. Y donde hay viento, hay molinos. Son unos muy eficaces constructores. En el salvadoreño Grupo Roble se reúnen los nuevos sacerdotes que señalan con el dedo donde erigirán sus trabajadores los nuevos templos mayas: los centros comerciales. Pero hay épocas en las que no hay templos para tanto esclavo. Y si no hay trabajo en su país emigran a otro, como hicieran para construir en medio del desierto de Arabia Saudí.

 

Pedro y María son ciudadanos de El Salvador. No tienen trabajo, porque no hay, pero sí tres hijas. Así que buscan donde hay, en Estados Unidos. Pasan hambre y sed, viajan andando, en el techo de un tren, suben montañas, pasan ríos, casi no duermen, son perseguidos por narcos que les quieren secuestrar, extorsionar, robar, pasan la frontera por un túnel, y al otro lado les vuelven a perseguir, esta vez patrullas de civiles estadounidenses que practican el tiro al blanco con inmigrantes ilegales como ellos. No mucho más lejos, la policía pide documentación a cualquier humano con rasgos latinos. No saben dónde ir, qué hacer, les fallan las fuerzas, y entonces allí aparece… ¡Iron Man! El musculoso superhéroe que les carga sobre sus fornidos hombros y les lleva a una oficina de empleo. 

 

—¡Gracias Iron Man! Pero tú…, tú… ¿de dónde sales?

—Yo soy el inmigrante definitivo. El superinmigrante. Pero no me des las gracias a mi, dáselas a la beca de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo.

 

Mauricio Esquivel destinó el dinero de esa beca para seguir durante cuatro meses un calculado programa que incluía nutrición (antropometría, dieta y seguimiento de cambios), pesas (musculación) y natación (flexibilidad y resistencia). Cinco horas al día destinadas a moldear su cuerpo y prepararlo para las exigencias físicas de traspasar la frontera. Ninguna beca ha sido mejor aprovechada. El cuerpo de Mauricio pasó de ser el de un artista esquelético al de un deportista de élite. Ese era el primer escalón de los tres (Violencia, Migración y Comercio Informal) que se había marcado en su proyecto Iron Man. Su ciclo hacia la preparación se completará cuando acceda a otra beca y perfeccione su defensa personal (kick boxing o taekwondo). 

 

“La idea es muy básica: bajo el principio de selección natural, consiste en preparar físicamente a un individuo y ofrecerle las herramientas necesarias para la supervivencia en un contexto altamente violento. Vinculado a la frontera, el sujeto con mejor preparación física e información documental tiene mayores posibilidades de cruzar ilegalmente con éxito”. Recordemos que El Salvador es uno de los países con la tasa más alta de violencia del mundo (aunque este tipo de datos son altamente no fiables y muy a menudo manipulados por intereses políticos y económicos). También es el país que más dinero recibe a través de las remesas, billetes que envían inmigrantes desde Estados Unidos a sus familiares salvadoreños: “El Salvador. Me parece increíble que un país tan violento como este tenga ese nombre. Como dato curioso, formamos parte de una cadena de volcanes llamada Círculo de Fuego”.

 

 

 

Esquivel se documenta en la realidad actual e histórica de su país para concebir su proyecto artístico: “Tomo varios puntos como referencia, los levantamientos campesinos de los años 30, la guerra civil del 80 al 90, la migración y la situación actual respecto a las maras (pandillas de crimen organizado). Cada punto está vinculado al otro como detonador y consecuencia de la situación actual. El Salvador mantienen hasta la fecha un índice de 12 muertes diarias por causas violentas, teniendo un poco menos de seis millones de habitantes… y poco más de 21.000 kilómetros cuadrados. Aproximadamente tres millones de salvadoreños más viven en el extranjero, la mayoría en los Estados Unidos”. En ese país surgió una campaña gubernamental para acabar con las maras y se llamó Mano Dura. Fracasó, así que el siguiente Gobierno hizo otra y la llamó Super Mano Dura. También fracasó. No es extraño que de ese contexto maléfico salga Iron Man. 

 

Como decimos, la preparación física (fase denominada Violencia por el artista) es uno de los tres idearios del proyecto de Esquivel. El siguiente es Migración: “He realizado modelos a escala con piedras extraídas de una zona llamada La Rumorosa, perteneciente al municipio de Tecate en Baja California. Estos modelos han sido incrustados con hierro molido del muro podrido de Tijuana y contienen recomendaciones ofrecidas por organizaciones humanitarias a los migrantes. Crearé una especie de infografía grabada en piedra especialmente en áreas donde haya ríos en referencia a los petrograbados de zonas como el Lago de Güija, en El Salvador, cuya función era de culto”. Es decir, grabar en piedras mapas y consejos útiles para pasar la frontera ilegalmente. Una especie de libro de escultismo disponible para todos los inmigrantes que pasan la frontera. Para ello deberá buscar otra fuente de ingresos: otra beca (¿cómo creen que hacen realidad sus proyectos artísticos los jóvenes de países como El Salvador?). 

