Un cine en el que entren muchos mundos. Oficios y pensamiento crítico en Chiapas

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El ascenso por la carretera hasta los Altos de Chiapas es serpenteante hasta que en uno de los recodos se alza el vallado de verja metálica del municipio de Oventic. Como suele ocurrir, la niebla cubre la veintena de casas de la comunidad chiapaneca, a pesar de que el sol brillaba con fuerza durante todo el trayecto. Es vertiginoso ese ajetreo a más de 2.000 metros de altitud. En el cártel de la entrada pueden leerse dos frases a modo de aviso para viajeros despistados: “Está usted entrando en territorio zapatista. Aquí el pueblo manda y el gobierno obedece”.

Un hombre enmascarado del que se adivinan ojos muy oscuros, mirada tranquila y voz pausada, pide la identificación a todo aquél que quiera asistir al primer ciclo de cine. Varios compañeros suyos vigilan la entrada con el pasamontañas negro que se transformó en símbolo de la revolución zapatista contra el gobierno federal mexicano en enero de 1994. “Este festival de cine ha atraído a miembros de los otros cuatro caracoles (municipios zapatistas autónomos) y simpatizantes de todo el mundo”, explica con orgullo el hombre enmascarado mientras acompaña a un grupo de jóvenes francesas a su interior.

Han pasado 26 años desde que los zapatistas en las montañas del suroeste de México recibiesen la atención de las cámaras de todo el mundo después de tomar por las armas San Cristóbal de las Casas y otros cuatro municipios. El motivo de este levantamiento fue la exclusión de los sectores tradicionalmente marginados de la sociedad mexicana: las comunidades indígenas y campesinas. No tardó en llegar la paz entre el grupo insurgente y el Gobierno de Carlos Salinas de Gortari firmada 11 días después del inicio de la guerra. El mismo Eduardo Galeano escribió en una crónica sobre cómo los zapatistas se han alejado de la política institucional para abrir otras vías de representación: “han sabido refugiarse en la niebla, en el misterio, y de ahí han salido enmascarados, para desenmascarar el poder que les humilla”.

Los Acuerdos de San Andrés prometieron una mayor participación política de una parte de los mexicanos que sufren la desigualdad, pero pronto fueron olvidados. En los últimos años el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) sobrevivió a cercos establecidos por el Ejército, al ataque de grupos paramilitares y el desinterés de las autoridades. Uno de los logros de este movimiento político fue la creación de regiones autónomas desde 2003 bajo la tutela de la Juntas del Buen Gobierno. Oventic es uno de los cinco caracoles que forman una estrella en el mapa y suponen una entrada para los foráneos a las comunidades indígenas tzetzales y tojabales

Las imágenes del cine suponen una herramienta poderosa para reflejar y cambiar la realidad. Los nueve días que duró el festival de cine Puy ta Cuxlejaltic (en lengua tzotzil significa “El caracol de nuestra vida”) han supuesto una ventana a los más de 4.000 asistentes a los municipios autónomos. La casa grande está decorada con un colorido mural con mazorcas de maíz y caras de guerrilleros. En la jornada inaugural una joven explica que el festival fue “ideado fundamentalmente para los pueblos originarios zapatistas, para su mirada y la mirada de las personas, que trabajan en o en torno al cine ficción y el cine documental, que han sido invitadas”

No es una gala de cine al uso en la cual los directores dan largos discursos, hay una alfombra roja para posar y los críticos analizan sesudamente las películas. Los protagonismos desaparecen para dar paso al ritual del cine como una actividad comunitaria donde cualquiera puede dar su opinión. Otra diferencia frente a cualquier festival de cine al uso son las categorías para el reconocimiento de directores, películas, documentales y actores alejadas de las utilizadas en los Óscar: La tormenta, El ayer y el Hoy, Resistencia y rebeldía o Canta, teje, baila, juega, cuenta. Con estos sonoros nombres da inicio a la gala mientras que la joven presentadora recuerda que tienen preferencia en los asientos los compas zapatistas de otros caracoles. El festival tiene lugar de forma simultánea en San Cristóbal de las Casas en Cideci-Unitierra, uno de los centros culturales simpatizantes con el movimiento indígena.

El cine como herramienta para cambiar la realidad

“Durante mucho tiempo el cine en las montañas del suroeste mexicano, se escuchaba, no se veía” presenta con estas palabras el subcomandante Galeano –más conocido como el vocero del ELZN Marcos– el evento cultural en el interior del edificio La Comandanta Ramona. Destaca tradición oral de las historias de los pueblos mayas mexicanos y cómo desde siempre han mantenido el interés por las diferentes manifestaciones culturales. Marcos mantiene el humor, como uno de los rasgos inconfundibles en su discurso, al recordar anécdotas de cómo durante el levantamiento pasaba el tiempo de las vigilias contando las películas de Bruce Lee junto a sus compañeros.

