Una buena muerte no tiene precio

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Les quiero presentar lo primero de todo a nuestros lectores de hoy en los Encuentros en Alejandría de este otoño de 2021… Seguro que recuerdan a Araceli González Campa, una voz clásica entre las clásicas de Radio Nacional de España (RNE), donde presentó durante muchos años el programa Clásicos Populares. Esta tarde interpretará a Roxane, a Hécuba, la madre de Héctor, o a doña Inés entre otros personajes. Julián Salgado es otra voz clásica de RNE, donde dirigió y presentó los Diarios Hablados de todas las franjas horarias… Esta tarde será Cyrano de Bergerac, Don Juan Tenorio, Julio César y un capitán francés muy enamorado de una estatua… A Edith Rodríguez Cachera la pueden escuchar ahora en Radio 3, de RNE, ocupándose de periodistas perseguidos y amenazados en todo el mundo en los espacios de Reporteros Sin Fronteras en la radio pública. Esta tarde será la narradora Irene Nèmirovsky, también Andrómaca, la esposa de Héctor, o Doña Flor entre otros personajes literarios… Carlos Álvarez, lector habitual del grupo Alejandría, será esta tarde director de teatro, también será Aquiles y también un muerto muy vivo, el apasionado marido de doña Flor, y desde luego Sancho Panza. Y José Francisco Serrano, catedrático de griego y nuestro Homero de cabecera, también será esta tarde director de teatro, además de un ricachón francés en la Francia ocupada, el agonizante emperador Adriano, el otro marido de doña Flor y por supuesto el Comendador… Hechas las presentaciones les recuerdo que, en nuestros Encuentros con las cosas de la vida y de la muerte, que recoge la literatura clásica, siempre seguimos una norma: utilizar libros muy vivos, cuyos autores estén bien muertos…

Araceli: Yo creo que lo haces de esa forma tan maniática porque así nos movemos en terreno seguro, para estar seguros de que la literatura elegida tiene calidad, está garantizada… y ya es, o casi, literatura clásica…

Macu: Sí, algo así debe ser. Cuando los autores mueren, muchas veces se olvidan de inmediato, pero a veces se convierten en inmortales… Ahí está la diferencia…Y mira, ya que me llamas maniática… ¿Leerías un poema?… Yo no soy mucho de poesía, pero como vamos a hablar de la muerte en la literatura me parece muy oportuno empezar suavemente, con un poema… un poema de Silvia Plath…

Dibujo de Silvia Plath.

Araceli:
Morir
Es un arte, como cualquier otra cosa
Yo lo hago excepcionalmente bien
Lo hago para sentirlo hasta las heces
Lo hago para sentirlo real
Podemos decir que poseo el don
Es fácil hacerlo en una celda
Es muy fácil hacerlo y no perder las formas
Es teatral…

José: Si, es un poema elegante… pero ¿a eso le llamas empezar suavemente? ¿No os parece un poco fuerte la muerte como tema para los Encuentros de Alejandría?… Sobre todo, ahora… cuando la pandemia del coronavirus ha provocado que haya más muertes anualmente en España que nunca… son datos del INE… que no miente…

Macu: Precisamente por eso… Con el coronavirus la muerte ha crecido a nuestro alrededor, pero es que la muerte siempre está ahí… con nosotros… y hacemos mal en esconderla… o en ignorarla… Bien lo sabía Silvia Plath, que lo dice bien claro en ese poema que nos ha leído Araceli…

Araceli: Silvia Plath, os recuerdo, se suicidó a los 31 años metiendo la cabeza en el horno y abriendo la llave del gas…

José: Y lo había intentado varias veces antes de conseguirlo… Morir es un arte… dice la tía… Seguro que tiene razón… pero creo que, menos a ella, siempre da un poco de miedo hablar de la muerte…

Macu: Cierto…  sí… y el miedo sale carísimo… Pueden ser años de psiquiatra… Por eso, igual que otros se van de fiesta Halloween, yo propongo que miremos a la muerte, tangencialmente, en los libros… quizá aprendamos algo…

Julián: Venga, ¡va!… entonces vamos a tratar de afrontar el asunto sin miedo… ¿No dice el poema de Silvia Plath que la muerte es un arte y que es teatral?… ¡Pues vámonos al teatro!

Macu: Qué buena idea… ni media palabra más… De acuerdo…

Escenario teatral

 

 

 

 

 

Carlos (de pie): ¡Me pido ser el director de escena!… Por favor… Por favor… Todos aquí… Un poco de atención… Empezamos el ensayo… A ver, ¿Cyrano?

(Julián y Araceli se ponen de pie).

Julián: Aquí estoy.

Carlos:  Ahí, sitúate ahí… Y Roxane y la monja… aquí.

Araceli: Sí, de acuerdo… Pero la monja aún no ha venido…

Carlos: ¿Cómo que no ha venido?… ¡Por favor, carpintería!… Dejad los decorados para después… Ahora estamos ensayando… Muy bien, gracias. A este lado… Roxane… mejor sentada (Araceli se sienta), estás bordando… bien… Ese foco, por favor… que ilumine directamente las manos de Roxane… Gracias.

Ahora, llega Cyrano…

Julián: Llego…

Carlos: Noooo… Un momento… des-pa-cio… Cojeas un poco… No es cojera exactamente, pero que se vea tu dificultad al caminar… Te acaban de dar un leñazo en la calle… En realidad casi estás muerto ya… Despacio… Eso es. Llegas… Bien… Te paras un momento ahí… Roxane está sentada, bordando… Adelante, Roxane…

Cyrano y Roxane

 

 

 

 

 

Araceli/Roxane: Estos colores no resaltan… Hoy llegáis tarde por primera vez en 14 años…

Julián/Cyrano: Callad, no me riñáis…

Araceli/Roxane: ¿Qué motivo?

Julián/Cyrano: Nada: una visita asaz inesperada.

Araceli/Roxane: Ya, vamos… Un inoportuno.

Julián/Cyrano: No tal, prima: ha sido una inoportuna.

Araceli/Roxane: ¿La dejasteis?

Julián/Cyrano: Perdonad, señora mía –le dije– pero aguardándome están; hoy es sábado y no puedo a cierta cita faltar. Volved dentro de una hora.

Araceli/Roxane: ¡Oh, entonces, ya aguardará; porque antes de anochecido no permito que salgáis!

