Una cita con Galdós

0
190

Macu: Buenas tardes a todos. Voy a leeros una cita de Galdós que me gusta especialmente: “Bien puede decirse que la estrategia, y la fuerza y la táctica, que son cosas humanas, no pueden ni podrán nunca nada contra el entusiasmo, que es divino”… Fin de la cita. A mí también me parece que el entusiasmo es algo divino…

Araceli: Esa frase aparece en Bailén (1873), la novela número 4 de la Primera serie de los Episodios Nacionales. Y supongo que la dirá Gabriel Araceli, que es el gran protagonista de esa serie… pero yo creía que eso de Una cita con Galdós era porque nos citábamos con él en este Encuentro…

Macu: Ah, claro, sí, en realidad es por eso… porque tenemos una cita pendiente con este escritor fantástico… pero es que esta tarde me siento entusiasmada…

Berta: Pues un momento, por favor, antes de que sigáis… Es que este título… Una cita con Galdós… dice una… Y yo me pregunto… ¿eso significa que no va a haber más citas con Galdós?… Quizá debería decir “primera” cita con Galdós… para dejar abierta la posibilidad de más citas… digo… ¿no?

Macu: Desde luego, tienes razón… Con Galdós es imposible quedar una sola vez… Este hombre de escritura enorme, grande, casi inabarcable, no es hombre de una cita… sino de todas las que hagan falta…

Berta: Ah… bueno… Tranquilidad entonces… Disculpas… venga, seguir por favor…

Araceli: Hablando de citas… Galdós debía ser un hombre de citas… citas amorosas me refiero… ¡Lo que hubiera disfrutado en estos tiempos como cibernauta!

Macu: Habría podido hacer muchas más citas sin duda… pero yo creo que la brevedad de Twitter no le habría gustado nada… Muchas citas… si… pero estuvo soltero toda la vida… y de la mayoría de sus amantes no se sabe gran cosa…

Araceli: Tiene una autobiografía… se puede mirar ahí…

José: Me vais a permitir… Yo creo que esto es un puro cotilleo…

Macu:  No… no… en realidad sólo miramos sus libros… La autobiografía se titula Memorias de un desmemoriado… y al comienzo dice, tal cual, una frase reveladora:

Julián/Galdós: Lo referente a mi infancia carece de interés.

Macu: Son algo así como 19 años en Las Palmas los que quedan en la sombra más completa… y luego ya siempre vive en Madrid, a donde llega en 1862 con 19 años. Las memorias están hechas a modo de libro de viajes… pero sobre referencias amorosas no habla nunca… ni una palabra…

Araceli: Vaya… pues nada… La discreción sobre su vida privada fue clamorosa, es verdad… Escribe una carta a Leopoldo Alas, en junio de 1888 (cuando tenía 35 años) en la que abomina de las entrevistas…

Julián/Galdós: “… Siento cierta repugnancia a entregar al público la vida privada. Nunca me han gustado los interviews ni la intrusión de los reporters en el hogar doméstico. Me parece a mí que los escritores, valgan lo que valieren, deben poner entre su persona y el vulgo o público como una muralla de la China, honesta y respetuosa (…) Las confianzas con el público me revientan. No me puedo convencer de que le importe a nadie que yo prefiera la sopa de arroz a la de fideos”.

Macu: De todos modos se saben unas cuantas cosas… Que le gustaba la cocina canaria… que adoraba a las mujeres… que tuvo una hija con una de ellas… Claro, no es como si hubiera existido el ¡Hola!…

José: Bueno… No os lo toméis a mal, pero deberíamos encauzar un poco mejor este cotilleo en el que os habéis enfrascado… casi parecéis gente de esa de los programas de la tele… y, francamente, aunque don Benito fue muy popular, creo que no procede…

Araceli: Es que la palabra esa, cita… con Galdós, nos ha liado un poco…

Macu: Venga si… De acuerdo… encaucemos… Benito Pérez Galdós fue el décimo hijo de una familia muy numerosa donde las hijas eran mayoría absoluta… El padre era militar y la madre era una madre… muy madre… una madre vasca, guipuzcoana concretamente, hija de un inquisidor…

Araceli: El misterio o la discreción sobre su vida amorosa empieza con su  primer amor, que fue una cubana, Sisita, que era la hija natural de su hermano mayor…

José: Vaya… ¿vamos a seguir con los cotilleos?

Araceli: No, no… perdona, son datos, datos objetivos que determinan su vida de escritor…

José: Ah… bueno, entonces adelante.

Macu: Parece que esa relación con la sobrina cubanita perturbó a su madre, Dolores, que se encargo personalmente de que no prosperara… Y determinó lo de venirse a Madrid… para estudiar derecho… aunque eso no fue lo que hizo…

Julián/Galdós: Entré en la Universidad, donde me distinguí por los frecuentes novillos que hacía, como he referido en otro lugar. Escapándome de las cátedras, ganduleaba por las calles, plazas y callejuelas, gozando en observar la vida bulliciosa de esta ingente y abigarrada capital. Mi vocación literaria se iniciaba con el prurito dramático, y si mis días se me iban en flanear por las calles, invertía parte de las noches en emborronar dramas y comedias. Frecuentaba el Teatro Real y un café de la Puerta del Sol, donde se reunía buen golpe de mis paisanos.

Araceli: Está documentado que era un aficionado fiel de conciertos y óperas… y escribió muchas críticas musicales…

Macu: De Mamá Dolores se dice que fue la inspiración directa de una de sus primeras obras, Doña perfecta… En esta novela corta… que muchas veces parece escrita como un diálogo de teatro directamente (de hecho, luego hizo una obra de teatro con ella), Doña Perfecta sería el alter ego de Mamá Dolores… Y el protagonista masculino, el ingeniero Pepe Rey, sobrino de Doña Perfecta, podría ser un trasunto del propio don Benito…

Carlos/Pepe Rey: Señora –dijo Pepe Rey gravemente dejando de comer– ruego a usted que no se burle de mí de una manera tan despiadada. Yo no puedo ponerme en ese terreno… No he dicho más sino que vine a Orbajosa llamado por usted.

Araceli/Doña Perfecta: Y es cierto. Tu padre y yo concertamos que te casaras con Rosario. Viniste a conocerla. Yo te acepté desde luego como hijo… Tú aparentaste amar a Rosario…

Carlos/Pepe Rey: Perdóneme usted –objetó Pepe–. Yo amaba y amo a Rosario; usted aparentó aceptarme por hijo; usted, recibiéndome con engañosa cordialidad, empleó desde el primer momento todas las artes de la astucia para contrariarme y estorbar el cumplimiento de las promesas hechas a mi padre; usted se propuso desde el primer día desesperarme, aburrirme y con los labios llenos de sonrisas y de palabras cariñosas, me ha estado matando, achicharrándome a fuego lento; usted ha lanzado contra mí en la oscuridad y a mansalva un enjambre de pleitos; usted me ha destituido del cargo oficial que traje a Orbajosa; usted me ha desprestigiado en la ciudad; usted me ha expulsado de la catedral; usted me ha tenido en constante ausencia de la escogida de mi corazón; usted ha mortificado a su hija con un encierro inquisitorial, que le hará perder la vida, si Dios no pone su mano en ello.

José/Narrador: Doña Perfecta se puso como la grana. Pero aquella viva llamarada de su orgullo ofendido y de su pensamiento descubierto pasó rápidamente dejándola pálida y verdosa. Sus labios temblaban. Arrojando el cubierto con que comía, se levantó de súbito llevándose ambas manos a la cabeza y comprimiéndosela según el ademán propio de la desesperación. El sobrino se levantó también.

Araceli/Doña Perfecta: ¡Dios mío, Santa Virgen del Socorro! ¿Es posible que yo merezca tan atroces insultos? Pepe, hijo mío, ¿eres tú el que habla?… Si he hecho lo que dices, en verdad que soy muy pecadora…

Carlos/Pepe Rey: ¡Por Dios querida tía!…

Araceli/Doña Perfecta: ¿Para qué nombras a Dios si no crees en él?… Si creyeras en él, si fueras buen cristiano, no aventurarías pérfidos juicios sobre mi conducta. Yo soy una mujer piadosa, ¿entiendes? Yo tengo mi conciencia tranquila, ¿entiendes? Yo sé lo que hago y por qué lo hago, ¿entiendes?

Macu: La discusión sigue… Doña Perfecta acaba confesando a su sobrino, dando rodeos, que no quiere que sea su yerno porque no es creyente… El sobrino dice comprende su punto de vista… Y entonces ella se envalentona…

Araceli/Doña Perfecta: Ahora que pareces reconocer tu error… te haré otra confesión, y es que voy comprendiendo que hice mal en adoptar tal sistema, aunque mi objeto era inmejorable. Dado tu carácter arrebatado, dada tu incapacidad para comprenderme, debí abordar la cuestión de frente y decirte: “sobrino mío, no quiero que seas esposo de mi hija”.