Menciona éxitos hollywoodienses que no se esperan en el movimiento, como Titanic, que gustan mucho a los miembros de las comunidades, aunque tienen su propia interpretación de la historia. No pretendían ser dogmáticos sobre qué tipo de cine debían ver. Si solo debía promover los valores revolucionarios o solo es una forma de entretenimiento. Otro de los recuerdos de Marcos es que desde hace años sus propios compañeros de movimiento han realizado documentales sobre cómo ven el zapatismo: “Antes siempre teníamos la visión de cómo nos veían desde fuera y ahora también lo contamos desde dentro”.

Caras conocidas

Esa misma tarde se proyectó por primera vez Roma, de Alfonso Cuarón, como película que inauguraba el festival y ganadora de tres Óscar, entre los que destacan a la mejor película y al mejor director. En cambio, se quedó a las puertas del galardón Yalitza Aparicio, la joven maestra rural oaxaqueña que protagoniza la película y que supone una oda a la diversidad frente al establishment de Hollywood. Roma es una cinta en blanco y negro que narra la historia de una familia de clase alta en la Ciudad de México de los años 70 con un estilo reposado, minimalista, casi documental. Una de sus protagonistas es una mujer indígena mixteca del servicio que se encarga de la educación y el cuidado de los niños con diálogos en su lengua natal. Otra de las tramas del filme es la lucha por una mayor autonomía de la madre de familia de clase media alta, tras una separación y la violencia política en México con el llamado El Halconazo, donde grupos paramilitares asesinaron a decenas de estudiantes. Cuarón manifestó la alegría que le produce que Roma llegué antes a las comunidades zapatistas que al gran público debido a que quiere resaltar la desigualdad de clases, la discriminación de género y el racismo existente en México. Otra de las caras conocidas que estuvo en esta jornada es la del actor Gael García Bernal, que recibió un reconocimiento por su carrera con una figura de tela de una guerrillera y siente que describir esta experiencia con palabras es una frivolidad. Bernal espera que este encuentro sirva “para compartir utopías” en conversaciones que les hermanan con los compañeros del municipio autónomo de Oventic.

La jornada sigue con la presentación de la película Niñas bien. La actriz protagonista, Ilse Salas, celebra el primer festival de cine zapatista como una apertura al exterior del movimiento político. Destacan las películas Mujeres que luchan, centrado en las historias de la comandanta Ramona, Marichuy, la candidata al Consejo Nacional Indígena, y la intelectual afroamericana Angela Davis. También resalta El desafío indígena: la marcha zapatista, de Inti Cordera, el que recuerda la Marcha del color de la tierra, que en 2001 recorrió más seis mil kilómetros en 37 días. El objetivo era llegar a la misma Ciudad de México para exigir al Congreso de la Unión que se hicieran efectivos los Acuerdos de San Andrés que buscaban el reconocimiento de los derechos de los pueblos ancestrales. Unas proyecciones que buscan visibilizar el papel de las mujeres como protagonistas, como creadoras en el mundo audiovisual, guionistas y como actrices.

“¿Qué sabían de nosotros, salvo que estábamos enmascarados? Aún así, muchos decidísteis apoyarnos”. Como colofón final vuelve a aparecer el subcomandante Galeano tras años de silencio mediático, para dar visibilidad a otros miembros del movimiento zapatista, para reflexionar sobre la identidad de su lucha que va de lo local a lo global. “Nosotros somos esto porque vosotros nos dijisteis en el 94 que las armas no eran el fin, sino el medio, y que cada uno tiene su lucha”, recuerda el antiguo líder, el poeta y el guerrillero que ese camino rápido hacia la paz empezó con el apoyo y las demandas de la sociedad civil mundial.

Lugares como Oventic suponen la cristalización de esos esfuerzos por construir espacios de autogobierno de quienes habitan en la periferia de la globalización y buscan transformar la política desde lo local a lo global. El sub Galeano se despide agradeciendo a todos los asistentes por participar en este festival de cine por la rebeldía y para celebrar: “su lucha por la vida después de haber luchado porque no los maten”. El guion del zapatismo todavía no está escrito, no se sabe qué va pasar, pero son miles los que piensan el mundo puede ser un lugar en el que quepamos todos sin tener que imponer una única visión.

