Un científico en el supermercado. Un viaje por la ciencia de las pequeñas cosas. José Manuel López Nicolás

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                                                                                            (Foto: Ruth Martínez)

José Manuel López Nicolás, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular y director de la Unidad de Cultura Científica y de Innovación de la Universidad de Murcia, profesor titular del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular A de la Universidad de Murcia y miembro del grupo de investigación Bioquímica y Biotecnología enzimática, divulga la ciencia de forma amena, con gran rigor científico a la vez que denuncia el mal uso de la ciencia que hacen determinados colectivos. Autor de más de 100 artículos científicos en las principales revistas científicas del campo de la nutrición, la bioquímica y la tecnología de los alimentos. Asimismo, colaborador en más de una decena de proyectos de investigación de carácter nacional e internacional y socio fundador y expresidente de la Asociación de Divulgación Científica de la Región de Murcia: “Profesionalmente me considero un privilegiado y doy gracias por ello. Dedico mi jornada laboral a tres de mis mayores hobbies: la docencia, la investigación y la divulgación. Estar en contacto con los alumnos y poder enseñarles tus conocimientos y aprender, también de ellos, es un lujo”, me cuenta.

Creador de la bitácora de divulgación científica Scientia con la que ha conseguido todos los premios posibles: el Bitácoras en 2013, 20blogs en 2014, Premio ASEBIO a la divulgación científica de la Biotecnología en 2014, Mención de Honor de los Premios Prisma en 2014, Premio a la mejor web La Verdad 2015. En 2016 recibió el Premio especial del jurado ASEBIO por su trayectoria en el mundo de la divulgación científica, en 2018 el Premio Cultura Díaz Bautista y en 2019 el primer Premio en el Certamen Internacional Ciencia en Acción en la Modalidad ‘Trabajos de Divulgación Científica. Prensa, Radio y Televisión’. Confiesa que todo ha ido muy rápido y, aunque las vivencias están siendo muchas, cree que lo mejor está aún por llegar: “La cantidad de personas interesantes que he conocido a través del blog, los grandes amigos que he hecho, la cantidad de ciudades que he visitado y los grandes momentos gracias a la divulgación científica están siendo, como tituló Peter Jackson en El Hobbit, un verdadero viaje inesperado. Estoy con más ganas y fuerzas que el primer día y la mochila está cargada de proyectos”.

Autor de los libros Nuevos alimentos para el siglo XXI y Vamos a comprar mentiras es un placer conversar con López Nicolás sobre todos los pormenores de su último trabajo, Un científico en el supermercado. Un viaje por la ciencia de las pequeñas cosas (Editorial Planeta), que ideó durante una estancia de diez días en su “pequeño rincón del Mediterráneo”, Dehesa de Campoamor y del que en menos de dos semanas agotó la primera edición. Siguiendo con el estilo desenfadado que le ha convertido en uno de los referentes de la divulgación, nos descubre la ciencia de nuestra vida cotidiana: las matemáticas ocultas de un cante jondo, la calidad de los cosméticos que usamos, la comodidad de la ropa que vestimos o los fármacos que utilizamos, la física presente en un memorable partido de tenis, la sorprendente estadística de la Lotería del Niño o la química que se esconde tras las etiquetas de un supermercado. Un fascinante viaje por la ciencia de las pequeñas cosas que nos ayudará a esclarecer cuáles son las verdades y mentiras con las que topamos a diario.

Enhorabuena por su nuevo trabajo ya en las librerías. Este feliz alumbramiento me recuerda aquella frase de Houellebecq, el escritor francés: “El problema de quienes no leen, es que deben conformarse con la vida”. Por suerte, aún existimos aquellos que no somos fáciles de conformar…

Así es, coincido contigo. La lectura nos enriquece y nos transporta mucho más allá, a otros lugares, otras personas… Devoro los libros y, además, me encanta escribir. Ahora bien, tampoco lo considero una obligación. No soy nadie para obligar. La gente encuentra sus propios hobbies, sus pasiones y ocios culturales donde quiere; y el mío, uno de ellos, es la lectura. Leer nos hace personas más libres porque nos hace comprender sobre aquello que no sabemos y nos hace tomar decisiones basadas en el rigor y no basadas en otras historias. Y eso es una sensación muy placentera. En el caso de la ciencia nos ayuda a comprender cosas que ocurren a nuestro alrededor. Saber qué está pasando allí, justo a tu lado, es una sensación maravillosa, pero ya no digo únicamente en un laboratorio, sino cuando estamos haciendo una tortilla de patatas. No sólo es saber que la ciencia está en todas partes, sino disfrutar de eso: ver qué le está ocurriendo a la ropa que te pones, por qué esta prenda me protege más que la otra…, conocer el fondo científico, en definitiva.