José/Narrador: El ingeniero, respiró con desahogo, como quien se ve libre de enorme peso…

Carlos/Pepe Rey: Ese es el lenguaje que debió emplear usted conmigo desde el primer día… Agradezco mucho a usted esas palabras, querida tía. Después de ser acuchillado en las tinieblas, ese bofetón a la luz del día me complace mucho.

Araceli/Doña Perfecta: Pues te repito el bofetón, sobrino –afirmó la señora con tanta energía como displicencia–. Ya lo sabes. No quiero que te cases con Rosario.

José/Narrador: Pepe calló. Hubo una larga pausa, durante la cual uno y otro estuvieron mirándose fija y atentamente, cual si la cara de cada uno fuese para el contrario la más perfecta obra del arte.

Araceli/Doña Perfecta: ¿No entiendes lo que te he dicho? –repitió ella–. Que se acabó todo, que no hay boda.

Carlos/Pepe Rey: Permítame usted querida tía –dijo el joven, con entereza– que no me aterre con la intimación. En el estado a que han llegado las cosas, la negativa de usted es de escaso valor para mí.

Araceli/Doña Perfecta: ¿Qué dices? –gritó fulminante doña Perfecta.

Julián/Pepe Rey: Lo que usted oye. Me casaré con Rosario.

José/Narrador: Doña Perfecta se levantó indignada, majestuosa, terrible. Su actitud era la del anatema hecho mujer. Rey permaneció sentado, sereno, valiente, con el valor pasivo de una creencia profunda y de una resolución inquebrantable. El desplome de toda la iracundia de su tía que le amenazaba no le hizo pestañear. Él era así.

Macu: Bueno… en la vida real, en Las Palmas, y si es que se discutió sobre la amada cubana Sisita, sobrina natural del joven Benito… no sucedió nada de esto… Los amores fueron abortados y Galdós navegó a Madrid… En cambio, en la novela, que se publica cuando Galdós tiene 33 años, ni siquiera se para siendo valiente y mostrando resolución inquebrantable… En la novela, Mamá Dolores recibe además bastantes dosis de sopas con honda…

Araceli/Doña Perfecta: ¿Acaso no hay en el mundo más que ella y tú? ¿No hay padres, no hay sociedad, no hay conciencia, no hay Dios?

José/Narrador: Rey se levantó y alzó el brazo señalando al cielo…

Carlos/Pepe Rey: Porque hay sociedad, porque hay conciencia, porque hay Dios… digo y repito que me casaré con ella…

Araceli/Doña Perfecta: ¡Miserable, orgulloso! Y si todo lo atropellaras, ¿crees que no hay leyes para impedir tu violencia?

Carlos/Pepe Rey: Porque hay leyes, digo y repito que me casaré con ella.

Araceli/Doña Perfecta: Nada respetas.

Carlos/Pepe Rey: No respeto nada que sea indigno de respeto.

Araceli/Doña Perfecta: Y mi autoridad, y mi voluntad, yo… ¿yo no soy nada?

Carlos/Pepe Rey: Para mí su hija de ustedes todo: lo demás nada.

Macu: Madre mía… eso es saldar cuentas y lo demás… tonterías. Con esta novela Galdós seguramente se ahorró dos o tres años de psicoanálisis… que no sé si ya se había inventado, supongo que no… esto era el año 1876…

Virginia: Pues entonces no… faltaban por lo menos 20 años para que Freud empezara a desarrollar esa técnica terapéutica… Y en todo caso en Madrid no se hubiera estilado…

Araceli/Doña Perfecta: No creas que me amedrentan tus amenazas. Sé lo que digo. Pues qué, ¿se puede atropellar un hogar, una familia, se puede atropellar la autoridad humana y divina?

José/Narrador: El ingeniero empezaba a perder su calma y se expresaba con alguna agitación.

Carlos/Pepe Rey: Yo lo atropellaré todo…

Araceli/Doña Perfecta: ¡Lo atropellarás todo! ¡Ah! Bien se ve que eres un bárbaro, un salvaje, un hombre que vive de la violencia.

Carlos/Pepe Rey: No, querida tía. Soy manso, recto, honrado y enemigo de violencias; pero entre usted y yo, entre usted, que es la ley y yo que soy el destinado a acatarla, está una pobre criatura atormentada, un ángel de Dios sujeto a inicuos martirios… Este espectáculo, señora mía, es lo que me impulsa a no respetar la ley de usted, lo que me impulsa a pasar sobre ella, atropellándolo todo. Esto que parece desatino es una ley ineludible. Hago lo que hacen las sociedades, cuando una brutalidad tan ilógica como irritante se opone a su marcha. Pasan por encima y todo lo destrozan con feroz acometida. Tal soy yo en este momento: yo mismo no me conozco. Era razonable y soy un bruto, era respetuoso y soy insolente, era culto y me encuentro salvaje. Usted me ha traído a este horrible extremo, irritándome y apartándome del camino del bien por donde tranquilamente iba. ¿De quién es la culpa, mía o de ustd?

Macu: Lo que te digo… Complejo de Edipo solucionado por la vía directa… sin psicoanálisis, sin diván, y sin nada. ¿Cómo lo ves?

Araceli: Cristalino. Espera que me reponga de ser madre guipuzcoana… aaah… uffff… Me encanta esta solución galdosiana…

Macu: Sigamos… De su abuelo materno se queda con su anticlericalismo… De su padre, militar, y de un tío también militar, hermano de su madre, la curiosidad por la Guerra de la Independencia, en la que participaron… Quizá con esos relatos de su padre y su tío, empezaron a fraguarse en su imaginación los Episodios Nacionales…

Araceli: Un proyecto literario asombroso… Galdós, que era muy joven todavía, tenía una deslumbrante capacidad de producción… Escribió más de 150 libros desde que publicó La fontana de oro en 1870, hasta que se quedó ciego en 1912… dejó varias cosas a medias y sin terminar la quinta y última serie de los Episodios Nacionales…  

Macu: Una recopilación superficial: Tenemos unas 80 novelas, incluyendo las 46 de las 5 series de los Episodios… unos 30 cuentos… 17 ensayos, 26 obras de teatro… Es decir: 150 libros que fue publicando a lo largo de 50 años… Una media de 3 libros por año…  Una barbaridad. Una producción increíble.

Araceli: Y no se olvide que además traducía… Suya fue la traducción de Los papeles póstumos del Club Pickwick, de Charles Dickens… Y todo sin contar los cientos y cientos de crónicas y artículos y críticas musicales que publicó en diversos periódicos y revistas…

Macu: En La Nación, La Prensa de Buenos Aires, la Revista del movimiento intelectual de Europa, La Ilustración de Madrid, El Debate, El Heraldo de Madrid, La República de las letras, El Imparcial, El Sol…

Araceli: Y seguramente cientos y cientos de cartas… cartas de todo tipo… desde luego también de amor…

Macu: Hay gente que se teme muy mucho que se destruyeran las mejores, las que escribió a su amada Condesa, Emilia Pardo Bazán, que también era escritora y por tanto las cartas entre ambos tenían un valor añadido…

Berta: Es posible que fueran destruidas por Carmen Polo, la mujer de Franco, cuando el Pazo de Meirás pasó a sus manos… Pero también pudiera ser que Galdós se las pidiera a doña Emilia para quemarlas él… Nunca lo sabremos…

Araceli: Pues yo creo que si es que sucedió lo primero que has dicho… debería ser considerado un delito… un delito penado por la ley muy duramente…

Macu: De acuerdo… La relación de amistad, literaria y amorosa de los dos duró 20 años, así es que hemos perdido muchas cartas… Pero aún podemos hacernos alguna idea de aquella correspondencia, que pasó por muchas fases, porque tenemos las cartas de ella… Le he pedido a Berta que seleccionara alguna…

Berta: He seleccionado la que escribió doña Emilia el 28 de septiembre de 1889 en París… Es la número 50 y la escribe justo cuando acaban de volver de un viaje a Fráncfort juntos, donde no han tenido que esconderse, y han podido disfrutar abiertamente de su amor.

Macu: ¿Es aquí donde le dice esa frase que tanto te gusta… “me gustas más que un libro”?

Berta: No… pero esta no tiene desperdicio…

Areceli: Pues venga… lee.

Berta: París-Hoy sábado. “Triste, muy triste”… como diría un orador de la mayoría, me quedé al separarme de ti, amado compañero, dulce vidiña. Soy de tal condición que me adhiero y me incrusto en el alma de los que me manifiestan cariño, y el trato va apretando de tal manera los nuditos del querer, que cuando menos lo pienso me encuentro con que estoy atada y no me puedo soltar. Siendo tú quien eres, y tan amable visto de cerca, este afecto tenía que ser doble o triple de lo que sería en cualquier otro caso análogo, pero con distinta persona. Me quedé –aunque alegrándome de que hubieses cogido el tren, con un velo de sombra negrísima sobre el espíritu; me retiré a mi cuarto como quien se mete en una tumba; me eché en la cama como si me echase al turbio Sena en momentos de desesperación; y desahogué con llanto y traté de olvidar con un sueño oscuro, cargado de pesadillas. Al otro día me mudé y esto me distrajo un poco: un poco nada más. Ya hago mi vida de costumbre, yendo a la Exposición, viendo gente y comiendo con la Rattazzi todas las noches.