Julián/Cyrano: Tal vez me sea forzoso partir antes…

Carlos: Humm… bien, bien… Roxanne te mira… Te callas y te quedas… ensimismado… mirando al suelo… ¡La monja! ¿Dónde está la monja? Nos falta Sor Marta… Esto no es serio. Dije que el ensayo empezaba a las 8…

Macu: Yo digo sus frases si quieres…

Cyrano histórico

 

 

 

 

 

Carlos: ¡No!… lo dejamos ahí… Nos saltamos la escena con la monja que se asusta al ver lo herido que está Cyrano… Nos saltamos el desfallecimiento… (pasa páginas del libreto). Nos saltamos la lectura de la carta de Arras de Christian… cuando Roxane descubre que es Cyrano quien escribía las cartas… ¡Nos saltamos todo!… ¡Vamos al Acto V, escena 7… (chasquea los dedos) Llega el amigo Lebret… llega Ragueneau… ¡Uy uy uy qué trajes!… Esos trajes no están bien… ¡Esa capa de Ragueneau tiene que ser más larga!… ¡Y el sombrero lleva plumas!… (mirando a la responsable de la Casa de Cultura). Pámela, por favor, avisa a la costurera… ¡Tengo que estar en todo!…

Cyrano va a morir

A ver… Lebret, Ragueneau, os quedáis ahí… Vamos al final del todo… Página 48… la muerte de Cyrano… Esto es lo que quiero repasar mejor… El final es muy importante… Roxane, de pie… Cyrano… empieza tú…

Julián/Cyrano: …más cuando la bienhechora muerte me acoja en su seno, cuando invada eterno frío mis huesos… ¡que vuestro luto por Christian, sea tributo a la vez del amor mío!

Araceli/Roxane: ¡Yo os lo juro!

Julián/Cyrano: ¡No! ¡Aquí no!

Carlos: Noooo…. ahí no te vas a morir bien… No te puedes quedar a su lado… Tienes que ir hacia los árboles que pondremos por allí… Ella te ha jurado luto… Ya estás tranquilo sobre ese asunto… Ahora te tienes que preparar para morir… solo…

Julián/Cyrano: Todo el mundo muere solo… y no solo en la pandemia… Siempre se muere uno solo aunque se esté acompañado…

Cyrano muriendo

Carlos: Bueno, bueno… menos filosofía… Esto es teatro y hay que hacerlo bien… Así es que primero te levantas súbitamente y te vas hacia allá… despacio… eso es…. Un momento… La espada… tienes que sacar la espada después… ¿tienes la espada?…

Julián: Aquí la tengo…

Carlos: Bien… te apoyas en la espada…  Caminas hasta allí… allí estará el árbol junto al que vas a morir… El foco aquí, por favor… Pero no iluminamos hasta que Cyrano llegue… Hummm… ¡Mejor!… iluminamos cuando él saca la espada… ¿de acuerdo?… Vamos otra vez…

Julián/Cyrano: No, aquí no. ¡Nadie intente sujetarme! ¡En el árbol a apoyarme voy!
¡Ya llega!
¡Ya llegó!
¡Ah, siéntome convertido en mármol!…
¡Mas, soy Cyrano,
y con la espada en la mano, sereno, espero erguido!

Araceli/Roxane: ¡Cyrano!

Julián/Cyrano: Nada… ¡No lucha! ¡Y osa! ¡infeliz! ¡osa mirar mi nariz esa vil desnarigada!

Carlos: Ahora levantas la espada… Más alta… así, así… Apuntando al cielo…

Julián/Cyrano: ¿Qué decís? ¿Que la victoria quien la ansía no la alcanza?…
¡Si no hay de triunfo esperanza hay esperanza de gloria!…
¿Cuántos sois? ¿Sois más de mil?
¡Os conozco! ¡Sois la ira!

Carlos: Muy bien, muy bien… dando sablazos aquí y allí… eso es… bien… sigue, sigue…

Julián/Cyrano: ¡El prejuicio! ¡La mentira!
¡La envidia cobarde y vil!…
¿Que yo pacté?… ¿Pactar yo?…
¡Te conozco, Estupidez! ¡No cabe en mi tal doblez!
¡Morir, si! ¡Venderme, no! Conmigo vais a acabar:
¡No importa! ¡La muerte espero y, en tanto que llega, quiero luchar… siempre luchar!

Carlos: Ahora vuelves al árbol… Te apoyas en el… No, mejor de este lado, el foco aquí… eso es… Sigue, sigue…

Julián/Cyrano: ¡Todo me lo quitaréis! ¡Todo!
¡El laurel y la rosa!
¡Pero quédame una cosa que arrancarme no podréis!
El fango del deshonor jamás llegó a salpicarla;
y hoy, en el cielo, al dejarla a las plantas del Señor,
he de mostrar sin empacho que, ajena a toda vileza,
fue dechado de pureza siempre, y es….

Carlos: Eso es… lo dejas en suspenso unos segundos… Te quitas el sombrero… ¡esa pluma! Dije que tenía que ser azul… ¡Pámela! Toma nota para la sastra… Cyrano aguanta un momento más…. Ahora Roxane pregunta qué es esa cosa:

Julián/Cyrano: …fue dechado de pureza siempre, y es…

Araceli/Roxane: ¡Di!

Julián/Cyrano: …(vacilando) fue dechado de pureza siempre, y es… mi…. ¿Y qué digo?

Carlos: ¿Cómo que qué dices? Pero si son tus últimas palabras… hombre, por favor, que una buena muerte no tiene precio…

Julián/Cyrano: Lo sé… pero es que antes ponía “mi penacho”… después se tachó y pusisteis “mi orgullo”… luego se tachó y alguien escribió “mi grandeza”… y más tarde “mi bravura”… Entonces ¿qué digo?

Carlos: El lío de las traducciones… el texto original en francés dice Mon panache

Macu: A ver… tener panache en francés es tener pluma, saber escribir, es decir facilidad y elegancia en la escritura, una cosa que tenía Cyrano, por supuesto… pero es que lo de tener “pluma” en español es otra cosa… así es que… no me convencía ninguna traducción… ¿Qué os parece si decimos… estilo, estilo literario?… “Mi… estilo”… ¡Eso es lo que nadie pudo quitar a Cyrano!

Carlos: ¡De acuerdo! Adelante Cyrano…

Julián/Cyrano: ¡Pero quédame una cosa que arrancarme no podréis!
El fango del deshonor jamás llegó a salpicarla;
y hoy, en el cielo, al dejarla a las plantas del Señor,
he de mostrar sin empacho que, ajena a toda vileza, fue dechado de pureza siempre, y es…

Araceli/Roxane: Di…

Julián/Cyrano: …mi estilo.

Carlos: Eso es… Caes… Mueres… y ¡telón!… ¡Te has muerto estupendamente!… Bien… ¡mañana en el escenario, a las 8 en punto!… ¡Y quiero a la monja aquí!… Y, Pámela, lo de la sastra… que no se te olvide por favor… La pluma del sombrero tiene que ser azul… como la tinta.

(Rosane, Cyrarno y el director saludan).