Podría parecer una segunda parte de Vamos a comprar mentiras pero por formato, estilo y temática no lo es, ¿qué ha querido, en concreto, transmitirnos con Un científico en el supermercado?

Como te digo, he querido transmitir al lector la importancia de la ciencia en la vida diaria. Siempre digo que suelen mostrarnos la imagen de un agujero negro o de un exoplaneta pero la gente se pregunta ¿y eso a mí, en mí día a día, a qué me lleva, para qué me sirve saber esto? Los científicos deberíamos explicar dónde está la ciencia justo en nuestra necesidades: ropa, fármacos, alimentos, etcétera, pero también en nuestros hobbies y en nuestras pasiones. Por eso dedico capítulos a las tradiciones populares como la Semana Santa, el Flamenco o el ocio a través del tenis o del fútbol. La Semana Santa, por ejemplo. Sería imposible ‘sacar‘ muchísimos tronos a la calle sin las nuevas técnicas que revolucionan diariamente la ciencia tanto en química, física, nanotecnología etc. Estuve visitando el Centro de Restauración de Murcia y allí pude documentarme sobre todas las técnicas avanzadas para reparar, prepararlos con técnicas actuales y materiales nuevos así como el diseño. Cuando la gente comprenda la ciencia que hay detrás de todo esto será cuando verdaderamente la apoye.

Como análisis sociológico que, en definitiva, es este libro tras mantener conversaciones,  charlas, conferencias ante diferentes públicos y seguidores, ¿qué certezas le han quedado?

Me encuentro de todo. Desde luego hay personas a las que es muy difícil cambiarle su forma de pensar, da igual lo que les digas ¡incluso mostrándoles resultados!; pero, por otra parte, cada vez existe más gente con la mente abierta y con ganas de rectificar y aprender. La divulgación de la ciencia tiene cada vez más adeptos. Recuerdo cuando eran cuatro gatos los que asistían a conferencias… En la presentación de Un científico en el supermercado alrededor de cien personas quedaron fuera sin poder entrar. Aforo completo. He dado conferencias ante ochocientas o mil personas y eso, realmente, demuestra que el interés por la ciencia es cada vez mayor.

La clave del libro creo que puede estar en una frase que leo en la contraportada Una visita guiada al museo de la ciencia cotidiana? ¿Me equivoco?

Efectivamente, refleja todo lo que es el libro. Un viaje por las pequeñas cosas. Disfrutar de tu día a día y saber que hay ciencia en todo aquello que te rodea y, sobre todo, en sitios en los que ni lo esperas. Esa es la clave: cómo la ciencia te puede ayudar de forma inmediata. Está muy bien saber de exoplanetas, pero a la sociedad le falta hablar de la ciencia en la vida cotidiana y de eso va Un científico en el supermercado, de la ciencia que hay en las cosas que nos rodean, en la ropa, en la alimentación, en la cosmética, en nuestras aficiones, en nuestras tradiciones…

En Un científico en el supermercado también habla del futuro, de la ciencia que viene, para que no nos pillen con el paso cambiado. Un capítulo dedicado a términos nuevos para que la gente se vaya familiarizando con ellos como las ciencias ómicas, metabolómica

Uno de los problemas que la ciencia suele encontrarse sucede cada vez que aparece una nueva disciplina científica o un término nuevo: inmediatamente hay un rechazo por parte de la sociedad, el ciudadano se acerca a ello con miedo siempre. He intentado que la gente esté preparada para evitar ese miedo, para que la gente sepa lo que tiene a su alrededor, sus ventajas, en qué consiste. Y de forma muy resumida, de forma muy general, para conseguir que ya no le suene a nada extraño cuando comiencen a aparecer en nuestro entorno.