Macu: ¿Quién es esa Rattazzi?

Berta: Es Leticia Bonaparte Wyse… una condesa también escritora y traductora… y sobre todo anfitriona de los famosos salones literarios parisinos… Se relacionaba seguro con los españoles que iban a París porque fundó la revista Les Matinées espagnoles…

Araceli: ¿Cómo sigue la carta?…

Berta: Ahora es cuando la p… ícara imaginación representa con lindos colores toda la poesía de este viaje feliz… y en especial la sublime noche de Fráncfort –anoche que he sentido tu corazoncito más cerca del mío y tu amor se me ha aparecido más claro, acompañado, jay me!, de remordimientos y escozores de mi conciencia que distan mucho de haberse aplacado todavía. No sé si algún día dejarás de quererme y la absolución que hoy debo a tu amor vendrá solo de la indulgencia que da nuestro roío oficio y el conocimiento de la realidad… No lo quiera Dios. Tengamos esperanzas. Acaso pueda yo conseguir ponerme de acuerdo conmigo misma, más tarde o más temprano. Ayer me han dicho que Zola está a punto de enloquecer por miedo a la muerte. Qué tonto es ese hombre de genio! Miedo a la muerte! Si hubiera vivido en una semana lo que yo… y lo que tú, no le tendría miedo alguno. Nada eleva el espíritu como el amor: estoy convencida de que de él nacen no solo las bellas acciones, como opina Dante, sino el fuego artístico. Hemos realizado un sueño, miquiño adorado…

Macu: Oye Berta, un momento, un momento… ¿qué significa miquiño?… ¿un gatito?… ¿algo así como mi pequeñín?

Berta: Eso es… gatito, le llama gatito… miquiño adorado, un sueño bonito, un sueño fantástico que a los 30 años yo no creía posible. Le hemos hecho la mamola al mundo necio, que prohíbe estas cosas; a Moisés que las prohíbe también, con igual éxito; a la realidad, que nos encadena; a la vida que huye; a los angelitos del cielo, que se creen los únicos felices, porque están en el Empíreo con cara de bobos tocando el violín… Felices, nosotros. Ay! Cuándo volveré a estrecharte en mis brazos, mono, felicidad mía, cuándo será! Vente pronto a Madrid, te quiero ahora como nunca, y sin ti ya no me encuentro, sin tus caricias, sin tu charla y la miel hibleo-suiza de tus bromas y de tus agudezas que tienen la sal del mundo. Saldré para Madrid del martes al miércoles: al llegar te escribiré otra vez y te daré instrucciones de cómo has de responderme. Lo arreglaré muy bien; ya verás…

Y ya termina la carta…

Que hayas llegado al puerto sin peligro ni molestia, mi bien, mono, compañerito; que te acuerdes mucho, mucho, de mí, y con las mismas saudades que yo de ti; que sueñes en renovar horas tan venturosas, y que vayas tramando el modo de realizarlo en compañía de tu Peinetita… que te besa un millón de veces el pelo, los ojos, la boca y el pescuezo.

Macu: … un millón de besos… en el pelo, los ojos… la boca… Estaban arrebatados…

Berta: En esta época parece que si… Y doña Emilia no firma… y siempre escribe las admiraciones y las interrogaciones sólo al final… Una señora bien moderna… A que la carta es espectacular…

Araceli: Desde luego… lástima que no tengamos la respuesta de él… Pero seguro que estaba a la altura… Aunque algunos envidiosos le llamaban don Benito el garbancero, pretendiendo que su estilo era vulgar y popular… Sin embargo, para otros, los más, Galdós era sin duda el mejor escritor en lengua española después de Cervantes…

Macu: Era un maestro componiendo novelas… se documenta concienzudamente, mete ingeniería a las historias, las entrecruza, las desarrolla, las compone y las termina como verdaderos edificios… sólidos y originales… otras veces como puentes… puentes airosos desde los que se ve circular, arrolladora, la vida… y algunos personajes saltan por esos puentes de unas novelas a otras…

Araceli: Sí, son puentes sobre el río de la vida… porque también escucha… patea la calle… los cafés… los barrios de Madrid… los parques… el Ateneo… los trenes… recorre España entera en los vagones de tercera para escuchar a la gente… y escucha también a los políticos en las Cortes… en los escaños y en los pasillos y en el bar…

Macu: Fue diputado varias veces… tres veces, creo… con los liberales, por un distrito de Puerto Rico, y con los republicanos y socialistas asociados, por Madrid y por Las Palmas… En el Congreso parece que él no hablaba…

Araceli: Pero escuchaba a todos… Atentamente… Y a todos retrata con su exacta forma de hablar… sean cultos, populares, exquisitos o vulgares… Por eso todos sus personajes son tan creíbles, tan verdaderos…

Macu: En su obra está todo Madrid… en los Episodios, toda la España del XIX y en todos sus libros, sobre todo, las mujeres…

Araceli: Ahí estaba don Benito, no sé si leído por todos… pero bastante leído… y desde luego, durante el siglo XX, manoseado por todos los españoles en los billetes de 1.000 pesetas… los de mayor circulación…

Macu: ¡Cómo describe a las señoras, por favor…! Sus perfiles de mujeres son de lo mejor construido… ya quisiera Almodóvar… Ahí están Tristana, Fortunata, Jacinta, Gloria… Rosalía (La de Bringas)… la Amparo de Tormento, Marianela… la Benigna de Misericordia… Vamos a mirar a algunas…

Araceli: A mí me gusta Tristana.

Macu: Pues miramos a Tristana…

José: Tristana, en opinión del vulgo circunvecino, no era hija, ni sobrina, ni esposa, ni nada del gran don Lope; no era nada y lo era todo, pues le pertenecía como una petaca, un mueble o una prenda de ropa, sin que nadie se la pudiera disputar; ¡y ella parecía tan resignada a ser petaca, y siempre petaca…!

Macu: Esa es la Tristana jovencita a la que tiene sometida don Lope… Pero la mirada de Galdós sobre las mujeres siempre es poliédrica y compleja…

José: Resignada en absoluto no, porque más de una vez, en aquel año que precedió a lo que se va a referir, la linda figurilla de papel sacaba los pies del plato, queriendo demostrar carácter y conciencia de persona libre.

Ángeles/Tristana: “Mira, tú –decía Tristana a la que, más que sirviente, era para ella una fiel amiga–, no todo lo que este hombre perverso nos enseña es disparatado, y algo de lo que habla tiene mucho intríngulis… Porque lo que es talento, no se puede negar que le sobra. ¿No te parece a ti que lo que dice del matrimonio es la pura razón? Yo… te lo confieso, aunque me riñas, creo como él que eso de encadenarse a otra persona por toda la vida es invención del diablo… ¿No lo crees tú? Te reirás cuando te diga que no quisiera casarme nunca, que me gustaría vivir siempre libre. Ya, ya sé lo que estás pensando; que me curo en salud, porque después de lo que me ha pasado con este hombre, y siendo pobre como soy, nadie querrá cargar conmigo. ¿No es eso, mujer, no es eso?”.

Virginia/Saturna: ¡Ay, no, señorita, no pensaba tal cosa! –replicó la doméstica prontamente–. Siempre se encuentran unos pantalones para todo, inclusive para casarse. Yo me casé una vez, y no me pesó; pero no volveré por agua a la fuente de la Vicaría. Libertad, tiene razón la señorita, libertad, aunque esta palabra no suena bien en boca de mujeres. ¿Sabe la señorita cómo llaman a las que sacan los pies del plato? Pues las llaman, por buen nombre, libres. De consiguiente, si ha de haber un poco de reputación, es preciso que haya dos pocos de esclavitud. Si tuviéramos oficios y carreras las mujeres, como los tienen esos bergantes de hombres, anda con Dios. Pero, fíjese, sólo tres carreras pueden seguir las que visten faldas: o casarse, que carrera es, o el teatro… vamos, ser cómica, que es buen modo de vivir, o… no quiero nombrar lo otro. Figúreselo.