Visita a la universidad de la Tierra

El festival de cine continúa en la capital de Chiapas. En el ala norte de los cerros cubiertos de pinos que rodean la ciudad colonial de San Cristóbal de las Casas se encuentra un colorido conjunto de edificios en el rápidamente llama la atención que hay muchos jóvenes menores de 20 años, incluso casi niños. El Centro Integral de Capacitación Indígena (CIDECI) es una innovadora apuesta educativa regional que busca formar tanto como en oficios como en pensamiento crítico a muchos chicos y chicas de las comunidades más alejadas que tienen dificultades para ir a la escuela. Nació en el año 1989 por la iniciativa de Samuel Ruiz, obispo de San Cristóbal, que tuvo un importante peso en las negociaciones del EZLN en los años 90. En el centro de la treintena de edificios ruge un enorme generador que dota de electricidad a todas las instalaciones. Hay un chaval de unos 13 o 14 años que indica desde una caseta dónde encontrar el pabellón en el cual proyectan la siguiente película. Ofrece café caliente a quienes preguntan.

Raymundo Sánchez es uno de los fundadores del centro y un arduo defensor de otras formas de enseñanza para México que tengan en cuenta las necesidades especiales de los jóvenes de las comunidades de los Altos de Chiapas, apenas conectados con la ciudad. “La población en edad oscila de los 12 años hasta los 24 o 25; la población nodal está entre los 16 y los 18 años. Es una edad crítica del joven de comunidad antes de formar familia y de asumir las responsabilidades propias del adulto en su comunidad”, nos explica. También que la manera que tienen los estudiantes de devolver el servicio es la ayuda en tareas del centro como ayudar en la cocina, con la limpieza, con la organización de actividades. La oferta formativa es variada, es un espacio abierto para compartir saberes, aprendizajes y estudios, donde es fácil encontrar tanto un taller de electrónica como un horno donde aprender a preparar tortas, a utilizar un pincel o aprender a tocar un instrumento. El profesor insiste en un tono casi místico en que es una experiencia que necesita ser vivida, no contada. Por ello nos ofrece que sea uno de los jóvenes quien nos muestre su día a día.

Raymundo escucha en primera fila la presentación de películas que continúa en la ciudad. En  las instalaciones del cine proyectan el documental No sucumbió a la eternidad, de Daniela, Roos que reconstruye  de una manera lírica la vida de familias que han tenido a alguien desaparecido. “Fantasma que no está”, como canta Manu Chao. La desaparición forzada uno de las mayores causas silenciosas de muerte violenta en México que atemorizan a su sociedad. Sigue un breve documental de realización más modesta dirigido por miembros del caracol La Garrucha, que narra los avances en las clínicas propias en las montañas junto a imágenes de una marcha de protesta con miles de integrantes hasta las ruinas mayas de la espectacular ciudad de Palenque.

Santiago Fernández es uno de los jóvenes que empezó como alumno hace ocho años. Ahora acompaña a las nuevas generaciones en este proyecto: “en Unitierra todos somos maestros”. Aparentemente no hay diferencia entre profesores y alumnos, todos tienen algo que aportar, sin duda remite a la pedagogía decolonial del brasileño Gilberto Freyre. Nos muestra la biblioteca con el nombre del teórico poscolonial Immanuel Wallerstein, en la cual cada jueves hay un debate abierto organizado por profesores de la Universidad Autónoma de México y miembros del Consejo Nacional Indígena. El edificio subcomandanta Ramona es la enfermería del centro decorada con murales de vivos colores que recuerdan a los pueblos originarios. A unos pocos metros hay una cancha de fútbol donde una joven tira a puerta. Es importante que los estudiantes aprenden convivencia al pasar todos los días lectivos dentro del centro junto al resto de compañeros. En muchos casos sus casas están varias horas al día de trayecto, en aldeas con menos de medio centenar de personas y sin posibilidad de ir a la escuela a diario.

Nos cuenta despacio que todo el espacio tal como lo conocemos proviene del año 2005 gracias a financiación del exterior, donaciones privadas y organizaciones de la sociedad civil, pero Santiago comenta con una media sonrisa: “los gobiernos federales no quieren ni vernos”. Resultan incómodos. Tampoco olvida que han sufrido el acoso de grupos armados y que desde hace años tienen que hacer rondas para vigilar la entrada. El temor a los quienes no quieren otros modelos de sociedad en el sureste mexicano no va a frenar a jóvenes como Santiago, que conocen de primera mano los cambios que ha producido un centro como Cideci para sus comunidades. No van abandonar este proyecto vital que les permite salir adelante. Me habla de los que llama “sus mayores”, los zapatistas, una frase que resume la sencillez de su aprendizaje vital: “hay estrellas, sol y luna para todos. Luchemos por un mundo nuevo”.

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