Ciencia y religión. Ambas llevan conviviendo mucho tiempo… lo que no quiere decir que puedan ir cogidas de la mano. Usted es muy fan de esta frase de Voltaire: “La ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda” y sin embargo usted, gran científico, se muestra tajante respecto a la no existencia de Dios…

Mira, ¿cómo es esa frase? “grandes afirmaciones necesitan grandes evidencias…”. Yo no soy el que te tiene que demostrar la existencia de Dios sino aquel que dice que existe Dios es el que tiene que demostrarlo. Si yo digo “en mi casa hay una puerta” tendré que demostrarlo. No eres tú la que tienes que demostrar que no hay una puerta; no, no, el que hace la afirmación es quien tiene que demostrar.

Decía Ana María Matute en una entrevista que su reino era el de la duda ¿Coincide? ¿Cuál es el suyo?

Sí, rotundamente y en ciencia cuanto más sabes más dudas, de lo contrario esto no tendría sentido. Para empezar,  la pseudociencia, por ejemplo, no duda; la ciencia sí duda. Con eso está dicho todo.

Qué le ha hecho Marc Márquez, hombre… Sé que Messi o Márquez anuncian unas natillas repletas de azúcar y no es lo más aconsejable si tu imagen es la de deportista saludable… Además, leí que existe un código publicitario de autorregulación llamado PAOS –firmado por las propias empresas de alimentación– en el que, por ejemplo, prometían no utilizar personajes queridos por los niños para anunciar productos que favorezcan la obesidad. Esto es mucho más serio de lo que parece…

Y lo siguen haciendo. Desafortunadamente, la forma de encontrar la trampa, ese resquicio para que un producto sea legal sin serlo, siempre existe. Siempre digo que ya no es tanto crear nuevas leyes, sino aplicar las que ya existen. Lo que pasa es que no lo hacen. Entonces, vemos a personajes famosos anunciando cosas nada recomendables para la salud, apareciendo en horario infantil… Hasta que no exista una aplicación de la ley contundente y se lo tomen en serio esto no va a ir a ningún sitio. Para colmo, hay muchos agentes poderosos que impiden que esto salga para adelante.

Incluso los cocineros no se han salvado de su punto de mira. Chicote se llevó una buena regañina sobre su anuncio de cerveza “que sólo se hace con ingredientes naturales” cuando en sus múltiples recetas emplea numerosos aditivos…

Esta parte entra dentro de lo que se llama quimiofobia. Me parece un poco ridículo que los cocineros, precisamente una profesión donde más se utiliza la química, luego salgan anunciando productos donde rechazan el uso de productos químicos. ¡Pero si tú eres el primero que los utilizas! Que, además, es muy correcto que los utilices, muy seguro y muy útil. Cuando aparece un cocinero de renombre en televisión, con una audiencia tremenda, hablando de “sin aditivos” o “sin conservantes”… lo veo un auténtico disparate. Porque, primero: no es cierto lo que está diciendo, no tiene ningún rigor. Y, segundo: porque contradice a su misma profesión.

¿Qué piensa cuando ve a Pedro Piqueras, vestido con una bata blanca de laboratorio, hablando de salud y alimentos afirmando con rotundidad que aquello que anuncia posee un “compromiso casero garantizado”?

Esto de la utilización de la bata blanca viene de aquellas encuestas de percepción social sobre la ciencia. Las encuestas que elabora el Ministerio de Ciencia en las que se demostraba que la gente tiene un gran concepto sobre la ciencia, el científico y la labor que hacemos. Entonces, basándose en esos datos, deciden exponer a cualquiera con indumentaria o artilugios de un científico sin serlo, únicamente para vender el producto. Piensan que la gente es tonta: “Si ven la bata se lo creen”, piensan. Creen que el famoso da el sello de aval científico. El que tiene que darle el aval no es un presentador de telediario ni un famoso, son las autoridades oficiales.