Ángeles/Tristana: Pues mira tú, de esas tres carreras, únicas de la mujer, la primera me agrada poco; la tercera menos, la de en medio la seguiría yo si tuviera facultades; pero me parece que no las tengo… Ya sé, ya sé que es difícil eso de ser libre… y honrada. ¿Y de qué vive una mujer no poseyendo rentas? Si nos hicieran médicas, abogadas, siquiera boticarias o escribanas, ya que no ministras y senadoras, vamos, podríamos… Pero cosiendo, cosiendo… Calcula las puntadas que hay que dar para mantener una casa… Cuando pienso lo que será de mí, me dan ganas de llorar. ¡Ay, pues si yo sirviera para monja, ya estaba pidiendo plaza en cualquier convento! Pero no valgo, no, para encerronas de toda la vida. Yo quiero vivir, ver mundo y enterarme de por qué y para qué nos han traído a esta tierra en que estamos. Yo quiero vivir y ser libre… Di otra cosa: ¿y no puede una ser pintora, y ganarse el pan pintando cuadros bonitos? Los cuadros valen muy caros. Por uno que sólo tenía unas montañas allá lejos, con cuatro árboles secos más acá, y en primer término un charco y dos patitos, dio mi papá mil pesetas. Con que ya ves. ¿Y no podría una mujer meterse a escritora y hacer comedias… libros de rezo o siquiera fábulas, Señor? Pues a mí me parece que esto es fácil. Puedes creerme que estas noches últimas, desvelada y no sabiendo cómo entretener el tiempo, he inventado no sé cuántos dramas de los que hacen llorar y piezas de las que hacen reír, y novelas de muchísimo enredo y pasiones tremendas y qué se yo. Lo malo es que no sé escribir… quiero decir, con buena letra; cometo la mar de faltas de Gramática y hasta de Ortografía. Pero ideas, lo que llamamos ideas, creo que no me faltan.

Araceli: Me encanta Tristana, aunque nunca logre esa liberación que pretende con la que sueña… Y Saturna, la criada, también es auténtica… ¡Qué bien la hizo Lola Gaos en la peli de Buñuel…!

Macu: Creo que a doña Emilia no le gustó el final de Tristana… tan triste y resignado…

Araceli: Pero si Tristana hubiera logrado liberarse y triunfar en la novela creo que no hubiera sido creíble… y Galdós era un escritor realista.

Macu: Muchos están de acuerdo en que la novela por excelencia de Galdós fue Fortunata y Jacinta… de la misma época que La Regenta, de Clarín… Un par de años de trabajo, cuatro tomos, incluso dos versiones que llaman alfa y beta, para contar la historia de dos mujeres casadas muy distintas, una de clase alta y la otra del pueblo llano, unidas por el mismo destino… y por el mismo hombre…

Araceli: Pues yo creo que es obligatorio echarles una mirada.

José/Galdós: La moza tenía pañuelo azul claro por la cabeza y un mantón sobre los hombros, y en el momento de ver al Delfín, se infló con él, quiero decir, que hizo ese característico arqueo de brazos (*) y alzamiento de hombros con que las madrileñas del pueblo se agasajan dentro del mantón, movimiento que les da cierta semejanza con una gallina que esponja su plumaje y se ahueca para volver luego a su volumen natural.

(*) Todas las chicas hacen ese movimiento según lo lee José.

Macu: Así aparece Fortunata en la novela… Y de esta otra forma aparece Jacinta.

José: Jacinta era de estatura mediana, con más gracia que belleza, lo que se llama en lenguaje corriente una mujer mona. Su tez finísima y sus ojos que despedían alegría y sentimiento componían un rostro sumamente agradable. Y hablando, sus atractivos eran mayores que cuando estaba callada, a causa de la movilidad de su rostro y de la expresión variadísima que sabía poner en él. (…) Sabía triunfar del amaneramiento con el arte, y cualquier perifollo anunciaba en ella una mujer que, si lo quería, estaba llamada a ser elegantísima. (…) Por su talle delicado y su figura y cara porcelanescas, revelaba ser una de esas hermosuras a quienes la Naturaleza concede poco tiempo de esplendor, y que se ajan pronto, en cuanto les toca la primera pena de la vida o la maternidad.

Araceli: Bárbara, que es la madre de Juan Santa Cruz, el protagonista masculino, adora a Jacinta, que es su sobrina y lo prepara todo para que se casen… Lo consigue enseguida… y también enseguida se van de viaje de novios…

José: Jacinta no tenía ninguna especie de erudición. Había leído muy pocos libros. Era completamente ignorante en cuestiones de geografía artística; y sin embargo, apreciaba la poesía de aquella región costera mediterránea que se desarrolló ante sus ojos al ir de Barcelona a Valencia… Entretenida Jacinta con los comentarios (de libros) que el otro iba poniendo a la rápida visión de la costa mediterránea, condensaba su ciencia en estas o parecidas expresiones.

Berta/Jacinta: ¿Y la gente que vive aquí, será feliz o será tan desgraciada como los aldeanos de tierra adentro, que nunca han tenido que ver con el Gran Turco ni con la capitana de don Juan de Austria? Porque los de aquí no apreciarán que viven en un paraíso, y el pobre, tan pobre es en Grecia como en Getafe.

Macu: Jacinta aprende deprisa, sobre todo a calibrar a su marido… y es durante la propia luna de miel cuando le interroga sobre sus experiencias amorosas anteriores… Y como el que no quiere la cosa Santa Cruz habla y habla y enseguida sale a relucir Fortunata…

Araceli: Y casi desde ese momento Fortunata es quien va a tomar las riendas de la novela… Primero indirectamente… y luego directamente… Su trayectoria invade desde el principio todo… y desde luego a la propia Jacinta… Fíjate cómo empieza a hacerle confidencias Santa Cruz a Jacinta sobre su antiguo amor…

Julián/Santa Cruz: Empezamos a hablar. No subía ni bajaba nadie. La chica era confianzuda, inocentona, de estas que dicen todo lo que sienten, así lo bueno como lo malo. Sigamos. Pues señor… al tercer día me la encontré en la calle. Desde lejos noté que se sonreía al verme. Hablamos cuatro palabras nada más; y volví y me colé en la casa; y me hice amigo de la tía y hablamos… No tardamos Villalonga y yo en hacernos amigos de los amigos de aquella gente… No te rías… Te aseguro que Villalonga me arrastraba a aquella vida, porque se encaprichó por otra chica del barrio, como yo por la sobrina de Segunda.

Berta/Jacinta: ¿Y cuál era más guapa?

Julián/Santa Cruz: ¡La mía!, la mía… un animalito muy mono, una salvaje que no sabía leer ni escribir. Figúrate, ¡qué educación! ¡Pobre pueblo!, y luego hablamos de sus pasiones brutales, cuando nosotros tenemos la culpa… Estas cosas hay que verlas de cerca… Sí, hija mía, hay que poner la mano sobre el corazón del pueblo, que es sano… sí, pero a veces sus latidos no son latidos, sino patadas… ¡Aquella infeliz chica! Como te digo, un animal; pero buen corazón, buen corazón… ¡pobre nena!

Macu: Jacinta se alarma de tanto cariño expresado… y le da una bofetada… pero luego sigue erre que erre preguntando…

Berta/Jacinta: No me has dicho cómo se llamaba…

Julián/Santa Cruz: ¿Quién? –preguntó Santa Cruz algo atontado.

Berta/Jacinta: Tu adorado tormento, tu… ¿Cómo se llamaba o cómo se llama…? Porque supongo que vivirá.

Julián/Santa Cruz: No lo sé… ni me importa. Vaya con lo que sales ahora.

Berta/Jacinta: Es que hace un rato me dio por pensar en ella. Se me ocurrió de repente. ¿Sabes cómo? Vi unos refajos encarnados puestos a secar en un arbusto. Tú dirás que qué tiene que ver… Es claro, nada; pero vete a saber cómo se enlazan en el pensamiento las ideas… Ya sé que son tonterías, pero en el cerebro pasan cosas muy particulares. ¿Con que, nenito, desembuchas eso, sí o no?…

Julián/Santa Cruz: Es un nombre muy feo… No me hagas pensar en lo que quiero olvidar.

Araceli: Jacinta se pasa páginas y páginas trabajándose este tema… mientras Fortunata sigue agrandándose…

Julián/Santa Cruz: Pues te lo voy a decir; pero con la condición de que en tu vida más… en tu vida más me has de mentar ese nombre, ni has de hacer la menor alusión… ¿entiendes? Pues se llama…

Berta/Jacinta: Gracias a Dios, hombre. Le costaba mucho trabajo decirlo.

Julián/Santa Cruz: Se llama For

Berta/Jacinta: For… narina.

Julián/Santa Cruz: No. For… tuna

Berta/Jacinta: Fortunata.

Julián/Santa Cruz: Eso… Vamos, ya estás satisfecha.

Berta/Jacinta: Nada más. Te has portado, has sido amable. Así es como te quiero yo.

