Una buhardilla muy italiana

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La escalera de Don Pedro 7 relucía como el costillar de una ballena. La amplitud de su hueco central da una idea de la magnitud de aquel edificio construido en 1874, con las trazas de un Palazzo romano, más que de una corriente casa isabelina del Madrid de los Austrias. El elegante trazado -con frontones y medallones- de su fachada la convertía en una de las casas más italianas de la capital de España.

 

En el piso bajo vivieron las Costus, pareja de artistas pintores de La movida madrileña, cuyos cuadros llegaron a estar muy cotizados. Organizaban unas fiestas de lo más sonado, de las que no dejaban de entrar y salir las caras más famosas del momento. El casero de las Costus era un anticuario que amasó una fortuna con la patente de la importación del metacrilato para España. La dueña de la buhardilla resultó ser la secretaria del próspero importador de plásticos.

 

Cada vez que acudía a abonarle la mensualidad a su patrona, entraba en aquel discreto palacete de la cercana plaza de los Carros, en cuyo interior se respiraba el lujo de repente. Sobre los suelos de granito de un patio recoleto, reposaban los macetones de pilistras, rodeados por bustos romanos de mármol, levitando sobre sus pedestales de metacrilato. En el piso superior, las paredes lucían cubiertas por grandes cuadros de Equipo Crónica, Guerrero, Darío Villaba, Palazuelo, Gordillo… junto con otros pintores más clásicos.

 

La verdad es que la suya era una buhardilla, pero no una buhardilla cualquiera; vivir allí (además de en pleno centro y con total independencia,) también satisfacía algunas de sus ínfulas de grandeza.

 

 

Fotomontaje: Vizcaíno