Se cierra el telón

Julián: ¿Habéis visto como el teatro todo lo soluciona? Es como un psicoanálisis colectivo y artístico… Acabamos de escuchar una muerte en directo y hasta nos hemos reído…

Macu: Bien. Pues ahora que hemos entrado en materia y ya no tenemos miedo… venga… vamos a recorrer una galería de muertes que nos ayuden a pensar y sean a cuál más… ¿cómo diría? ¿interesantes?

José: Pues no… ¿cómo podemos decir de la muerte que es algo interesante?…

Macu: Vale… hay que buscar otra palabra… Escuchad… esta es una de las muertes que he leído que… os parecerá raro, pero hasta casi me alegré de que este personaje terminara así, de mala manera… porque es un personaje detestable… Se llama Charles Langelet… y es uno de los burgueses que están huyendo de París en un ataque de pánico cuando empieza la ocupación alemana… el texto es de la Suite francesa de Irène Némirovsky:

Porcelana de Sèvres

 

 

 

 

 

 

Edith/Narradora: “Cuando pensaba en su piso de París se le encogía el corazón. De vez en cuando se volvía hacia el fondo del coche y miraba con ternura las cajas que contenían sus porcelanas, su más preciado tesoro. Había un grupo de Capo di Monte que lo preocupaba: se preguntaba si había puesto bastante serrín y bastante papel de seda a su alrededor (…). Suspiró. Mentalmente, se comparaba a un romano huyendo de la lava y las cenizas de Pompeya tras abandonar a sus esclavos, su casa y su oro, pero llevando entre los pliegues de la túnica una estatuilla de terracota, un vaso de forma perfecta, una copa moldeada sobre un hermoso pecho. Sentirse tan diferente del resto de los hombres era reconfortante y amargo a la vez…”.

Huida de ocupación

Macu: El éxodo de los que huyen se complica… hay largas colas de coches en los que van ricos y medianos, y también gente corriente, claro… muchos en bici, otros, la mayoría, van a pie… ya no hay comida, ni alojamientos…

Edith/Narradora: “Siempre se había orientado mal y no estaba acostumbrado a viajar sin chofer. Se pasó un buen rato dando vueltas alrededor de Gien y empezó a ponerse nervioso. Temía quedarse sin gasolina. Meneó la cabeza y suspiró. Ya sabía que pasaría algo así.

José/Langelet: Él, Charlie Langelet, no estaba hecho para aquella existencia grosera. Las mil pequeñas trampas de la vida cotidiana lo superaban. Y, en efecto, al coche se le acabó el combustible, y se paró (…). “¿No tendría usted una lata de gasolina para dejarme?”.

EDITH: “Preguntó al primer automovilista que vio. El hombre respondió que no, y Chalie sonrió amarga y melancólicamente”. 

José/Langelet: “¡Así son los hombres! Raza egoísta y dura… Nadie está dispuesto a compartir un trozo de pan, una botella de cerveza o una simple lata de gasolina con un hermano en el infortunio…”.

Macu: El tal Charles Langelet acaba sacando su gélida alma de depredador… roba la gasolina a una pareja de enamorados, ricos como él, pero jóvenes e inocentes, a los que engaña y abandona en un bosque… y luego, tras la aventura del éxodo fallido, que costó la vida a tanta gente, vuelve a París con sus porcelanas favoritas… a él le importa un comino la ocupación alemana…

Porcelana de Sèvres

José/Langelet: “El futuro será lo que tenga que ser. Me preocupa tanto como esto”.

Edith: “… lo dijo dejando caer la ceniza del cigarro. Tenía su dinero en América, y era una suerte que estuviera bloqueado, porque eso le permitiría obtener una disminución de impuestos, o incluso no pagar absolutamente nada. El franco seguiría a la baja durante mucho tiempo. Así que, cuando pudiera tocarla, su fortuna se habría decuplicado…”. 

José/Langelet: “…recordó con asombro el ataque de pánico que le había inspirado la idea de irse a vivir a Portugal o América del Sur. Algunos de sus amigos lo habían hecho, pero yo no soy ni judío ni masón, gracias a Dios, se dijo con una sonrisa de desprecio…”.

Macu: Todo son ventajas para Charlie… Ahora paga menos aún que antes al ama de llaves que limpia la casa, y acaba de contratar una sirvienta que cocinará, planchará y mantendrá sus vitrinas perfectas a precio de ganga gracias a la guerra… Esta noche ha quedado a cenar en un sitio de ricos a dos pasos… Antes de salir mira lo bien que queda en el velador la estatuilla de Sèvres que representa a Venus ante el espejo… Va elegantísimo…

París de noche

José/Langelet: “No tengo más que seguir el Sena y cruzarlo por el Pont Marie. No creo que haya mucha circulación”.

Edith: “Pero en el mismo momento que pronunciaba mentalmente esas palabras, vio aparecer un coche que se acercaba a toda velocidad y cuyos faros, pintados de azul como mandaban las ordenanzas, arrojaban un débil y lúgubre resplandor. Sorprendido, dio un paso atrás, resbaló, notó que perdía el equilibrio, agitó los brazos en el aire y, al no encontrar nada a qué agarrarse salvo el vacío, cayó. El vehículo hizo un extraño zigzag, y una voz de mujer gritó angustiada: ‘¡Cuidado!’”.

Demasiado tarde.

José/Langelet: “¡Estoy perdido, va a atropellarme!”. 

Edith: “El alerón del coche le dio de lleno en la cabeza y le destrozó el cráneo…”.

Macu: Por cierto, en el mismo momento del accidente, a la sirvienta explotada, que está limpiando en el piso, se le rompe la porcelana aquella de Sèvres… ¡Qué gran estilo el de Irène Némirovsky! Ella sabía que la iban a matar los nazis mientras escribía esta novela increíble, Suite francesa… y aparte de una extraordinaria calidad hay hasta humor en sus páginas…

Julián: Pues yo quiero que hablemos de una muerte mucho más antigua que no tiene nada de humor… aunque en principio también alegró a mucha gente… entre otros a los que la perpetraron, aunque enseguida empezaron a arrepentirse…

Apuñalamiento de César

Macu: Adivino la que dices, es una muerte total, una muerte eterna… la hemos visto en el cine muchas veces y sale en muchas novelas…

José: Pero la fuente siempre es la misma: Extracto de las vidas de los Césares, de Suetonio. Libro I, escrito probablemente unos 75 años después de que ocurriera el asesinato…

Macu: El asesinato más famoso y representado de la historia… El asesinato de Julio César…

José: LXXXII. Assidentem conspirati specie officii circumsteterunt: illicoque Cimber Tillius, qui primas partes susceperat, quasi aliquid rogaturus propius accessit: rennentique et gestu in aliud tempus differenti ab utroque humero togam apprehendit: deinde clamantem, Ista quidem vis est! alter Casca adversum vulnerat, paullum infra ingulum. Caesar Cascae brachium arreptum graphio traiecit: conatusque prosilire, alio vulnere tardatus est. 