Macu: Pero se había abierto la caja de Pandora… Y ya no se cierra hasta la última página de la cuarta entrega de este novelón…

Julián/Santa Cruz: “¡Si la hubieras visto… ! Fortunata tenía los ojos como dos estrellas, muy semejantes a los de la Virgen del Carmen que antes estaba en Santo Tomás y ahora en San Ginés. Pregúntaselo a Estupiñá, pregúntaselo si lo dudas… a ver… Fortunata tenía las manos bastas de tanto trabajar, el corazón lleno de inocencia…

Fortunata no tenía educación; aquella boca tan linda se comía muchas letras y otras las equivocaba. Decía indilugencias, golver, asín. Pasó su niñez cuidando el ganado. ¿Sabes lo que es el ganado? Las gallinas. Después criaba los palomos a sus pechos. Como los palomos no comen sino del pico de la madre, Fortunata se los metía en el seno, ¡y si vieras tú qué seno tan bonito!, sólo que tenía muchos rasguños que le hacían los palomos con los garfios de sus patas. Después cogía en la boca un buche de agua y algunos granos de algarroba, y metiéndose el pico en la boca… les daba de comer… Era la paloma madre de los tiernos pichoncitos… Luego les daba su calor natural… les arrullaba, les hacía rorrooó… les cantaba canciones de nodriza… ¡Pobre Fortunata, pobre Pitusa!… ¿Te he dicho que la llamaban la Pitusa? ¿No?… pues te lo digo ahora. Que conste… Yo la perdí… sí… Yo la perdí, la engañé, le dije mil mentiras, le hice creer que me iba a casar con ella… todas las papas que yo le decía, se las tragaba… El pueblo es muy inocente, es tonto de remate, todo se lo cree con tal que se lo digan con palabras finas… La engañé, le garfiñé su honor, y tan tranquilo. Los hombres, digo, los señoritos, somos unos miserables; creemos que el honor de las hijas del pueblo es cosa de juego… No me pongas esa cara, vida mía.

Araceli: Hay más de cien personajes secundarios a lo largo de Fortunata y Jacinta, muy bien construidos… y la novela entera resulta un fresco muy profundo del Madrid de aquellos años… el final de un reinado, la Primera República, la llegada de Amadeo de Saboya… los barrios altos, los barrios populares, etcétera, etcétera… Un alarde de historia y de literatura…

Macu: Y con el brillo total de mujeres muy reales como hilo conductor de todo… Fortunata y Jacinta es un novelón total con soberbios personajes… sobre todo mujeres…

Araceli: También están todas las señoras que van saliendo en los Episodios Nacionales… de la primera novela a la última, donde sale Casianilla, la joven analfabeta a la que el protagonista de la última serie, Tito, va formando como si fuera Pigmalión…

Macu: ¡Madre mía!… Un filón… Hay una de la primera serie, una inglesa, que me encanta… Miss Flay…

Araceli: Gabrielillo, el protagonista que nos va contando la historia en esta novela, se quedó embobado mirando a la inglesa aquella que viajaba por España con aquel desparpajo en 1812… y si no es porque adoraba a su chica de siempre, Inesilla, no se sabe lo que hubiera pasado…

Macu: Estamos por tierras de Salamanca, donde se prepara la gran batalla de los Arapiles… y el carruaje donde viaja esta inglesa acaba de tener un accidente… Gabrielillo la salva…

Ángeles/Miss Fly (con marcado acento inglés): Caballero os debo la vida…

Carlos/Gabrielillo: Era como de 23 años, alta y esbelta. Su airosa figura, su acento dulce, su hermoso rostro, aquel tratamiento de vos que ceremoniosa me daba, sin duda por poseer a medias el castellano, me hicieron honda y duradera impresión. Apoyóse en mí, quiso dar algunos pasos; más al punto sus piernas desmayadas se negaron a sostenerla. Sin decir nada la tomé en brazos… Un momento después el precioso cuerpo de la dama inglesa descasaba sobre un lecho algo más blando que una roca, al cual tuve que conducirla en mis brazos… Ella me dio las gracias en silencio, volviendo hacia mí sus hermosos ojos azules, que dulcemente, y con la encantadora vaguedad y extravío que sigue a los desmayos, se fijaron primero en mi persona y después en las paredes de la habitación. Más la miraba yo y más hermosa me parecía a cada momento… Su cuerpo, atormentado bajo las ballenas de un apretado jubón, del cual pendían faldas de amazona, era delgadísimo, más no carecía de las redondeces y elegantes contornos y desigualdades que distinguen a una mujer de un palo torneado.

Ángeles/Miss Fly: Gracias caballero… si no temiera molestaros os suplicaría que me dieseis algún alimento.

Araceli: Ni que decir tiene que en aquella España, en guerra, atrasada y rudimentaria en lo de atender viajeros… nadie fue capaz ni de ofrecerle un té a la pobre inglesa…

Macu: Pero el asunto es que Galdós se mete en el lío y nos cuenta muy bien cómo Gabrielillo se queda deslumbrado por ella… y la inglesa por él… Escucha sus confidencias cuando más tarde ella cuida a Gabrielillo de sus heridas en la batalla…

Ángeles/Miss Flay: ¿Por qué me miráis con esos ojos negros y tristes como noches? Si con ellos me suplicáis que lo diga, lo diré, aunque atropelle la ley de las conveniencias. Sabed que os amo… No necesitaría decíroslo porque ya lo sabéis… Lo que no sabéis es que os amaba antes de conoceros… Yo tenía una hermana gemela más hermosa y más pura que los ángeles. Apuesto a que no sabéis nada de esto. Pues bien, un libertino la engañó, la sedujo, la robó a Dios y a su familia, y mi pobrecita, mi adorada, mi idolatrada Lilian, tuvo un momento de desesperación y se dio a sí propia muerte. El mayor de mis hermanos persiguió al malvado, autor de nuestra vergüenza: ambos fueron una noche a orillas del mar, se batieron y mi pobre hermano Carlos cayó para no levantarse más… Un día, hallándome en España, a donde vine siguiendo a mi segundo hermano, dijéronme que aquel hombre había sido muerto por otro en duelo de honor. Pregunté con tanta ansiedad, con tan profunda curiosidad el nombre del vencedor, que casi lo supe antes que me lo revelaran. Me dijeron vuestro nombre; me refirieron algunos pormenores del caso, y desde aquel momento, ¿por qué ocultarlo?… os adoré.

Macu: ¡Ooohhh, Miss Flay… cómo me gusta Miss Flay…! ¿Ves que Galdós pinta a las mujeres libres… expresivas… luchadoras… ¡Y qué nombres tan estupendos pone a sus personajes!… Si es que no da puntada sin hilo don Benito: Señora Mariposa… a ésta… A Tristana… quizá por Tristán e Isolda, o por lo triste de su situación y su final…

Araceli: Hablando de finales… por si alguno se ha quedado con la duda de que Gabrielillo se cambie de novia en medio de la novela… ¡para nada! Seguirá con su Inesilla de su alma y se casa con su Inés al final…

Carlos/Gabrielillo: Los que quieran saber cómo y cuando me casé, con otras particularidades tan preciosas como ignoradas acerca de mi casi inalterable tranquilidad durante tantos años, lean, si para ello tienen paciencia, lo que otras lenguas menos cansadas que la mía, narrarán en lo sucesivo… Yo pongo aquí punto final, con no poco gusto de mis fatigados oyentes, y gran placer mío por haber llegado a la más alta ocasión de mi vida, cual fue el suceso de mis bodas, primer fundamento de los 60 años de tranquilidad que he disfrutado, haciendo todo el bien posible, amado de los míos y bienquisto de los extraños.

Macu: Galdós debió preferir que en sus Episodios triunfara el amor perseguido desde el principio de la novela… porque para líos y complicaciones sentimentales ya tenía bastantes en el Madrid que vivía intensamente…

Araceli: La relación con la Pardo Bazán era, además de discreta, intensa y seria… pero es que doña Emilia era mucha doña Emilia… una feminista de enorme personalidad que escribía muchísimo…

Macu: Pues no tanto como él, pero casi… Le he contabilizado más de cien libros publicados entre novelas, cuentos, teatro, biografías, ensayos, libros de viaje y poesía… Sobre todo, novelas… escribió 41…

Araceli: En una de ellas, Insolación, parece que se podría hacer alusión a un episodio que causó un gran disgusto entre la pareja…

José: Ay… que os veo venir… No podéis evitarlo… Sois muy cotillas…

Macu: Es inevitable con este escritor… porque es verdad que era muy discreto… y ella también… pero en sus libros metían alusiones privadas, quizá creyendo que nadie se daría cuenta… Y el caso es que doña Emilia había tenido una aventura con un tal Lázaro Galdiano…

Araceli: ¡Nada menos! Un ricachón cultísimo y atractivo…

Macu: El mismo, el del Museo Lázaro Galdiano… y claro, aunque fue una cosa efímera, el caso es que a Galdós le disgustó mucho… La novela empieza con una resaca monumental que está teniendo la protagonista…

Araceli: Ella es una marquesa viuda, gallega, llamada Asís, que ha ido a la pradera de San Isidro un día de mucho sol y se ha quedado prendada de un buen mozo del sur… no canario, sino gaditano… que le ha dicho unos requiebros de aquí te espero…

Macu: La dedicatoria del libro dice esto: “A José Lázaro Galdiano en prenda de amistad…”. Y no digo más (páginas 80-81).