Se ven casos sangrantes, incluso en farmacias. Recuerdo aquel complemento alimenticio que vendían diciendo que se ingería a base de taponazos (sí, lo que han leído, con términos que nos remiten al alcohol) asegurando “estar diseñado para esos momentos de la vida en la que nos sentimos tristes o apáticos”. Según la empresa responsable, “estos suplementos mejoran el estado de ánimo y el humor, aportando energía positiva y un empujoncito de buen rollo sin efectos adversos a aquellas personas que se sienten tristes o apáticas”. Se definen como antidepresivos naturales, que mejoran el estado de ánimo… Esto es muy peligroso…

A mí, sobre todo, lo que más me indigna y me fastidia de todo eso es que se venda en farmacias. Realmente, hoy, la mayoría de las farmacias se han convertido en bazares, y eso es muy triste. La farmacia siempre ha sido un sitio al que acudías para obtener un consejo, una ayuda rigurosa. Ahora entras y sí, están los fármacos, pero además hay de todo: desde homeopatía, que es una pseudociencia, hasta complementos alimenticios absurdos.

¡Desde luego, usted no es el alma de la fiesta! (risas). Siempre nos recuerda que el alcohol no es bueno y el vino no tiene propiedades saludables, ni una botella, ni una copita, ni media. Pero aclaremos, no busca las propiedades saludables, no dice que es saludable o bueno, sino que lo toma únicamente porque es placentero a nivel sensorial. Hay que ser tajante: el vino no es bueno y no tiene ningún efecto saludable, y punto.

Mira, yo de vez en cuando tomo una copa de vino o una cerveza, claro que sí.  Pero no lo hago buscándole un rigor científico, jamás se me ocurre decir que me lo tomo porque es bueno para mi salud como dicen por ahí. Olviden aquello de “una copita de vino al día es saludable”, no es saludable ni mucho menos, es perjudicial. Aunque te lo tomes a baja concentración también es malo.

¿¡¡Ni el resveratrol, la molécula de la uva, que me la prometen tanto actualmente en cada crema como elixir de juventud?!!

El resveratrol es uno de los ingredientes de la uva. ¿Qué ocurre? Que se asoció al corazón y empezaron a surgir suplementos alimentarios, cremas, serums… todo basado en las particularidades positivas de esa molécula. A día de hoy no hay ninguna evidencia de que, ni tomándote un complemento alimenticio ni poniéndote una crema ni un gel basado en el resveratrol, te sirva para nada. Pero, desafortunadamente, la fama que tiene ese producto es mejor que la que posee cualquier avance científico que sí se ha demostrado que es positivo. Esa molécula tiene propiedades positivas, pero tú no te tomas la molécula sola, tú te tomas la copa de vino y más cosas en ella. Y entre esas cosas está el alcohol. El alcohol, entonces, tapa todas las cosas positivas que tenga lo otro.

Además, tenemos otro problema a consecuencia de las noticias falsas y las redes sociales. La información que recibimos está contaminada por la avalancha de fake news y el consumidor se debate entre verdadero o falso. En la presentación de su libro decía que su empeño es  “ayudar a las personas a ser más libres, entendiendo la libertad como la capacidad para tomar decisiones basadas en el rigor y no en la mentira”

Es muy difícil que la sociedad, que el consumidor, pueda librarse de todo esto. Dificilísimo. Porque cada vez nos ponen más trabas. Las trampas están cada vez mejor hechas. Los engaños son cada vez más difíciles de demostrar. Es muy complicado, pero para eso existe la divulgación, las conferencias, los libros que publicamos, para eso está la cultura, las fuentes de información verídicas. ¿Qué es una pesadez y un tostón documentarte y esforzarte en consultar? Sí. Pero ahí está nuestra responsabilidad, dedicarle el tiempo que merece a encontrar cuáles son nuestras fuentes de información correctas. Porque si nos creemos todo lo que pasa por delante de nuestros ojos… ya me dirás…

Mire, le confieso que cuando veo que sale por televisión un divulgador haciendo chistes para comunicar cambio de canal, me da grima que todo se trate con chistes. Últimamente parece que hay que divulgar provocando risa, pero una cosa es hacer algo ameno y otra cosa es hacer reír. ¿Qué opina?

Estoy totalmente de acuerdo contigo. La divulgación científica debe captar al consumidor, invitarle a conocer la ciencia a través de la pasión. Pero la pasión se puede trasladar desde diversos caminos y formas: desde haciendo reír hasta no haciendo reír, incluso haciendo llorar. Tú tienes que apasionar, emocionar, y la emoción no siempre procede de la risa. ¿Significa que no tienes que utilizar la risa? No, en absoluto. Pero no hay que limitar la divulgación al chiste y al juego continuo, ni mucho menos. Esto no es un juego.