Julián: “Cuando César se sentó, los conspiradores se apretujaron en torno de él y Tulio Cimber, que se había puesto a la cabeza de ellos, se acercó como para hacerle una pregunta. Como César, con un ademán, tratase de mantenerlo a distancia, Cimber lo asió de la toga por ambos hombros, y al exclamar aquel: ‘¡Pero esto es violencia!’, uno de los Casca, que estaba de pie a su lado, le hundió la daga por debajo de la garganta. César cogió el brazo de Casca y le clavó su cálamo, pero cuando trató de incorporarse fue detenido por otra puñalada. Al verse rodeado por todas partes se envolvió la cabeza en la túnica, recogiendo al mismo tiempo los pliegues con la mano izquierda alrededor de sus pies para que la parte inferior de su cuerpo quedase decorosamente cubierta en su caída.

Apuñalamiento de César

Así lo apuñalaron veintitrés veces. Él no pronunció palabra, y sólo se le oyó murmurar ante el primer golpe, aunque ciertos autores han sostenido que, cuando Marco Bruto se le arrojó encima, exclamó en griego: ‘¡Tú también, hijo mío!’.

Todos los conspiradores se retiraron dejándolo tendido en el suelo, muerto. Por último, tres esclavos comunes lo metieron en una litera y lo transportaron a su casa, con un brazo pendiente a uno de los lados. Antítenes, el médico, declaró que de todas las heridas solamente la segunda, en el pecho, habría resultado mortal…”.

José:Nec in tot vulueribus, ut Antistius medicus existimabat, letale ullum repertum est, nisi quod secundo loco in pectore acceperat. 

Macu: Un asesinato que te deja mudo… un magnicidio… y además… esa solemnidad del latín, la madre de tantas lenguas… Pero me voy a ir más allá del tiempo todavía… veamos morir en combate al héroe entre los héroes… al más valiente y noble guerrero que haya existido…

Héctor y Aquiles luchando

Araceli: Viniendo de ti ese valiente sólo puede ser Héctor… Así empieza la secuencia de su muerte Homero:

“…desenvainó la agudísima espada potente y muy grande que junto a su muslo llevaba colgada. Se agachó para dar un gran salto como águila rauda que cae desde una nube sombría sobre la llanura y arrebata la tierna cordera o la tímida liebre, de tal modo atacó Héctor, blandiendo la espada afilada”.

Carlos: “Se lanzó al punto Aquiles con el corazón rebosante de ira atroz; defendía su pecho con el bello escudo bien labrado, y movíase el yelmo de cuatro bollones en el cual ondeaban al viento las crines de oro abundantes y bellas que Hefesto fijó en su cimera”.

Araceli: “Como el Véspero acude a la noche rodeado de estrellas, que es el astro más bello de todos los que hay en el cielo, tal brillaba la pica que Aquiles llevaba en la mano diestra, con la intención de hacer daño al divino Héctor, y buscaba en su piel el lugar de menor resistencia, la cual toda cubría la bella armadura de bronce que, después de matarlo, a Patroclo quitó, menos donde la clavícula deja apartados los hombros del cuello y la garganta: en el sitio en que es fácil al alma perderse. Le clavó allí la lanza, atacándolo, Aquiles divino, y la punta pasó el fino cuello y salió por la nuca, pero no llegó el fresno broncíneo a cortarle el garguero, para que algo dijera y pudiese también responderle, fue a caer en el polvo, y jactándose así Aquiles divino”.

Carlos: “Héctor, cuando quitaste a Patroclo las armas creíste que te habías salvado, sin miedo de mí que no estuve. ¡Necio! Mucho más fuerte que él yo, vengador, me encontraba en las cóncavas naves y ya te quebré las rodillas y te destrozarán perros y aves de forma afrentosa y a él harán los aqueos en tanto solemnes exequias…”.

Macu: Pero se equivocó Aquiles… ya sabéis que me cae fatal… Porque quien tuvo de verdad solemnes funerales fue Héctor…

José: Un funeral de héroe… Sí… Qué importantes son los funerales… En el caso de Héctor, cuando su padre, el rey Príamo, logró recuperar su cadáver, pagando su peso en oro al vengativo y codicioso Aquiles, su madre, Hécuba, y su mujer, Andrómaca, mostraron su desconsuelo… Seguro que Araceli y Edith pueden evocarlas…

Hécuba

Araceli/Hécuba: “—¡Héctor, querido cual ninguno de mis hijos, en verdad que los Dioses te amaban en tu vida, porque por ti velaron en la muerte! Allende el mar estéril, en Samos, en Imbros, en la bárbara Lemnos, vendió Aquiles el de los pies ligeros aquellos de mis hijos a quienes hizo prisioneros. Y con el bronce agudo te ha arrancado el alma y te ha arrastrado en torno a la tumba de su compañero Patroclo, al que mataste sin que pudiese resucitarle él; y hete aquí ahora acostado como si acabaras de morir en nuestras moradas lozano y semejante a un hombre a quien el arquero Apolo acabase de herir con sus divinas flechas…”.

Andrómaca

José: Escuchamos ahora a su mujer, Andrómaca…

Edith/Andrómaca: “¡Esposo mío! Has muerto joven y en el palacio me dejas viuda… y no creo que llegue a la adolescencia ese hijo, un niño, que engendramos juntos.
¡Oh desdichados de nosotros!
De su cima será derribada antes esta ciudad porque pereciste tú, su defensor, que la protegías, y también a sus mujeres fieles y a sus tiernos hijos.
Pronto se las llevarán a las naves y a mí con ellas. ¡Y tú, hijo mío, me seguirás y tendrás que ocuparte en viles oficios, trabajando en provecho de un amo feroz…
o acaso, volteándote en su mano, algún aqueo te arrojará de lo alto de una torre, para darte una muerte horrenda, furioso, porque Héctor le mató al hermano, o al padre o al hijo… pues a sus manos cayeron mordiendo la tierra numerosos aqueos!
¡Tu padre no era dulce en el combate, y por eso le llora el pueblo en la ciudad!
¡Oh Héctor! Con duelo inconsolable abrumas a tus padres… y sobre todos me haces víctima a mí de crueles dolores porque al morir no me tendiste los brazos desde tu lecho ni tampoco me dijiste alguna palabra prudente que pudiera yo recordar día y noche… llorando”.

Helena de Troya

Macu: Y esto fue lo que dijo Helena de Troya al cadáver de Héctor…

Macu/Helena: “—¡Héctor, eras el más querido de todos mis hermanos desde que Páris, lleno de belleza, fue mi esposo y me condujo a Troya! ¡Ojalá los dioses hubieran querido que antes muriera yo!