Araceli: Yo había oído asegurar muchas veces que si tenemos los ojos cerrados y alguna persona se pone a mirarnos fijamente, una fuerza inexplicable nos obliga a abrirlos. Digo que es verdad y lo digo por experiencia. En medio de mi sopor empecé a sentir cierta comezón de alzar los párpados, y una inquietud especial, que me indicaba la presencia de alguien en el tugurio… entreabrí los ojos y con gran sorpresa vi el agua del mar, pero no la verde y plomiza del Cantábrico, sino la del Mediterráneo, azul y tranquila… Las pupilas de Pacheco, como ustedes se habrán imaginado. Estaba de pie, y cuando clavé en él la mirada, se inclinó y me arregló delicadamente la falda del vestido para que me cubriese los pies. ¿Cómo vamos? ¿Hay ánimos para levantarse? murmuró; es decir… sería algo por el estilo, pues no me atrevo a jurar que dijese esto. Lo que afirmo es que le tendí las dos manos, con un cariñazo repentino y descomunal, porque se me había puesto en el moño que me encontraba allí abandonadita en medio de un golfo profundo y que iba a ahogarme si no acierta a venir en mi auxilio Pacheco. Él tomó las manos que yo ofrecía; las apretó muy afectuoso, me tentó los pulsos… y apoyó su derecha en mis sienes y frente. ¡Cuánto bien me hacía aquella presioncita cuidadosa y firme! Como si me volviese a encajar los goznes del cerebro en su verdadero sitio, dándoles aceite para que girasen mejor. Le estreché la mano izquierda… ¡Qué pegajoso, qué majadero se vuelve uno en estas situaciones… anormales! Yo me estaba muriendo por mimos, igual que una niña pequeña… ¡Quería que me tuviesen lástima!… Es sabido que a mucha gente le dan las turcas por el lado tierno. Ganas me venían de echarme a llorar, por el gusto de que me… consolasen.

Araceli: Madre mía, madre mía…. ¡ma-dre mí-a!

Macu: Ay madre… sí. Aunque disimule al final describiendo como majadero ese momento de borrachera lastimosa, el erotismo supino que sintió la señora fue de alto voltaje…

Araceli: Supongo que, de algún modo, en esta novela de insolaciones y borracheras involuntarias, recoge aquella pasión que sintió por Lázaro Galdiano…

Macu: Seguro… Ya veis, lo libre y moderna que fue doña Emilia… en su momento nombrada por el Conde de Romanones “Consejero de Instrucción Pública”, así, en masculino… no se debía concebir entonces que podría haber consejeras… porque había escrito cosas como esta para defender que se abriera una biblioteca pública en cada pueblo de España… Lee… lee tú misma… “marquesa insolada” y “consejero de instrucción pública”:

Araceli/Pardo Bazán: “El cerebro nacional está tan necesitado de que lo desmonten, aren y siembren, como los eriales y los enormes descampados del centro de España… Porque necesitamos leer, y de la lectura saldrá la reflexión, y de la reflexión la extirpación de muchos y muy bárbaros errores”…

Macu: Ahí queda eso… ¡Brava!… No me extraña que don Benito y ella tuvieran una relación tan larga y tan leal… en el fondo… y hasta el final.

Araceli: Sí… porque el episodio de doña Emilia con Lázaro Galdiano lo superaron…

Macu: Me resulta muy divertido imaginar a Galdós pronunciando, en la vida real, en sus largos paseos con ella, alguno de los argumentos que ella, en esta novela, pone en boca de un supuesto amigo de siempre de la marquesa Asís y que en el libro se llama Gabriel Pardo… G-P, en lugar de P-G… (página 131).

José/Amigo Gabriel: … En gran parte depende del criterio social… La mujer se cree infamada después de una de esas caídas, porque le han hecho concebir desde niña que lo más malo, lo más infamante, lo irreparable, es eso; que es como el infierno, donde no sale el que entra. A nosotros nos enseñan lo contrario; que es vergonzoso para el hombre no tener aventuras, y que hasta queda humillado si las rehúye… De modo que lo mismo que a nosotros nos pone muy huecos, a ustedes las envilece… Preocupaciones hereditarias emocionales, como diría Spencer… Y vaya unos terminachos que le suelto a usted… ¿Y si yo le dijese a usted que eso que llamé accesorio en las aventurillas, me parece a mí que en cariño verdadero, cuando están unidas así, así, como si las pegasen con argamasa, las voluntades, llega a ser más accesorio aun? Es el complemento de otra cosa mucho más grande, que dura siempre, y que comprende eso y todo lo demás… Lo estoy embrollando, paisana. Usted se ríe de mi. A callar…

Arceli: Asís oía, oía con toda su alma, pareciéndole que nunca había tenido su paisano momentos tan felices como aquella noche, ni hablado tan discreta y profundamente.

Macu: Vamos… que un episodio meramente sexual no tenía ninguna importancia al lado de una relación compleja de amor…

Araceli: ¡Exactamente!

Macu: Sigamos… En el mismo episodio de La batalla de los Arapiles, que hemos visto antes, hay otro personaje femenino espectacular… también es una marquesa… pero su faceta es de cronista política…

Araceli: Le escribe una carta a Gabrielillo que desentraña con pelos y señales todo lo que está pasando en la villa y corte… La carta va fechada el 22 de abril de 1812…

Virginia/Marquesa: “He estado en Palacio, hijo mío, y me he prosternado ante su católica majestad de oropel, a quien sirven unos pocos españoles, moviéndose bulliciosamente para parecer muchos. Si yo dijera a cualquier habitante de Madrid que José I, conocido aquí por el tuerto o por Pepe Botellas, es una persona amable, discreta, tolerante, de buenas costumbres, y que no desea más que el bien, me tendrían por loca o quizás por vendida a los franceses. Recibiome Copas con gozo. El buen señor no puede ocultarlo cuando alguna persona de categoría da, al visitarle, una especie de tácito asentimiento a su usurpación. Sin duda cree posible ser dueño de España conquistando uno a uno los corazones. Habrías de ver su diligencia y extremado empeño de hacer cumplidos. Cierto es que su etiqueta es menos severa y finchada que la de nuestros reyes, sin perder por eso la dignidad, antes bien aumentándola… El acento extranjero es lo único que afea su palabra. Confunde a menudo su lengua natal con la nuestra y hay ocasiones en que es preciso hacer grandes esfuerzos para no reír. Su figura no puede ser mejor. José vale mucho más que el barrilete de su hermano… Viste comúnmente de negro, y el conjunto de su persona no puede ser más agradable. No necesito decirte que cuando hablan las gentes por ahí sobre sus turcas, es un arma inventada por el patriotismo para ayudar a la defensa nacional. José no es borracho. También se cuentan de él mil abominaciones referentes a vicios distintos del de la embriaguez; pero sin negarlos rotundamente, me resisto a darles crédito. En resumen, Botellas (nos hemos acostumbrado de tal manera a darle este nombre, que cuesta trabajo llamarle de otra manera) es un rey bastante bueno, y al verle y tratarle, no se puede menos de deplorar que lo hayan traído, en vez del nacimiento y el derecho, la usurpación y la guerra. Sus partidarios aquí son pocos, tan pocos, que se pueden contar. Esta dinastía no tiene más súbditos leales que los ministros y dos o tres personas colocadas por ellos en altos puestos.

Macu: La carta es más larga y muy expresiva de las cosas que están pasando en Madrid con los ilustrados, por ejemplo, Moratín… y otros… A mí lo que me gusta es que Galdós otorgue este papel de cronista a una señora tan ponderada, tan objetiva y con tanto sentido del humor y de la ironía…

Araceli: La crónica me recuerda, en otro registro, a la carta esa que tanto te gusta del Quijote… la que le manda la analfabeta Teresa Panza a su marido resumiendo lo que ha pasado en su pueblo desde que el no está… Son mujeres cronistas afiladas, dotadas para la observación…

Macu: Galdós mira a las mujeres de forma parecida a como lo hacía Cervantes dos siglos antes… Muy cervantino el señor Galdós, si señor…

Araceli: Y en eso de hacer crónica política novelada también es un maestro… Y de forma sutil nos va mostrando poco a poco, a través de sus personajes, cómo ve el panorama él mismo… Al principio en sus primeras novelas… con entusiasmo… al final… en las últimas… con mucho desengaño…

Macu: Eso queda muy patente en la última de las cuatro que dedica a Torquemada… que es un usurero que triunfó explotando a sus vecinos pobres paupérrimos de Lavapiés… luego medró socialmente y ascendió emparentando con la nobleza arruinada…

Araceli: Instalado en el barrio de Salamanca y en la sociedad pudiente e influyente parece que ennoblece algo sus aspiraciones… pero Galdós le reserva un final muy adecuado… fino, elegante y popular a la vez, penoso y no exento de ternura… redondea la vida de Torquemada llevándole a Lavapiés de nuevo…