¿Qué aconseja suprimir de nuestra alimentación?

Los productos ultraprocesados, los productos de repostería, las bebidas con azúcar añadido, productos con sal… Lo evidente y lógico, pero que siguen muchos “hinchándose” a comer. El problema es que nos creemos que son saludables. Por ejemplo, la gente se atiborra para desayunar de galletas María o a tomar zumos de naranja… con azúcar añadido. Eso es un auténtico disparate, estos son los productos que hay que evitar.  Lo que pasa es que es muy fácil decirle al consumidor: “Sólo hay que tomar verduras, frutas, hortalizas, pescado…”. Vale, esto me lo llevan diciendo toda la vida, me cuentan muchos. Yo siempre recomiendo: cualquier producto que veas en el supermercado con el slogan “Sin“, salvo que seas intolerante diagnosticado a la lactosa o al gluten, no lo compres. Cualquier producto que veas con un “Con” en la etiqueta (por ejemplo, te ayuda a mejorar el rendimiento físico, intelectual, cognitivo o a reducir el colesterol) tampoco lo compres. Una manzana jamás te va a decir SIN o CON tal o cual cosa en su composición, a estos productos hay que ir, a los que menos cosas prometen en su envase. Solamente es mejor si eres intolerante. Y con el gluten igual. Solamente es bueno si eres celíaco o tienes algún problema con el gluten; si no lo eres, no es que no sirva para nada, sino que una persona que no es intolerante a la lactosa, por ejemplo, y basa su alimentación en productos sin lactosa se puede hacer intolerante sin serlo. Estás acostumbrándote a no tomar lactosa, entonces la parte de tu organismo que la tienes preparada para eso termina atrofiándose.

¿Qué hemos perdido y qué hemos ganado en ciencia y alimentación en los últimos años?

¿Qué hemos perdido? Un poco de ética por parte de muchísimas empresas. Y, hemos ganado en seguridad alimentaria. Hemos perdido en cuanto a que nos prometen cosas que son surrealistas, pero, por otra parte, hemos conseguido que realmente los productos sean más seguros. Seguros en cuanto a que el número de intoxicaciones, por ejemplo, es ya afortunadamente muy bajo. En promesas de marketing seguimos perdiendo. Y mira que a través de la divulgación se ha conseguido tirar abajo mucha campaña de marketing que antes nadie ponía en tela de juicio y ahora sí… Las empresas ya llevan más cuidado…

Dice usted que una guerra no se puede ganar, pero fomentando el espíritu crítico del consumidor siempre hay pequeñas batallas que sí se pueden salvar

No se puede ganar una guerra sólo con la divulgación. Hace falta mucho más empeño de diferentes procedencias, pero pequeñas batallas efectivamente sí se pueden ganar. Y cuando las empresas comprueban que pierden pequeñas batallas comienzan a replantearse si de verdad les merece la pena estar engañando al consumidor.

Hemos pasado unas Elecciones y hemos comprobado que la ciencia ha estado ausente de todos los debates. ¿Los políticos hablan de las cosas que importan a la gente o al revés?, ¿es antes el huevo o la gallina?

¡Si yo veo hasta normal que los políticos no hablen de ciencia…! Yo lo que no veo normal es que la gente se eche las manos a la cabeza porque no hablen de ciencia. ¿Por qué no lo veo normal? Porque los políticos solamente van a hablar de aquellas cosas de las que habla la sociedad. Los políticos van a hablar de aquello sobre lo que la gente les presione a tratar. ¿Creemos que la gente de verdad va presionando con la ciencia? En absoluto. ¡Qué más quisiera yo! Uno de los objetivos de la divulgación, de la ciencia, es que la gente vea y comprenda la importancia de la ciencia en su día a día. Cuando vengan más recortes y quiten ayudas a la ciencia la gente dirá, “me está usted fastidiando esto, y esto me lo daba la ciencia”. Entonces los políticos empezarán a hablar de ciencia. Será el momento en el que vean que la gente ya habla de ello, cuando comprendan que en sus preocupaciones cotidianas está la creación, la investigación científica, los avances médicos. Al revés, lo estamos viendo, olvídate. Siempre será antes que la gente presione…

Lo que está claro es que es necesario un cambio de reglamentación. En la actualidad, le he leído, que las empresas se agarran a una ley absurda y débil para hacer determinadas alegaciones saludables. ¿El Parlamento Europeo no está por la labor de cambiar la legislación? ¿Cómo cree que debería ser la ley que regulase el etiquetado?