Veinte años hace ya que vine, abandonando mi patria, y nunca me dijiste una palabra ofensiva o grosera; y si alguno de mis hermanos o alguna de mis hermanas, o mi suegra –pues el suegro fue siempre para mí un padre cariñoso– me vituperaba en nuestras moradas, tú les advertías y les calmabas con tu dulzura y tus palabras generosas.

Por eso te lloro y me aflijo: ¡Desdichada de mí, que no tendré jamás un protector ni un amigo en la gran Troya, porque me tienen horror todos!”.

José: Qué importante es despedir bien a los muertos… Eso sí que fue una ceremonia de despedida en condiciones… Cada cual llora lo que ha perdido… Y Helena había perdido a su hermano protector…

Macu: Palabras mayores para un muerto al que yo sigo admirando e imaginando guapísimo y vivo… y como está en un libro, ¡lo está!… sigue vivo… ¿alguien conoce algo más inmortal que la literatura?

Julián: Sin embargo, vendría a cuento ahora decir: A rey muerto, rey puesto… o lo del muerto al hoyo y el vivo al bollo…

Macu: ¿Y eso?

Julián: Os recuerdo que cuando todo acabó en Troya, Helena volvió con su marido de antes, Menelao… Y aun regresó a Grecia y siguió allí de reina… lo vimos en primavera en este mismo sitio, cuando hablamos de las pasiones mitológicas en Liar la de dios… Así es la vida…

El verdugo

Macu: Sigamos entonces… Cambiemos de escenario… y de fórmula de muerte… vamos a otra realidad más cruda todavía… vamos a escuchar cómo muere un condenado por la justicia… en una ejecución… Eso sí, con permiso del señor Berlanga y de su película El verdugo…

Todos (interrumpiendo): ¡Viva el imperio austrohúngaro!

Macu: Por dios, qué susto… ¡Cómo sois!

José: ¡Qué poderío el de Berlanga!… acaba de meter en nuestro guion lo del “imperio austrohúngaro” que siempre quería que se dijese en sus películas, viniera a cuento o no…

Araceli: Es que este año ha sido su centenario… Compréndelo Macu… teníamos que meterlo.

Macu: Vale. ¡Que viva el imperio Austrohúngaro y Berlanga!… A lo que iba… que ésta que viene es una de las ejecuciones más demoledoras que he leído… Parece un tratado sobresaliente contra la pena de muerte… El texto es de Truman Capote de su novela-reportaje A sangre fría… pero no es la ejecución de los tremendos asesinos protagonistas del libro… sino la ejecución de otro preso que compartía con ellos la galería…

Ejecución

Julián: “Estábamos todos en las ventanas, mirando: Perry y yo, Ronni York y Jimmy Latham. Fue justo después de medianoche, y el almacén estaba iluminado como una calabaza de Halloween. Las puertas estaban abiertas de par en par, podíamos ver a los testigos, y a un montón de guardias, y al médico y al alcaide…

Lo veíamos todo menos la jodida horca. Estaba fuera de nuestra vista, en un rincón, y lo único que alcanzábamos a ver de ella era su sombra. Una sombra en la pared, como la sombra de un cuadrilátero de boxeo.

El capellán y cuatro guardias acompañaban a Andy camino del almacén: al llegar a la puerta se detuvieron unos segundos.

Andy estaba mirando la horca (te dabas cuenta sin verlo). Llevaba los brazos atados delante de él, y de pronto el capellán alargó una mano y le quitó las gafas. Daba pena ver a Andy sin sus gafas.

Lo hicieron pasar al interior y yo me pregunté si podría ver para subir los escalones. El silencio era total; no se oía nada más que el ladrido lejano de un perro. Algún perro del pueblo.

Y luego lo oímos, el ruido…, y Jimmy Latham dijo”:

Carlos: “¿Qué ha sido eso?”.

Julián: … y yo le dije lo que había sido: la trampilla. Luego se hizo otro silencio total, a excepción de aquel perro lejano. Y nuestro Andy estuvo bailando mucho tiempo. Debió de costarles un trabajo de mil demonios llevárselo de allí. El médico salía por la puerta cada pocos minutos y se quedaba unos segundos con el estetoscopio en la mano. Yo diría que no estaba disfrutando de su trabajo; jadeaba como si le faltara el aire, y también lloraba… Jimmy dijo:

Carlos: “Mirad a esa nenaza”. 

Julián: Supongo que salía del almacén porque no quería que los demás le viesen llorar. Luego entraba y volvía a comprobar si el corazón de Andy había dejado de latir. Era como si no fuera a pararse nunca. Lo cierto es que siguió latiendo durante 19 minutos”.

El verdugo

Macu: Impresionante… ¡La justicia!… La película El verdugo de Berlanga también recogía con maestría esa misma situación…

José: Sí… es todo un tratado contra la pena de muerte…

Macu: Bueno, basta ya de muertes impresionantes… ¿Os habéis repuesto de las ejecuciones?

Araceli: No lo sé… Yo creo que no…

Julián: Oíd… me gustaría salir de tanta violencia con otro tipo de muertes… hemos visto muertes por accidente, por asesinato, por ejecución… ¿es que nadie se va a morir en su cama esta tarde?… No sé, alguna muerte más… sosegada… una muerte antológica… una buena muerte… Seguro que las hay…

Macu: Por supuesto… En los libros están todas… Fíjate en la del emperador Adriano… Según el planteamiento de Marguerite Yourcenar se está muriendo a lo largo del libro entero, porque el libro son sus memorias que está dictando en su lecho de muerte… Y cuando el emperador ya nos lo ha contado todo…  entonces… ¿Quién quiere ser el emperador que muere sosegadamente?

Adriano

José/Adriano: “Querido Marco:

He ido esta mañana a ver a mi médico Hermógenes, que acaba de regresar a la Villa después de un largo viaje por Asia (…). Me tendí sobre un lecho después de despojarme del manto y la túnica. Te evito detalles que te resultarían tan desagradables como a mí mismo, y la descripción del cuerpo de un hombre que envejece y se prepara a morir de una hidropesía del corazón. Digamos solamente que tosí, respiré y contuve el aliento conforme a las indicaciones de Hermógenes, alarmado a pesar suyo por el rápido progreso de la enfermedad, y pronto a descargar el peso de la culpa en el joven Iollas, que me atendió durante su ausencia…

Es difícil seguir siendo emperador ante un médico, y también es difícil guardar la calidad de hombre. (…) mis piernas hinchadas ya no me sostienen durante las largas ceremonias romanas; me sofoco; y tengo sesenta años…

Me han traído a Bayas; con los calores de julio el viaje fue penoso, pero respiro mejor a orillas del mar…

He mandado a buscar a Antonino; un correo sale hacia Roma a galope tendido… Diótimo solloza… Siento caer sobre mis dedos esas lágrimas deliciosas. Hasta el fin Adriano habrá sido amado humanamente.

… Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos a las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver… Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos…”.

Castell Santo Angelo

Julián: El divino Adriano Augusto, hijo de Trajano, murió a la orilla del Mar Mediterráneo en el año 138 después de Cristo. Su tumba en Roma fue grandiosa… se llamó “la mole de Adriano”. Hoy la conocemos como el Castello del Santo Angelo…

Macu: Desde que nacemos, los emperadores de Roma y los campesinos de los Montes de Toledo y las periodistas jubiladas… todos por igual, nos empezamos a morir. Y siempre nos estamos muriendo. Y la muerte nos acompaña constantemente y nunca nos deja en paz hasta que nos lleva…  a los emperadores, igual que a los campesinos, o los informáticos… o a los panaderos.

Carlos: Salvo los dioses inmortales, hasta los mejores personajes de la literatura más inmortal se mueren también…

Julián: Y no digamos los de la ópera… Menos en las óperas bufas, en cada una mueren varios… eso sí, siempre acompañados de música maravillosa… Precisamente Tosca se suicida tirándose del Castelo del Santo Angelo…

Macu: Me acabo de dar cuenta de que las únicas muertes de mujeres que hemos mencionado, Silvia Plath al principio y ahora tú has mencionado a Tosca… ¡son suicidios!… y si lo piensas, en la literatura pasa lo mismo, cuando sale la muerte de un personaje femenino suele ser un suicidio… o un asesinato: Madamme Bovary (Flaubert) se suicida… Anna Karenina (Tolstoi) también… a Carmen, la de Merimèe, la asesinan… Da que pensar…

Julián: La muerte de Tosca por lo menos es una muerte musical por todo lo alto… antológica…

Macu: Eso sí… Pero no me negaréis que la más antológica de todas las muertes literarias, la madre de todas las mejores muertes es la de nuestro héroe universal, Don Quijote de la Mancha…

Grabado de Doré: Muerte de Don Quijote

Julián: ¡Luz de la caballería!…

Carlos: ¡Caballero del Honor!

Macu: ¡Gloria de La Mancha!…

José: …y de Alcalá de Henares… y de Valladolid… Y de Barcelona y de Toledo… ¡Y de la tierra redonda toda!… ¡Vivo entre los vivos por siempre jamás!… No lo niego… su muerte en el libro universal es la más antológica…

Araceli: Muere en paz… en su cama… rodeado de todos los que le quieren… en paz con Dios y con el mundo… con la vida cumplida y sin tareas pendientes… Sí… es una buena muerte.

José: Sí. Pero no creo que leamos esa muerte en voz alta… Por lo menos yo no lo voy a hacer.

Macu: Yo tampoco… no puedo… A lo más que puedo llegar sin perder los papeles es a escuchar la despedida que le hace Sancho…

Carlos/Sancho Panza: “¡Ay! No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire, no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada…”.

Macu: ¡Para! Gracias… pero, para ahí…

Araceli: La despedida de los seres queridos es muy importante… Esa despedida de Sancho a su amigo es preciosa… Las buenas despedidas logran una cosa maravillosa… que los seres queridos sigan vivos en nuestro recuerdo… Fijaos si son importantes las buenas despedidas que hasta logran eso con los muertos anónimos… Cuenta aquí eso que me contaste el otro día que pasaba en Colombia…

Macu: Sí… Durante los años duros de violencia en Colombia, en la zona de selva del río Negro, que luego se convierte en el Amazonas, llegaban por el río a las aldeas muchos cadáveres que obviamente no habían tenido buena vida, eran personas asesinadas… Entonces los aldeanos los enterraban, les ponían un nombre y luego visitaban sus tumbas como si fueran muertos suyos… Les rezaban y les pedían cosas: que se cure mi hijo, que me salga bien tal asunto… y como algunas cosas se conseguían, entonces empezaron a venerar a esos muertos como sus benefactores…

Araceli: Acababan teniendo después de muertos el cariño y admiración que no tuvieron vivos… A ellos no les sirve de mucho ya, pero es bonito… Habla bien de los seres humanos.

Macu: Otro ejemplo de buenas despedidas generosas se da más cerca, a pocas millas de Alicante… en la costa de Túnez, una organización humanitaria recoge los cadáveres de inmigrantes que llegan y los entierran dignamente sacando antes una muestra de ADN, por si algún familiar en el futuro se interesase por su suerte… Es muy importante poder despedir a los muertos… Y por eso sigue siendo tan doloroso para muchos no poder despedir en condiciones a los muertos de nuestra Guerra Civil que aún siguen en cunetas y descampados…

Edith: Despedir bien para poder hacer el duelo… Sí. Es necesario. Y saber dónde y cómo reposan también… Fijaos ahora mismo en la tristeza infinita de los vecinos de Las Llanos en la isla de La Palma con la lava tragándose el cementerio entero donde están sus seres queridos…

Macu: Una pena grande, sí… creo que van a hacer un memorial en el pueblo recogiendo los nombres de todos los que estaban allí enterrados… ahora mucho más profundamente, bajo toneladas de lava… Es muy importante la memoria…

Edith: Sí, la memoria… Cuando son seres queridos los que se ha ido, una vez hecho el duelo, pueden pasar cosas consoladoras… Mucha gente sueña con sus padres muertos, o personas queridas muertas y se sienten protegidas por ellos…

Macu: Eso es muy común… y es algo que también recoge la literatura… Hay una muestra de eso, maravillosa, y alegre, en Doña Flor y sus dos maridos…

Edith: Síííí… Qué maravilla doña Flor…

Araceli: ¿Doña Flor no es esa señora brasileña que se queda viuda de un tipo muy Don Juan y muy pasional y después se casa con un señor estupendo mucho más tranquilo y luego se le aparece el marido muerto?

Macu: Esa misma…

Araceli: Uy… a mí me encanta esta señora… Y esa novela, es deliciosamente erótica…

Doña Flor y sus dos maridos

Macu: Pues, venga, adelante… Doña Flor y su nuevo y sosegado marido, don Teodoro, tenían un matrimonio muy programado… los miércoles y los sábados hacían el amor…

Araceli: “No era miércoles ni sábado, pero doña Flor tenía puesto el camisón nupcial y el doctor dijo:

José/Teodoro: ¡Qué recuerdo más gentil, querida! Hay ocasiones que se imponen, perdóname si hoy abuso sin hacer caso al calendario…

Araceli: Él era siempre así, tan prudente y delicado, ¿qué mujer no quedaría cautiva de su educación? Aceptó doña Flor, pero con los sentimientos en desorden (…). Llena de confusión, se perdió en el camino, rompiéndose la coordinación justa y perfecta que los unía en el placer, casto pero impetuoso. En su turbación, no pudo acompañar al marido paso a paso como de costumbre, y allá se fue él primero, mientras que doña Flor, en el bis (pues hubo bis), consiguió liberarse de la prisión de sus tensos nervios. Jamás se había dado así, con tanto desacierto, casi repitiendo los errores de la primera noche. Por suerte, aunque él la hubiese notado extraña y esquiva, seguramente atribuyó el desencuentro y el comportamiento a la fatiga, al ajetreo de la fiesta de cumpleaños.