José/Torquemada: Y si yo, Francisco Torquemada, marqués de San Eloy, me metiera en un ventorrillo de esos que hay hacia los lavaderos, y pidiera un plato de callos, o unas magras con tomate, ¿qué diría la voz pública?… ¡Já, já! ¿qué diría el Senado si tal supiera? ¡Já, já!… Lo cierto es que me rejuvenezco… Bien dijo el que dijo que todo eso de Religión es música, y que no hay más que Naturaleza… Naturaleza es la madre, la médica, la maestra y la novia del hombre…

Julián/Narrador: De sus desordenados pensamientos no podía derivarse ninguna acción que no fuera un desatino, y en vez de volverse a casa, se pasó un gran rato discurriendo dónde buscar la pitanza que su estómago con energías juveniles le reclamaba. De pronto, como caballería que olfatea el pesebre, pegó un respingo y enderezó las miradas del cuerpo y el alma hacia el caserío de Madrid, que desde aquella parte apiñado se ve, cien cúpulas y torres, Vistillas, puerta de Toledo, San Francisco, San Cayetano, Escuela pía de San Fernando, etcétera… Sintió la querencia de los sitios en que pasara los años mejores de su vida trabajando como un negro, eso sí, pero en tranquila independencia… aquellos deliciosos barrios del Sur, tan prolíficos, tan honrados, tan rumbosos, y con tanta alegría en las calles como gracejo en las personas. Desearlo y resolverlo fue todo uno, y el cochero arreó por la calle de Segovia arriba, con orden de pararse en Puerta Cerrada…

Carlos/Vecinos: En los años transcurridos desde que el usurero Torquemada trasladó su vida y sus tráficos a otras esferas, casi teníamos una generación nueva. Pero alguien, entre los antiguos, debió de conocerle sin duda; corrió la voz entre el vecindario, y a cada minuto salían a las puertas más y más personas. Recorrió toda la calle por la acera de los impares, reconociendo las principales tiendas, que poca o ninguna mudanza ofrecían. En la acera de enfrente vio la casa en que había morado la gran doña Lupe, y este recuerdo prodújole una fugaz emoción.

Julián/Narrador: En una y otra acera reconoció, como se reconocen caras familiares y en mucho tiempo no vistas, las tiendas, que bien podrían llamarse históricas, madrileñas de pura raza: pollerías de aves vivas, la botería con sus hinchados pellejos de muestra, el tornero, el plomista, con los cisteles relucientes como piezas de artillería de un museo militar, la célebre casa de comidas de Sobrinos de Botín, las tiendas de navajas, el taller y telares de estera de junco, y por fin la escalerilla, con su bodegón antiquísimo, como caverna tallada en los cimientos de la Plaza Mayor.

José/Torquemada: La verdad –pensó el de San Eloy, remando otra vez hacia Puerta Cerrada por la acera de los pares–, la verdad es que se va muriendo la gente. Hoy uno, mañana dos; pero no se acaba el mundo, no; y vienen otros, y otros, y los que ayer eran niños, hoy andan por aquí gobernando los establecimientos.

Carlos/Vecinos: Del fondo obscuro de una pollería, con el suelo ensangrentado y lleno de plumas, desembocaron unas mujeres que debieron de reconocerle; así al menos lo revelaba el pasmo que se pintó en sus semblantes, y el asombro con que se santiguaban. Corrió la voz, cual reguero de pólvora, y antes de que llegara á la tienda de las jeringas, algunas voces pronunciaron el nombre de Torquemada.

Julián/Narrador: Él no hizo caso, y siguió, acordándose de que era prócer, ricacho, y que no estaban bien las familiaridades con aquella gente… hizo propósito de preguntar por el único amigo que en aquellos barrios conservaba, y convidarse a tomar un bocado en su establecimiento, si tenía la suerte de encontrarle en él. ¡Tendría gracia que se hubiera muerto Matías Vallejo en el año transcurrido desde la última vez que se vieron!

José/Torquemada: Bien podría ser, porque… todos los días está pasando que antes de morirse uno, se mueren… los otros.

Julián/Narrador: Detúvose a contemplar una sucia vidriera de taberna, en la cual vio el cazolón de judías con un moje colorado que tiraba para atrás, las doradas sardinas, las amarillas ruedas de merluza, las chuletas del de la vista baja, pringadas en tomate, las sartas de chorizos, con aquel moho ceniciento y aquel cárdeno viso que acusan su prosapia española; y estaba dilucidando el señor Marqués si aquel bodegón sería o no sería el de Vallejo, cuando…

Carlos/Vecinos: ¡Señor don Francisco de mi alma, usted en estos barrios, usted mirando estas pobrezas!

José/Torquemada: ¡Ah! Matías, pensaba preguntar por ti. ¿Es esta tu casa? ¿Y la tienda, dónde está?

Carlos/Vecinos: Venga, venga conmigo.

Julián/Narrador: …  fue preciso romper a codazo limpio el círculo de curiosos que al instante se formó…. Con este hombre que a la sazón contaba sesenta años, y contaría más, si no reventaba pronto como un pellejo al que se le cascan las costuras y se le corre la pez, tuvo don Francisco amistad íntima en otros tiempos. En los de sus grandezas, fue la única persona de aquellos barrios con quien se trató pasajeramente. Matías Vallejo, rompiendo por todas las etiquetas, se presentó dos o tres veces en la casa de la calle de Silva y en el palacio de Gravelinas, a pedir un auxilio pecuniario al amigo de antaño, y éste se lo prestó gentilmente, sin interés, caso inaudito del cual no hay otro ejemplo en la historia del grande hombre…

José/Torquemada: Pues venía paseando –dijo don Francisco, algo afectado por los agasajos de aquella buena gente–, y dije digo: voy a ver si ese pobre Vallejo se ha muerto ya, o si vive… Yo he estado muy malito.

Carlos: Lo oí decir… y crea que lo sentí de veras.

José/Torquemada: Pero ya estoy en la convalecencia, en plena convalecencia gracias a mi determinación de tomar el aire, y de… zafarme de médicos y boticas.

Carlos: Ya… Si no hay nada como el santo aire, y la vida de pueblo. Lo que digo: vosotros los de sangre azul que os cuidáis más de la cuenta, vivís poco.

José/Torquemada: No, pues lo que es yo, no la entrego a dos tirones. ¡Biblias pasteleras! Mira, Matías, sin ir más lejos, hoy mismo le he dado una patada a la muerte, que… Vamos, que la he mandado á hacer puñales… ¡Já, já!… Y dime una cosa: ¿podría yo almorzar aquí?

Carlos: ¡Ave María Purísima!… ¡Me caso con San Cristóbal!… ¡Qué cosas dice usted!… ¡Nicolasa, ¡jinojo! que quiere almorzar!… Colasa, y tú, Pepón, ¡que almuerza en casa! ¡Vaya una honra! Pronto, a ver… ¿hay perdices?… Si no, que las traigan. Tenemos un cochinillo que es para chuparse los dedos.

Julián: Alzaron los vasos y bebieron a la salud del más democrático de los próceres y del menos orgulloso de los plebeyos enriquecidos, aunque ni estas palabras ni otras semejantes emplearon los bebedores: la idea estuvo tan sólo en su ruda intención y en el mugido con que la expresaron. Inundado de un gozo juvenil se sentía Torquemada: muy satisfecho de lo bien que se portaba su estómago, no sabía qué alabar más, si el excelente sabor de lo que comía, o la gallarda franqueza de aquella gente sencilla y leal que tan de corazón le festejaba…

Araceli: Galdós nos ha metido en el Madrid de Lavapiés queramos o no… Y este Lavapiés no lo ven los que vienen ahora a los pisos turísticos que han invadido el barrio…

Macu: Lavapiés ha sido nombrado el barrio mas cool de las capitales europeas… No sé lo que opinaría Galdós… Pero yo conozco vecinos de siempre de allí que abominan del tema este del rollo cool… Pero bueno… sigamos en el local de Matías…

Araceli: Pues Torquemada come… le encanta todo aquello mucho más que las comidas afrancesadas que se usan en su casa de marqués… pero su juventud no puede volver… y aquellos desarrapados a los que explotaba y que le llevan a ese tiempo, también se han marchitado… y no porque sean pobres, porque sean el pueblo, son buenas personas…

Julián/Narrador: Ocurrió lo que es inevitable en comidas de gente llana, obsequiosa, de mucho corazón y escasa finura; y fue que, como don Francisco manifestara cierto recelo de cargar su estómago, cayéronle todos encima, gritando como energúmenos, para incitarle á seguir atracándose de cuanto en el establecimiento había.

Carlos: ¡Vaya, que hacer ascos al besugo! ¿Cree que no está tan bueno como los que le pone su cocinero franchute? ¡Ea, no consiento que haga desprecio de nuestra pobreza…! Tiene que probarlo, nada más que probarlo… Verá qué cosa rica… ¡Pero si hoy ha echado el día á perros!… Créame, don Francisco, su estómago lo quisiera yo para mí. Lo que tiene el muy ladrón es mugre, de tanta judía botica como dentro le han metido, y la mugre se quita comiendo lo bueno, y bebiendo lo fino… de mi casa no se va, despreciándome el besugo, ¡jinojo!… y para después tengo unos capones que dan el quien vive á la Santísima Trinidad… ¡Arreando! A beber, a hacer un poco por la vida.