Reitero, más que un cambio de reglamentación lo que hace falta es aplicar las leyes vigentes. En el caso de la publicidad existe un artículo de la Ley referido a los actos de engaño. El artículo impide, prohíbe, confundir al consumidor. Paradójicamente, este artículo se lo salta todo el mundo a la torera y nadie, ahí está el problema, nadie sanciona.

Le recuerdo a usted muy feliz congratulándose en Twitter el día que nombraron a Pedro Duque ministro. A toro pasado, ¿sigue pensando igual tras analizar la labor de Duque en el ministerio?

La labor de Pedro Duque ha sido fabulosa. Sigo pensando igual y sigo apoyando la decisión de nombrarlo Ministro. Para mí, es el tipo de ministro que necesita este país porque es el tipo de ministro al que no estamos acostumbrados.  Desde luego, no da el perfil del típico responsable al frente de un Ministerio que hemos tenido hasta ahora. Primero: porque es importantísimo que exista un Ministerio de Ciencia por la imagen que proyecta a la sociedad. La importancia que adquiere la ciencia al tener un ministerio propio es única. Por otra parte, no te voy a negar que es importante que tenga un lado mediático. Que la gente lo conozca, que conozca su trayectoria. ¡¿Qué esa persona es astronauta?!, vale, pero también es investigador, científico, gestor de proyectos, trasferencias, tecnología… Pero, además, ha sido un tipo valiente mientras ha sido ministro porque ha presentado una Ley contra la pseudociencia. Ha nombrado y señalado directamente por su nombre a los que se dedican a engañar a la gente. Anunció un plan que prohíbe la publicidad engañosa de tratamientos que no tengan aval científico. Y explicó que, en definitiva, esas pseudociencias son patochadas. Ha sido un gesto valiente por todas las presiones que hay, con todos los intereses económicos detrás.

Sí, lo recuerdo. Respecto al tema de las pseudociencias, homeopatía, “uno de los cánceres que tiene la sociedad actual y combatirlas es uno de los objetivos de la divulgación científica” como usted ha dicho en alguna ocasión, sí ha estado presente Duque dando la cara…

Efectivamente. Como te digo, presentó esa Ley. El problema que ha tenido Pedro Duque es que no ha tenido tiempo entre tanto gobierno en funciones y Elecciones varias. No hemos tenido un Gobierno con tiempo suficiente para desarrollar. Veremos qué pasa ahora…

En el libro tiene un papel importante su madre a la que usted siempre se refiere como su referente…

Así es. Le dedico un capítulo entero, pero esto no es por nada bucólico-sentimental o frívolo. Se lo dedico, entre otras cosas, porque quería homenajear a las personas de mi entorno. Uno está aquí gracias a ellos. Si yo puedo hacer todo lo que hago, viajar todo lo que viajo y las horas que dedico a mi trabajo con conferencias, investigación, es gracias a mi familia que me ha estado apoyando siempre. Sin el apoyo familiar todo es más difícil… La gente que lo lea se verá reflejada en sus madres, en sus familiares, desde luego.

Así como Ruth, su hija, a la que usted también se refería en una anterior conversación (orgullo de padre) como “la primera científica española que conseguirá el Premio Nobel… seguro. Me gustaría que alguien lo consiguiese antes pero con la triste apuesta que se viene haciendo por la ciencia en este país, en los últimos años, lo dudo mucho…” 

Lo de la apuesta por la ciencia en España me refería a que es ridícula comparada con el peso que tiene en otros países. Mi gran aspiración, y por lo que trabajo a diario, es que el nivel de España alcance al menos al de otros países de nuestro entorno. Si eso no ocurre, teniendo los grandes científicos que tenemos, es muy difícil que se alcancen los logros en investigación que merece nuestro país y se reconozcan como son merecidos. Respecto a lo de la mujer en la ciencia es cierto que cada vez se incorpora más, pero lo importante no es sólo que haya mujeres científicas, sino que se incorporen más mujeres en puestos de gestión, en puestos de dirección, en grupos de investigación. Poco a poco se van eliminando trabas, pero queda mucho. Veo más cercano un premio nobel hombre que mujer, pero no porque su calidad sea mejor, ni muchísimo menos, sino porque la incorporación de la mujer al mundo de la ciencia ha ido más lenta que en el mundo de los hombres, desgraciadamente.