De mañanita, cuando la primera luz, todavía confundida con la noche, comenzaba a extenderse por las paredes, doña Flor oyó unos pasos a lo lejos, y solo entonces se quedó dormida, con un sueño pesado, como si hubiera tomado estupefacientes.

Ahora se ponía las chinelas la bata floreada sobre el camisón, se pasaba el peine por el pelo y se encaminaba a la cocina. Pero al llegar a la sala descubrió al perverso, tendido sobre el diván, en toda su impúdica desnudez. Tenía que despertarlo sin falta (…) Doña Flor tocó el hombro de Valdinho y el abrió un ojo, rezongando:

Carlos/Vldinho: Déjame dormir, acabo de llegar.

Edith/Doña Flor: No puedes dormir aquí, en la sala…

Carlos/Vldinho: ¿Qué tiene de particular?

Edith/Doña Flor: Ya te dije… me turbas…

Carlos/Vldinho: ¿Y yo qué tengo que ver…? Déjame en paz…

Edith/Doña Flor: Ya empiezas con tus modales de bruto… por favor Valdinho…

Carlos/Vldinho: Está bien, boba. Voy al dormitorio… ¿Ya salió mi colega?

Edith/Doña Flor: ¿Colega?

Carlos/Vldinho: Tu doctor… ¿No nos hemos casado contigo los dos, no somos tus maridos? Colegas de concha, mi bien…

Araceli: Y la miraba con complicidad e impudor (…) aunque sólo ella podía ver al aparecido Valdinho… Los dos hombres se cruzaron en el comedor, y, viéndolos pasar, uno que salía, otro que entraba, doña Flor sintió ternura por ellos, tan diferentes, pero ambos maridos suyos ante la iglesia y el juez. “Los dos colegas”, se acordó riéndose de la picardía…”.

Macu: Preciosa esta lectura… según avanza la novela doña Flor se va a acostumbrar a esa inmensa felicidad de poder amar a sus dos maridos, al muerto y al vivo, sin que nadie lo pase mal… pero, aunque doña Flor tenga esa gran suerte… la muerte es una cuestión difícil… y siempre da un poco de miedo…

Carlos: ¿Otra vez? ¿Otra vez con esas?

Macu: Otra vez… es inevitable… y además no sé cómo terminar bien este asunto…

José: ¿Qué tal una muerte literaria-literaria?

Macu: Todas las que hemos visto están en los libros.

José: Ya, pero esta que yo digo es más literaria aún…

Macu: ¿Y cuál muerte dices?

Toledo

José: La de un caballero… bueno, no tanto, un capitán francés que en la Guerra de la Independencia se aloja en Toledo en una capilla… y se enamora allí perdidamente de una toledana maravillosa que lleva muerta varios siglos…

Macu: Eso seguro que es una leyenda de mi tierra…

José: Naturalmente, es la leyenda El beso, de Gustavo Adolfo Bécquer…

Araceli: Pero la muerte en cuestión cuál es ¿la del capitán o la de la dama que ya estaba muerta de antes?

José: Bueno, veréis… Resulta que el capitán se ha enamorado de verdad de la divina estatua de la dama que está allí, en la capilla… está obsesionado y hasta celoso del marido, cuya estatua está junto a la de ella, y dice que si no fuera que temiese que le trataran de loco habría hecho cien pedazos la estatua del maridoLos soldados a los que les cuenta la historia se ríen de él… y entonces el capitán les invita una noche a beber champagne en la capilla para que puedan verla… Encienden una fogata en la iglesia con los respaldos y asientos de madera del coro, lo destrozan todo, beben, comen, ríen… y por fin… escuchad, escuchad…

Gustavo Adolfo Bécquer

Julián/Capitán: “Tengo el placer de presentaros a la dama de mis pensamientos. Creo que convendréis conmigo en que no he exagerado su belleza. 

Carlos: Los oficiales volvieron los ojos al punto que les señalaba su amigo, y una exclamación de asombro se escapó involuntariamente de todos los labios. ‘En verdad que es un ángel’, exclamó uno de ellos. ‘Lástima que sea de mármol’, añadió otro…”.

José: El capitán les cuenta que por las inscripciones en latín de la tumba ha sabido que era doña Elvira de Castañeda, mujer de un noble de Castilla famoso guerrero que hizo campañas con el Gran Capitán… es decir, que hace cuatro siglos que está muerta. Todos siguen bebiendo… y el capitán, que parecía desesperado, más que todos… y en un momento dado lanza un brindis lleno de celos a la estatua del marido y le tira a la cara el vino de su copa…

Carlos: “¡Capitán!, exclamó en aquel punto uno de sus camaradas en tono de zumba. “Cuidado con lo que hacéis… Mirad que esas bromas con la gente de piedra suelen costar caras…

Julián: Miradla… miradla… ¿no veis esos cambiantes rojos en sus carnes mórbidas y transparentes?… ¿No parece que por debajo de esa ligera epidermis azulada y suave de alabastro circula un fluido de luz de color de rosa?

(…) Yo he sentido este fuego que corre por las venas hirviente como la lava de un volcán, cuyos vapores caliginosos turban y trastornan el cerebro y hacen ver visiones extrañas (…) necesito un soplo de brisa del mar para mi frente calurosa, beber hielo y besar nieve (…) Una mujer hermosa y fría, como esa mujer de piedra que parece incitarme con su fantástica hermosura… que me provoca entreabriendo sus labios y ofreciéndome un tesoro de amor… sí… un beso… solo un beso suyo podrá calmar el ardor que me consume.

Carlos: ¡Dejad en paz a los muertos!

Al tenderle los brazos a la estatua resonó un grito de horror en el templo. Arrojando sangre por ojos, boca y nariz, había caído desplomado y con la cara deshecha al pie del sepulcro.

Los oficiales, mudos y espantados, ni se atrevían a dar un paso para prestarle socorro.

En el momento en que su camarada intentó acercar sus labios ardientes a los de doña Elvira, habían visto al inmóvil guerrero levantar la mano y derribarle con una espantosa bofetada de su guantelete de piedra”. 

Macu: ¡Madre mía!… ¡Toma Halloween! Efectivamente… eso es una muerte literaria, de leyenda, de misterio y de todo junto… y lo demás son tonterías…

Carlos: Pues ya que estamos ¿Por qué no volvemos al teatro?… ahí no importa que se muera la gente… porque no se muere en realidad… y además estamos en noviembre… que es el mes de un personaje con una muerte teatral increíble… Su gran momento…

Todos: ¡Don Juan Tenorio!

