2016/42 — A mi manera

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"Tuve que decirle que no podía publicarlo de ninguna forma, excepto como yo quería. Esa resultó ser la parte más instructiva de toda la relación con Lish." —Richard Ford.

 

 

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En cuanto se supo el nombre de Dylan, pensé en Philip Roth, porque creo que es el ser humano al que más le fastidia no ganar el Nobel. Si de algo hace alarde el novelista es de una vanidad sin innecesarios pudores. A mí ese desparpajo me resulta muy simpático; cuando le escuché en el documental sobre su persona afirmar que se acababa de leer sus obras completas para ver si se sostenían en el tiempo y que se había quedado bastante satisfecho me entró una ternura enorme por el anciano vanidoso. Al menos es sincero, otros deben estar leyendo sus obras en silencio, preguntándose cómo coño no han entrado ya de una puñetera vez en la lista de eternos candidatos.

 

Elvira Lindo en El País.

 

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Recibí su libro. Lo he leído. Me ha gustado mucho. Lo felicito. Se lo he dado a leer además a varios amigos. Les ha gustado. Un muchacho joven me ha dicho que encuentra el libro muy triste.

 

¿Por qué no escribe prosa? Es lo mismo que usted hace sin esta musiquita que pone. ¿Por qué no escribe una novela? Esto, sin embargo, debe de habérselo dicho tanta gente que la obviedad casi es implícita. Pero no importa: usted tiene condiciones excepcionales para hablar de la gente, para ver y divagar sobre la gente. Hágalo. Espriu no ha querido escribir novelas. ¿Por qué no lo hace usted? Sabe explicar, sabe observar, sabe comprender. Hágalo. No pierda el tiempo. Las poesías de este libro son esquemas de novelas. ¿No lo cree?

 

Si usted hace una novela, la presenta a un jurado y otro y yo formo parte de él, puede estar seguro de que en igualdad de méritos (percibidos por mí) yo haré que le den el premio, o al menos haré un esfuerzo grande en este sentido.

 

Muy agradecido. Páselo bien.

 

Carta de Josep Pla a Gabriel Ferrater.

 

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—«Un trozo de mi corazón», su primera novela, apareció hace 40 años. «En aguas desiertas», un fragmento de aquel libro, fue la primera pieza que publicó en Esquire. ¿Qué recuerda de aquellos días, en los que escribía para un editor como Gordon Lish e intentaba convertirse en novelista?

 

—Recuerdo el entusiasmo, tanto por publicar la novela dignamente como por el hecho de que Esquire sacara el extracto. Me parecía una forma muy positiva de empezar. Lish me animó, pero después destrozó el extracto y lo dejó irreconocible. Tuve que decirle que no podía publicarlo de ninguna forma, excepto como yo quería. Esa resultó ser la parte más instructiva de toda la relación con Lish. Acabó haciéndolo a mi manera. Es una lección muy importante. La edición puede ayudar, pero no debería sustituir a lo que tú quieres que tu obra contenga.

 

Entrevista de Inés Martín Rodrigo a Richard Ford en ABC.

 

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La primera noticia es que existe algo llamado Frida Kahlo Corporation. La segunda noticia es que esta entidad ha exigido el cierre de la web feminista sin ánimo de lucro ‘La tribu de Frida’, porque considera que hace uso indebido de la imagen de la artista mexicana. La tercera noticia es que la ‘webmaster’ Carmen G. de la Cueva ha rebautizado su espacio de discusión como ‘La tribu’ y ha migrado el dominio solo 24 horas después de recibir la carta de los abogados de la ‘Corporation’. La cuarta, que Frida Kahlo ya no es un icono de la cultura contestataria, sino una zafia marca comercial.

 

Los herederos que prostituyen a Frida Kahlo atacan una web española.

 

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Estoy seguro de que en casos excepcionales hay una pizca de verdad irreductible en una reacción como esta. Pero mi instinto, y mi preferencia, tanto ahora como cuando escribí Contra la censura, ha sido considerar que esa reacción es la tapadera de un impulso de respuesta que la parte ofendida casi nunca quiere confesar: el espíritu beligerante, las ganas de una buena trifulca.