José/Torquemada: La verdad es que todo me cae bien. Un poquito de peso, pero nada más. Yo estoy muy alegre, rejuvenecido, y dispuesto a repetir la francachela cada lunes y cada martes… Si me vieran los de casa, se quedarían absortos y patitiesos… Y yo les contestaría: “Ya, ya tengo la prueba. Ved este señor estómago que antes no podía realizar la digestión de un mero chocolate, y ahora… Me basta salir de vuestra órbita para encontrarme al pelo, y el estómago es el primero que…”.

Julián/Narrador: Por primera vez le faltó la palabra, y se le obscureció el pensamiento. Un instante estuvo manoteando en el aire…

Carlos: Eso no es más que viento. Una copita de anís del Mono,y verá cómo descarga. ¡Colasa…!

Julián: Cayó del lado contrario al sitio que ocupaba Matías, y fue a dar contra una silla, que le impidió rodar al suelo. Acudieron todos a él. No sabían si enderezarle o tenderle, poniendo en fila dos o tres banquetas. Gruñendo como un cerdo, se retorcía con horrorosas convulsiones. Por fin, brrr… El suelo de la trastienda era poco para todo lo que salió de aquel cuerpo mísero..

Carlos: ¡Colasa…! Este hombre está muy malo –dijo Matías á sus amigos–. ¿Y qué hacemos? ¿Qué jinojo le damos?…

Virginia: Déjalo que desembaule.

Araceli: Y desembauló… vaya si desembauló… Y le llevaron a su casa del barrio de Salamanca… y… bueno en realidad no salió de aquella, porque murió pocas semanas o días después…

Julián/Narrador: Bien pudo Torquemada salvarse. Bien pudo condenarse. Pero no afirma ni una cosa ni otra… ¡Cuidado!

Macu: A Galdós se le marchitaban sus ideales y su visión del pueblo llano y solidario como la gran esperanza de regeneración para la vida política del país está ya muy desinflada…

Araceli: Pero su mirada y su visión sobre las mujeres siempre se mantuvo en alza… No decayó… En el último de los Episodio nacionales, Cánovas, se habla de Casianita, la última pareja de Tito, el que va contando esta última serie… Y Galdós se inventa que la saca del arroyo… y la educa (al estilo de My fair Lady)… y cuenta cómo la va ilustrando y cómo la anima a leer El Quijote y otros libros necesarios …

Macu: Cierto… Y se inventa que la pareja pase unos días en Esquivias incluso… un guiño sin duda, porque Esquivias es el pueblo manchego de donde era la mujer de Cervantes…

Araceli: A Casianilla Tito la ilustra también en música… seguro… esa última novela de los Episodios Nacionales empieza precisamente en el Teatro Real… en el estreno de Aida… al que sin duda asistió el propio Galdós…

Macu: Pero esa ya es otra historia… En el próximo encuentro podemos empezar con ese estreno… ¿Qué te parece?

Araceli: Bien… pero tengo aquí un trocito de carta de Galdós que no quiero que acabemos hoy sin reseñar… es la carta que escribe a su hija María Pérez-Galdós Cobián desde Santander, en el verano de 1906… Él tenía 63 años y su hija María 15…

Macu: Galdós pasaba todos los veranos en una casa que tenía en el Sardinero, en Santander, desde hacía muchos años… Ese verano de 1906 se entera allí del suicidio de la madre de su hija, con la que no seguía desde hacía mucho tiempo…

Julián/Galdós: Querida María: recibí ayer tu carta del 29 en la que veo confirmada la terrible desgracia. […]. Ya sabes que tu pobre mamá venía hace tiempo atacada de delirio persecutorio; ya le dije que esto era una enfermedad. […]. Ahora, estás más obligada que nunca a una obediencia ciega a cuanto yo te mande. En ello te va el porvenir. Yo no te mandaré nada que no sea para tu bien. […] Tengo que mirar por ti y lo primero es contar con que me obedecerás en todo absolutamente. Te quiere mucho y te mando muchos cariños tu papá, B.

Macu: María se fue a vivir con su padre y las hermanas de su padre en la casa de Hilarión Eslava, en Madrid, y unos años después se casó… Galdós quedó ciego y dejó de escribir… Murió en 1920, a los 77… Su entierro fue multitudinario… el Madrid poderoso, rico, y sobre todo culto, estuvo allí… y el Madrid popular y de barrio, también…  Su tumba está en la parte antigua del Cementerio de la Almudena, en el Cuartel 2B, manzana 3 letra A.

Araceli: La próxima cita de los encuentros, el jueves 22, día de Santa Cecilia, iremos con el señor Galdós al estreno de Aida en el Real…

_________

Lectores: Araceli González Campa, Berta Fraguas, Virginia Olmedo, Ángeles Bazán, Julián Salgado, Carlos Navarro y José Francisco Serrano

Guion: Macu de la Cruz

Presentación: Araceli González Campa y Macu de la Cruz

El Grupo Alejandría celebra Encuentros de lectura de libros clásicos desde el año 2010 en librerías, bibliotecas y centros culturales. Es un grupo abierto que organiza lecturas dramatizadas sobre todo para su propia diversión, aunque cada vez más crecen sus amigos y seguidores. La mayoría de sus miembros, siempre variables, son periodistas cuya trayectoria se ha desarrollado sobre todo en la radio y la televisión, pero también frecuentan el grupo lectores de otras profesiones. A todos les une su amor común por los libros y la lectura y el gran placer que supone escuchar una buena historia.

Araceli González Campa estudió música en el Real Conservatorio de Madrid. Ha dedicado su vida profesional a la radio donde fue responsable de varios programas en Radio Clásica y también presentadora del programa de divulgación musical que ha tenido una vida más larga en Radio Nacional de España (RNE), Clásicos populares. Actualmente es la presentadora habitual de los Encuentros de Alejandría.

Julián Salgado, periodista de larga trayectoria en Radio Nacional de España, donde fue director y presentador de los principales diarios informativos, España a las 8, Diario de las 2 Diario de la Tarde. Ama los libros y la ópera con parecido fervor.

José Francisco Serrano es catedrático de griego y director de instituto bastantes años, maniático de la lectura toda su vida, ahora permanece contratado en el grupo como nuestro Homero particular.

Berta Fraguas mantiene un idilio galdosiano desde que leyó Misericordia, hace 20 años. A partir de ahí su vida lectora fue una sucesión de racionamiento literario para no terminar con todo Galdós en pocos años. Aún hoy no se permite más de un Episodio cada seis meses. Confía en que la memoria le falle pronto y pueda volver a empezar. Profesionalmente dirige una fundación educativa, tiene tres hijos y un marido que –generosamente– acepta compartir su vida con don Benito.

Ángeles Bazán es periodista de larga trayectoria, principalmente en la radio. Su curiosidad innata la lleva a explorar otras formas de expresión menos efímeras. Experimentar con materiales, leer, mirar las musarañas… son algunas de sus pasiones. Recibió un premio Ondas por el Diario de la tarde, que dirigió y presentó en RNE durante varios años.

Virginia Olmedo (Madrid, 1968) es periodista que ama la radio, la literatura y la lucha por la justicia social. Es tímida y con demasiado sentido del ridículo, pero participar en estas interpretaciones le hacen disfrutar mucho y vivir. Fue, y es todavía, alumna de radio de Macu de la Cruz.

Carlos Navarro pertenece al área de internacional de Radio Nacional de España donde presenta el espacio Europa abierta. Lleva casi 40 años en la radio pública, donde ha presentado multitud de informativos y programas. También es profesor del máster de RNE. Desde hace años forma parte del Grupo Alejandría, donde la lectura de los clásicos es el menú principal. Sus interpretaciones de héroes, tanto malvados como ejemplares, siempre son impecables.

Macu de la Cruz ha sido periodista en diversos medios a lo largo de los últimos 30 años, fundamentalmente en RNE y El País, donde fue profesora de radio en la Escuela de Periodismo UAM-El País durante 20 años. Coautora del libro La lumbre del corazón/ Un elogio de la relectura (La hoja del monte, 2009), es la guionista habitual del grupo.

Libros:

De Benito Pérez-Galdós: Memorias de un desmemoriado, Doña Perfecta, Tristana, Fortunata y Jacinta, Torquemada y San Pedro y dos cartas. De los Episodios Nacionales: Bailén y La batalla de los Arapiles (Primera serie) y Cánovas (Cuarta serie). De Emilia Pardo-Bazán: Insolación y una carta.

Print Friendly, PDF & Email

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, deja tu comentario!
Por favor, introduce tu nombre aquí