Don Juan

Macu: Don Juan, don Juan yo lo imploro, de su humilde condición, o arrancadme el corazón, o amadme porque os adoro… Ay… yo de pequeña me sabía todo el papel de doña Inés… ¿os lo podéis creer?

José: Buenas costumbres de antes: Aprenderse poesías y obras de teatro clásicas en el colegio… Ay… Doña Inés del alma mía… si es que amar es tan importante como morirse… y ojalá fuera también inevitable… (Se levanta).

A ver… voy a ser yo el director…Todos a su posición, que vamos a ver morir a Don Juan… (organiza la situación de cada uno). Nos situamos… hacedme caso… vamos con la obra de Zorrilla…

Todos: Vale.

Última escena del Tenorio

José: Tendremos las estatuas del cementerio por aquí alrededor como si fueran invitados… la mesa en el centro, la vajilla… los platos llenos de huesos… ¡Don Juan!  (señala a Julián, que se levanta) y la estatua del Comendador, que puedo ser yo mismo… Las tumbas se han abierto… los esqueletos alrededor… ¡Pámela!, tendrás que contratar a unos cuantos mimos disfrazados de esqueletos que se muevan sin hacer ruido…

Veamos… Hummm… vamos al verso 105, tercer acto, escena segunda… ¡Tenorio!… venga, que ha llegado tu hora…

Julián/Don Juan: “¡Imposible! ¡En un momento borrar treinta años malditos de crímenes y delitos!

José/Estatua: Aprovéchale con tiento, porque el plazo va a expirar, y las campanas doblando por ti están, y están cavando la fosa en que te han de echar…”.

Humm… aquí es donde se tendría que escuchar Mozart claramente de fondo… ¡Toma nota Pámela!… Venga seguimos…

Julián/Don Juan: “¿Conque por mi doblan?

José/Estatua: Sí.

Julián/Don Juan: ¿Y esos cantos funerales?

José/Estatua: Los salmos penitenciales que están cantando por ti.

Julián/Don Juan: ¿Y aquel entierro que pasa?

José/Estatua: Es el tuyo

Julián/Don Juan: ¡Muerto yo!

José/Estatua: El capitán te mató a la puerta de tu casa.

Julián/Don Juan: Tarde la luz de la fe penetra en mi corazón, pues crímenes mi razón a su luz tan solo ve… Los ve… y con horrible afán, porque al ver su multitud, ve a Dios en su plenitud de su ira contra don Juan…

¡Ah! Por doquiera que fui la razón atropellé, la virtud escarnecí y a la justicia burlé. Y emponzoñé cuanto vi, y a las cabañas bajé, y a los palacios subí, y los claustros escalé y pues tal mi vida fue, no… no hay perdón para mí…”.

José: Para, para, para… A ver, saltamos tres páginas… vamos a aprovechar que tenemos a doña Inés para ensayar… (señala a Araceli, que se levanta). Hummmm… querida, ese maquillaje habrá que mejorarlo… Un poco más de mármol en la cara… y la túnica más rígida… eres una estatua…  ¡más mármol en todo! ¡más mármol!…

Don Juan con Doña Iné

 

Araceli: A ver si me poneis tanto que luego no puedo ni hablar…

José: Ya veremos… Bueno, va… Situación: La estatua del comendador te ha pedido la mano para llevarte al infierno con él… Y ahí estamos… Don Juan, de rodillas, estirando al cielo la otra mano, suplicando… los esqueletos acercándose… La luz aquí, en el centro… Se abre una tumba… y… el foco… ¡adelante doña Inés!

Araceli/Doña Inés: “No… heme ya aquí don Juan, mi mano asegura esta mano que a la altura tendió tu contrito afán… y Dios perdona a don Juan, al pie de mi sepultura.

Julián/Don Juan: ¡Dios clemente! ¡Doña Inés!

Araceli/Doña Inés: Fantasmas, desvaneceos… su fe nos salva… volveos a vuestros sepulcros, pues la voluntad de Dios es; de mi alma con la amargura purifiqué su alma impura, y Dios concedió a mi afán la salvación de don Juan al pie de la sepultura.

Julián/Don Juan: ¡Inés de mi corazón!

Doña Inés redime a Don Juan

Araceli/Doña Inés: Yo mi alma he dado por ti y Dios te otorga por mi tu dudosa salvación. Misterio es que en comprensión no cabe de criatura, y solo en vida más pura los justos comprenderán que el amor salvó a don Juan al pie de la sepultura. Cesad cantos funerales; callad mortuorias campanas; ocupad sombras livianas vuestras urnas sepulcrales… Volved a los pedestales animadas esculturas… y las celestes venturas en que los justos están, empiecen para don Juan en las mismas sepulturas…”.

José: Ahora tendrían que caer cientos de flores… suavemente… Un diván de piedra lleno de flores surgiendo por aquí… así, muy bien… Doña Inés queda tendida en las flores… Muy elegante, muy bien… Venga, don Juan… ¡a morir!

Julián/Don Juan: “Clemente Dios… ¡gloria a ti! Mañana a los sevillanos aterrará el creer que a manos de mis víctimas caí… Más es justo; quede aquí al universo notorio, que, pues me abre el purgatorio un punto de penitencia, es el Dios de la clemencia el Dios de don Juan Tenorio…”.

José: Ahí está… muy buena muerte, sí señor… Te caes ahí mismo, abrazado a los pies de doña Inés… que te ha salvado del infierno… Y a ver si mañana te mueres igual de bien.

 

Final

¡Un momento!… los eléctricos… a ver qué hacemos con las luces… porque como se nos vaya la mano esto va a quedar cursi, cursi, cursi… Los focos tienen que salir de abajo y suben, suben, suben… para que todo quede en penumbra aquí abajo… Y quizá habría que poner un ciprés y unas estrellas por allí arriba… Pámela… ocúpate de todo… por favor… Muy buenas tardes a todos.

 

(Don Juan, doña Inés, el director y todos saludan inclinándose).

 

Jueves. 4 de noviembre de 2021. Casa de Cultura de Valdemorillo/ Salón de Encuentros

 

Libros utilizados: 

Cyrano de Bergerac, de Edmund Rostand.

Suite francesa, de Irène Némirovsky.

Vidas de los doce Césares, de Suetonio.

La Ilíada, de Homero.

A sangre fría, de Truman Capote.

Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar.

Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes.

Doña Flor y sus dos maridos, de Jorge Amado.

El beso, de Gustavo Adolfo Bécquer.

Tenorio, de José Zorrilla.

Un poema de Silvia Plath.

 

Lectores: Araceli G. Campa, Carlos Álvarez, Julián Salgado, José Francisco Serrano y Edith Rodríguez Cachera.
Guion: Macu de la Cruz.

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