Un científico en el supermercado se desarrolla además en Dehesa de Campoamor, su particular refugio, su rincón del Mediterráneo, una necesidad desde hace cuarenta y nueve años. “Creo que pocos sitios me proporcionan la paz que me da pasear por sus calles y el placer de tomarme unas sardinas en el chiringuito de la playa pequeña”, me decía en otra ocasión. Me contaba también que no es de mesa y mantel. “Recomiendo comer en los mercados de las principales ciudades. La Boquería, en las Ramblas de Barcelona; el Mercado de San Miguel junto a la plaza Mayor de Madrid o el Mercado de Verónicas en el Plano de San Francisco, de Murcia”.

Y lo confirmo. No sólo pruebas exquisitos bocados, sino que poseen un encanto especial. Lo recomiendo porque en ese tipo de mercados aparte de disfrutar comida del tiempo, de temporada, productos frescos, es mercado de cercanía. Y, evidentemente, los alimentos no son ultraprocesados como los que abundan en los supermercados engañándonos con su publicidad.

¿Cómo se cuida usted? Sé que dejó de fumar el mismo día que entró en vigor la Ley Antitabaco de [José Luis Rodríguez] Zapatero y ¿sigue quedando con sus amigos para jugar al fútbol como antes?

Sí, continúo sin fumar. Y sigo quedando con mis amigos para jugar al fútbol, cuando mi maltrecha espalda me lo permite. Bebo alcohol lo justo. Durante los días de la semana no bebo nada de alcohol y fin de semana en alguna comida y ya. Debería, por otra parte, hacer menos sedentarismo pero por mi profesión, para llevar el ritmo que llevo de presentaciones, conferencias, clases, escribir artículos… eso, evidentemente, necesita permanecer muchas horas, mucho tiempo, sentado….

El presente ya hemos visto cómo lo ve pero, ¿y el futuro?

Personalmente, álgido en el campo de la divulgación, fuerte. Todo está creciendo mucho: la investigación, la divulgación… Procuro, por tanto, tener un equipo fuerte detrás para poder seguir llevándolo todo a la vez. Afortunadamente, cada vez hay más gente que intenta enfrentarse a tanta mentira, pero cada vez también son más los agentes poderosos que nos engañan. ¿El futuro? Veo complicado poder ir contra esos molinos, de ahí que seguimos fuertes denunciando, son batallitas que vamos ganando, que te comentaba antes, pero cuesta mucho trabajo. No soy pesimista, pero tengo claro que nos va a costar mucho ganar la “guerra“.

 ¿Qué consejo o enseñanza no ha olvidado jamás?

Un consejo muy básico, pero que me ha ayudado mucho en la vida. Mi abuela me decía “la familia la que te toque, pero los amigos elígelos con pincicas”. En el campo de la divulgación he conocido a mucha gente, muchos te dan la enhorabuena, abrazos, etcétera, pero a los amigos hay que elegirlos con rigor porque luego te llevas decepciones. No soy de los que piensan que a los amigos se les ve más cuando pasas por momentos duros; todo lo contrario, soy de los que piensan que a los amigos se les ve más en los momentos buenos, cuando te va bien la cosa. Cuando te va bien, ahí es cuando debes estar atento; que no se te acerquen con envidias y con pampaneos. Tú notas quién realmente se está alegrando por ti y el que no.

 ¿Qué aconseja a su hija?

Le aconsejo todos los días que tiene que respetar a sus amigos y hacerse respetar por ellos. Y que no pare nunca de aprender, que no pierda este afán y estas ganas que tiene por aprender jamás.

¿Qué libros hay en su mesilla de noche? ¿qué está leyendo o tiene pendiente leer?

Estoy releyendo La cuchara menguante, de Sam Kean. Me parece uno de los mejores libros de ciencia que se han escrito jamás y muy infravalorado. En cola tengo Terra Alta, de Javier Cercas, el último Premio Planeta.

¿Cuándo lee?