 

El tercer estadio de este proyecto es el Comercio Informal. “En un contexto como el que se vive actualmente en El Salvador muchas personas se dedican al comercio informal como alternativa para el desempleo. Para ello, utilizan objetos creados por la industria pero adaptados para generar ingresos (suerte de ready made rentable). Como resultado de esta etapa crearé un manual del tipo Hágalo usted mismo el cual recogerá información técnica de cómo elaborar estos artefactos. Su producción es de muy bajo costo y su distribución serán los puestos de revistas cercanos a los sectores de comercio informal. Para esto buscaré otra beca”. 

 

Un momento. ¿Está este artista apoyando delitos como el paso ilegal de una frontera y la venta de productos pirateados? ¿Es esta la solución? Se lo pregunto abiertamente: “No haré productos pirata. El documento pretende ser una sistematización, una documentación y organización sobre cómo elaborar artefactos que posiblemente se conviertan en carritos comerciales, displays de productos entre otros. El uso que el ciudadano consumidor les dé depende de ellos. Creo en el individuo como posible agente de cambio social, la idea global del proyecto denominado Iron Man es tomar varios aspectos que van desde un cambio de forma en un individuo en particular, de famélico a musculoso, cuya seguridad es un artificio psicológico. De investigar procesos de migración e ilustrar estrategias de supervivencia en zonas de cruce. Finalmente, para los que se quedan, ofrecer una base de datos por medio de una manual con datos técnicos muy específicos con alternativas para comercio informal. Me interesa proponer posibilidades, legales o no es una cuestión ética”.

 

Iron Man no es sólo músculo, también discurre. La solución a este problema no es ayudar a los inmigrantes ilegales a pasar la frontera, para el artista “la solución depende en una gran medida de la disposición de los gobernantes y sus iniciativas para la educación y generación de empleos, micro-empresas, turismo, seguridad, entre otros. Ofrecer alternativas a las empresas transnacionales para universitarios que en la actualidad atienden llamadas en las maquilas de los call centers”. En este sentido, la obra de Mauricio Esquivel hay que encararla más en su sentido simbólico que en el literal. Visto desde otra perspectiva Iron Man es más bien Ironic Man. Una creación que no está concebida para traspasar una frontera o para hacer apología del comercio informal, sino para hacernos reflexionar acerca de una realidad. Su labor crítica es quizás poco sutil y roza la delincuencia. Y es más amplia de lo que parece, ya que también atañe al sistema de becas. En mi opinión, a través de la conversión de una beca en pagar una cuota de un gimnasio y suplementos alimenticios no hace sino atacar la servidumbre y docilidad de algunos artistas, que venden su alma a los Faustos públicos y privados a cambio de domesticar su obras. En opinión de Esquivel, el sistema de becas nutre un paisaje artístico autocomplaciente: “El sistema de becas para artistas me parece parasitario. Al cortarse deja sin recursos a una gran cantidad de artistas que lamentablemente dependemos de ellas por concurso para realizar proyectos que no corresponden a los fetiches culturales que generan las ferias de arte, subastas y concursos. Posiblemente las bienales y residencias son los que principalmente apuestan a proyectos procesuales y de investigación aunque muchos de ellos se han vuelto planes vacacionales para artistas”.

 

La obra de Esquivel es coherente y valiente. Tanto en sus proyectos anteriores a Iron Man como en los posteriores es difícil de enjaular en una galería de arte. Su obra tiene un adjetivo social, y su hábitat es el taller y la conversación. El diálogo. Una ética comprometida con su entorno. Una reivindicación de un país con pocos artistas de peso. En primer lugar por una carencia casi absoluta de infraestructura cultural, de espacios expositivos, y de educación artística. En segundo lugar, porque un joven salvadoreño está más preocupado por llegar a fin de mes que por aventurarse en una épica artística. 

 

En un país, y con un contexto que necesita de superhéroes. Aunque solo sea por un día. 

 

 

 

Juan José Santos es periodista y crítico de arte español. Colabora con revistas especializadas en arte contemporáneo como Lápiz y Artpulse. www.juanjosantos.com. En FronteraD ha publicado Eder Castillo. El Guggenheim hinchable

En Twitter: @andyjuanjol 

 

 


Autor: Juan José Santos