Tormenta de verano

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Cuando no teníamos que lanzar más dados que los del parchís y el destino y el carácter se decidían ante un gua.

 

El amor, decía ella,

es como lanzar un dado en el desierto.

 

Lasse Söderberg, Las piedras de Jerusalén


El mecano del mundo, bajo la tormenta perfecta

 

Si fuera preciso

el hierro

la furia

la herrumbre íntima

los obreros que han corrido a refugiarse

del granizo

del gobierno

un rato en medio de la tarde

el mismo en que nosotros

nos alejamos de los teclados

para ver

cómo la furia del cielo

lo barre todo

y nos devuelve

a nuestra infancia

cuando no teníamos

que lanzar más dados

que los del parchís

y el destino

y el carácter

se decidían

ante un gua

la sombra del gran peral

la lentitud de los agapantos

y un beso de papel

como el viento en el columpio

no tenía consecuencias.

 

Tormenta de verano, la rabia del cielo