No concibo ser escritor compulsivo sin ser lector compulsivo. Por eso me gusta leer a todas horas. Evidentemente, en periodos estivales leo mucho más… y casi siempre por la noche.

¿Qué géneros le divierte más leer / cuáles evita?

Me encanta la novela negra. Los libros relacionados con el crimen, la mafia… me gustan muchísimo. En cambio la novela romántica no me atrae nada de nada.

¿Qué tipo de lectura evita cuando está trabajando?

Aunque estoy muy presente en las redes sociales no me gusta nada leerlas cuando estoy  trabajando. Es la forma más fácil de desconcentrarse que conozco.

¿Qué libros sorprendería a la gente encontrar en su biblioteca?

Le sorprendería ver que tengo pocos libros de ciencia y muchos relacionados con la historia. Estoy obsesionado por leer sobre aquellas áreas en las que menos me he formado.

¿Quién es su héroe o heroína preferida de ficción? ¿Y su villano o antihéroe favorito?

Me encantaba leer El Capitán Trueno. Tengo toda su colección. Mi villano favorito es Darth Vader, soy muy amante del Lado Oscuro de la Fuerza.

Tiene la oportunidad de organizar una cena con literatos, artistas, pintores, etcétera, de cualquier época. Elija tres invitados vivos o muertos a su cena.

Los tengo claros: 1) Tolkien. Lo  considero un genio y me gustaría saber qué pasaba por esa cabeza cuando escribió El Señor de los Anillos y El Hobbit. 2) Marie Curie. Una mente privilegiada, una trabajadora incansable y una luchadora que merece todo mi respeto y admiración. 3) Leiva. Le preguntaría por sus maravillosas letras. Son obras de arte. Luego me iría de copas con él.

¿Cuál es el último gran libro que ha leído?

SIDI, de mi paisano Arturo Pérez Reverte. Es un autor que me gusta mucho. Su mordacidad, su inteligencia y su valentía me fascinan.

En quién confía a la hora de que le recomienden un libro o serie de televisión, exposición…: ¿un crítico, un librero, un amigo?

Una  buena recomendación no se basa sólo en la calidad del producto recomendado sino en  su adecuación al perfil del destinatario. Por eso confío más en mis amigos, me conocen perfectamente  y saben de mis preferencias y mis gustos personales.

¿Cómo organiza sus libros en su biblioteca? ¿Guarda algún orden especial?

Por supuesto. Una de mis obsesiones es la organización. Sin ella no podría sacar adelante todos los proyectos en los que estoy involucrado… por eso todos mis libros están ordenados por áreas temáticas.

Si pudiera recomendarle un libro al presidente del Gobierno ¿cuál le recomendaría?

Sin duda alguna Un científico en el supermercado, mi último libro. Creo que es importante que nuestros máximos mandatarios lean sobre la importancia de la ciencia cotidiana para nuestra sociedad.

Decepcionado, sobrevalorado, simplemente no es bueno… ¿qué libro pensaba que le iba a encantar y no fue así? ¿Recuerda qué libro dejó abandonado, que no pudo terminar?

No sabría decirte. No soy una persona que me lleve grandes decepciones con mis hobbies. Además, cuando uno ha publicado varios libros sabe lo difícil que es escribirlos, editarlos… así que respeto a todos los escritores, aunque sus libros no me hayan gustado. Por otra parte, jamás he dejado un libro sin acabar, aunque no me gustara. Sé que es un poco absurdo, pero si un libro lo empiezo lo acabo. Me ha ocurrido alguna vez que algún libro que me empezaba a aburrir ha sufrido giros inesperados que me vuelven a enganchar.

¿Tiene algún libro predilecto?

Uno de los libros que más me ha enganchado es Alpe d’Huez, de Javier García Sánchez, cuyo protagonista era un ciclista cántabro al que sus conocidos llaman Jabato. Brutal. Estuve horas devorándolo sin moverme.

¿A qué escritores, novelistas, guionistas, críticos, filósofos, periodistas, poetas u otra profesión  de los que están en activo admira más? ¿Por qué?

Difícil pregunta, pero me voy a mojar. Iñaki Gabilondo, Rosa María Calaf, Amaral, Joaquín Sabina. Pedro Almodóvar, María Dueñas, Àngels Barceló… todos tienen un valor añadido, algo que los diferencia del resto.

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