Un rapsoda llamado Luis María

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Crónica del "debut teatral" del periodista español Luis María Ansón, en la sala pequeña (casi Corral de Comedias) del teatro Español de Madrid, en el espectáculo Voces de Madrid (Conversaciones Matritenses),  ideado y moderado por el dramaturgo Ignacio García May.

 

 

El teatro tiene una extraña cualidad, la de convertir a un actor pobre en un rey, a un taburete en un caballo, a un escenario en un espacio infinito del alma humana. El poder mágico del teatro radica en su convencionalidad, de ahí que sea considerado en otros idiomas, como “el arte de jugar”. En el espectáculo Voces de Madrid, de Ignacio García May, que se ha representado en los dos últimos meses  en la sala pequeña del Teatro Español de Madrid, se cruzan los diferentes oficios teatrales como en un perverso juego intelectual. El autor juega el papel de El Explicador, sus invitados no son actores, son las “voces de Madrid”. García May ha seleccionado para la ocasión, a un coro de madrileñas centenarias, a un enterrador, a un enfermero que asistió a las víctimas durante la catástrofe del 11-M, así como a futbolistas, un inmigrante y una científica; todos anónimos y a la parprotagonistas.

 

El azar ha querido que fuese el personaje de El periodista quien cerrara  este ciclo de “Conversaciones matritenses”, ideadas y moderadas por el dramaturgo, y amenizadas por la exquisita pianista Isabel Arévalo. El ilustre y decano periodista Luis María Ansón fue el encargado de interpretarlo con tanta maestría como ejemplaridad. Durante su comparecencia en escena fluyeron temas de tanta actualidad como “la libertad de expresión”, a propósito del atentado sufrido por la revista francesa Charlie Hebdó, que Ansón confesó no haber leído nunca, pero a la que respaldaba plenamente en  su derecho a decir o publicar lo que quisiesen. “Los límites de la libertad de expresión sólo los marcan los límites de la ley”, afirmó Ansón.

 

Aunque El Explicador estaba muy interesado en destacar el carácter de corresponsal de guerra de su ilustre invitado, El periodista llevó el rumbo de su intervención hacia el corazón del periodismo, oficio al que radiografió con precisión en tres profundas pinceladas. “El periodismo nace para cubrir el derecho de información de los ciudadanos; su primera tarea, pues, es la de informar. En segundo lugar, el periodismo debe ejercer como contrapoder, denunciando los abusos políticos y económicos”, señaló Ansón. Aunque seguidamente manifestó su duda acerca de que esta segunda función pudiera seguir ejerciéndose en España en la actualidad, sobre todo en la prensa escrita, debido a las altas deudas económicas que sufren los periódicos nacionales más importantes como El País, ABC, La Vanguardia o El Mundo. Según el discurso de Ansón, los importantes ingresos que suministra la publicidad institucional, obliga a los directores de prensa escrita a bajar el tono de las denuncias, o directamente a evitarlas, para poder seguir extendiendo la mano, y recibiendo ingresos con los que afrontar sus deudas.

 

Con más gozo se detuvo Ansón en la tercera cualidad que debía reunir el periodismo: su carácter literario. “El oficio del buen escribir siempre debe ser el afán último del periodista”, destacó Ansón. Se trata de escribir de la más bella forma incluso los episodios más sórdidos. Recordó Ansón a una hermosa joven de mirada perdida, que conoció en alguna guerra de África. Contaban las monjas que la tenían acogida, que la muchacha había sido madre a los 17 años, y que cuando llegaron los soldados enemigos, metieron a su hijito en la máquina de cortar lonchas de jamón, para comérselo. El periodista insistió en que donde mejor se puede escribir periodismo verdadero es en las guerras, porque es en esas situaciones límites donde realmente se descubre hasta dónde puede llegar la condición humana, tanto en sus mayores atrocidades como en sus imprevistas ejemplaridades.

 

De dcha. a izq.: Luis María Ansón, Ignacio García May e Isabel Arévalo.

 

 

Los sonetos del amor oscuro de García Lorca (que fueron publicados por primera vez por Ansón en las páginas de ABC en 1984) dieron un nuevo rumbo al carácter de la velada. Un Luis María Ansón ya en caliente y a gusto en la escena, se lanzó a recitar uno de los recuperados sonetos del poeta granadino, con pasión de rapsoda, como lo habría hecho don Emilio Orozco (catedrático de la Universidad de Granada) recitando a San Juan de la Cruz ante sus alumnos. Ansón afirmó que se trataba del soneto español más importante del siglo XX, y que no se había escrito otro de esa calidad, desde el Amor constante más allá de la muerte, de Quevedo, al que se entregó igualmente a recitar Luis María en sus dos últimos tercetos, con el mismo ritmo e intensidad de vate, trovero o versolari primordial. Fue el momento más brillante del debut teatral como intérprete de sí mismo, de Luis María Ansón.

 

Como era de esperar, el teatro fue otro de los temas que se trataron, ya que este periodista ha sido no sólo uno de los espectadores más activos de la prensa española, sino además uno de los editores que más ha respaldado (desde los diarios o suplementos literarios por él dirigidos o presididos como ABC, La Razón, o El Cultural) al arte teatral, y especialmente al español, sin olvidar a las nuevas generaciones de artistas y creadores. Ansón volvió a regocijarse de que la recaudación del teatro en la ciudad de Madrid, siga siendo desde hace años superior a la del fútbol.

 

Finalmente se confesó ansonista en su adoración por las mujeres hermosas, en especial por las actrices. Destacó de entre todas a Aitana Sánchez Gijón, que en esos mismos momentos se encontraba a pocos metros de allí, ensayando en la sala grande del teatro Español Los cuentos de la peste, el próximo estreno del escritor Mario Vargas Llosa.

 

La representación, que no se extendió en desmesura, fue además de una lección magistral de periodismo, todo un recital de pasión y cordura, lucidez y valentía, de un personaje público tan relevante y a la par tan entrañable, como Luis María Ansón. El pasado lunes 19, en la sala pequeña del teatro Español (con aires y proporciones de Corral de Comedias) constituyó una velada histórica para los anales del teatro. El público que llenaba la sala, despidió al periodista a su anfitrión, y a la pianista con una cálida salva de aplausos. A continuación, se sirvió en el Café del teatro un castizo chocolate con churros a los asistentes. Para finales de primavera, se anunció una segunda edición de Voces de Madrid, en el mismo teatro.