 

Una razón que hace posible que no me haga mella lo que dicen los críticos es que jamás he tenido que depender de mis libros para ganarme la vida. Hasta que me retiré de la enseñanza, no hace mucho, tenía un sueldo académico que me daba para vivir holgadamente. Me podrían haber zurrado todos los críticos del planeta, las ventas de mis libros podrían haber caído hasta cero, y no me habría muerto de hambre. La parte más fea del mundo de las letras —las animadversiones, las lisonjas, las puñaladas por la espalda y esas cosas— vienen de una necesidad a veces desesperada de ganarse precariamente la vida.

 

En todo caso, felicidades por tu paciencia, y un abucheo para el crítico en cuestión por no aprender la nobleza de tu ejemplo.

 

Sí, ya he cumplido setenta años, gracias por tus felicitaciones. Cuando tenga un momento me miraré en el espejo para ver si he entrado en la sexta de las edades shakespearianas o bien, horribile dictu, en la séptima. Rezo porque no sea más que la sexta, la edad del blando pantalón con pantuflas, las espinillas descarnadas y la voz temblorosa, y no la última, el regreso a la infancia, sin dientes y etcétera.

 

Cordialmente, John

 

Carta de J. M. Coetzee a Paul Auster. Vía @JimenezBarragan.

 

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Años luz, de James Salter: «No es una novela perfecta, no tiene trama ninguna, pero tiene las mejores frases escritas en inglés. Salter da sentencias cuando habla, sus frases son robustas para el cerebro. Cuando te gusta una novela es porque la novela te controla y puede hacer lo que quiera contigo, y Salter es muy bueno en eso».

 

El oficio de novelista, según Richard Ford.

 

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Six books and several dozen Sports Illustrated articles into his journalistic career, George Plimpton still couldn’t type the words “participatory journalism” with a straight face. “‘Participatory journalism’—that ugly descriptive,” he writes in the first pages of Shadow Box (1977), sighing over his Underwood. Though he became nationally known as the subgenre’s paragon and the term pursued him into his obituaries, Plimpton was only a journalist in the sense that James Thurber was an illustrator and Robert Benchley a newspaper columnist. He went places, spoke to people, and wrote down his observations, but the reporting wasn’t the point. What was the point? The storytelling, the humanity, the comedy.

 

The George Plimpton Story.

 

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Quién sabe si a principios del XXII ya habremos asumido que la escritura de gran ambición narrativa es siempre literaria, que la novela en nuestros días se dilató para acoger también el cómic (la novela gráfica), las series y todos los proyectos que, de manera consciente o inconsciente, tienen la estructura narrativa y la voluntad de trascendencia que durante milenios fue patrimonio exclusivo de la literatura. A los lectores de ese futuro, quién sabe, tal vez les parecerán ridículos algunos de los premios a “escritores literarios” de estos años.

 

Jorge Carrión en The New York Times.

 

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Se suele decir que en tiempos difíciles uno escribe mejor. Pero a veces creo que es justo al revés: que cuanto más feliz es uno, mejor escribe. Depende, supongo, de los escritores.

 

[…]

 

Los escritores que son esclavos de la realidad están limitados. Le ocurre a Tosltoi, que es el más realista. Su literatura tiene que ver con el pueblo y va dirigida a él.

 

Entrevista a Ismail Kadaré en El Cultural.

 

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En este último, a una historia desgarradora sobre el fin de la infancia -con pájaro metafórico (o no)- se une la presencia de un narrador que interpela al lector al tiempo que le regala interesantes imágenes (un ejemplo: dormir con los abuelos es “lo más parecido a hibernar entre monstruos mitológicos”).

 

Care Santos reseña La condición animal, de Valeria Correa, en El Cultural.

 

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Berta, convencida de hablar con el espectro de Olivia Sabuco, recibe de ella el siguiente consejo: “Es tu libro, Berta, tu libro. Escríbelo como quieras. Seguro que lo haces bien”. Su réplica no es tan contundente: “No puedo escribirlo como quiera, tengo que ajustarme lo más posible a la realidad… No olvides que se trata de un ensayo biográfico. Hay cosas que puedo imaginar porque seguramente son ciertas, pero otras…” Así, el personaje evocado está más dispuesto a ser reelaborado por la imaginación de su biógrafa (una interlocutora, al fin) de lo que esa misma biógrafa se atreve a imaginar.  

 

Nadal Suau reseña Musa décima en El Cultural.