África negra o la imposibilidad de aprehender el presente

0
216

 

Hace poco un alto familiar de una amiga hablaba de sus impresiones del norte de África, lo que tradicionalmente se ha llamado África blanca, y de cuán indolentes son allá, y hablando de su incapacidad de hacer mínimas previsiones para el futuro inmediato. Deploraba el caballero de la profunda instalación de aquellas gentes en el presente, lo que nunca es bueno para las perspectivas empresariales de los que ahí arribaran con ánimos de lucro. Remató diciendo que allá descubrió que aquella forma de ser impedía que pudieran prosperar.

 

Pues si en la zona africana de la que hablaba aquel hombre los hombres estaban instalados en el presente, en África negra hay tal pavor al mismo que se podría decir que la gran meta de los neagroafricanos es escaparse de él. Pero claro, es un hecho tan sutil que no todos se dan cuenta de ello y por esto precisa que se recurra a casos sencillos donde cada lector y lectora puedan sacar su conclusión.

 

Aparentemente, estamos hablando de cuestiones lingüísticas, o una cuestión oracional, pero el ahondamiento en comportamientos africanos revelará cuestiones profundas del modus pensandi de los africanos.

 

Reflexionemos sobre el hecho de que un camerunés, guineaoecuatoriano o senegalés abandona país propio, cruza casi la mitad de África, arriesgando vida propia, y veces ajena, para buscar su “futuro” en Europa. ¿Qué está diciendo con buscar su futuro en Europa? La elección del país se hace a propósito: ¿No hay elementos positivos que permitan que los nativos jóvenes de los países mencionados, que no son precisamente países pobres de recursos, puedan llevar una vida digna y no tener que abandonar lugar propio? ¿Por qué oscura razón estos africanos no piensan en su presente?

 

El horror que el presente causa en los africanos se nos fue revelado cuando el general Obiang manifestó que había guardado una parte de los dineros del petróleo para la “generación futura”, y esto al principio de desarrollo petrolífero guineano. A muchas personas africanas el presente les asusta y quieren salir de él. Y esta actitud quizá tenga su raíz en el hecho de que muchos africanos se reconcilian con su estado con la verdad paleontológica de que la humanidad tuvo sus inicios en África, revelación que luego es rematada con el consuelo contemporáneo que se oye con mucha frecuencia, y que sostiene que el continente africano, aparte de ser el pasado, es el del futuro. África es el futuro de la humanidad, se lee ya por ahí.

 

La impresión de que la autosuficiencia y el buen vivir se encuentran en un espacio temporal distinto del que viven los africanos impide que se fijen en los elementos positivos que hay en su presente. Esto hace que no crean en sus posibilidades. Incluso para muchos guineanos, el futuro está en Europa, en otro sitio distinto a los 28 mil metros cuadrados que limitan con Camerún y con Gabón, remojados por aguas del mar atlántico. Y con esta creencia en el interior de sus almas, no se hacen preguntas y dejan que otros seres invisibles, o corpóreos, les hurten su presente. Y es que al escaparse de sus lugares en busca de unas oportunidades que no han sabido ver, y porque hay mediación de factores negativos, están obligados a encontrar respuestas en otro espacio que poco contribuyeron a gestar. Es decir, un aldeano salido de Alum, Bata, difícilmente encuentra en Liverpool elementos que le permitan prosperar. Y es porque hay un elemento transversal que se lo impide. Las referencias necesarias para afianzarse en un “presente” en Liverpool. Y eso se puede decir igual de Málaga para un ghanés, de Sevilla para un congolés y de Madrid para un sudanés nacido en Juba.

 

¿Cuál es el elemento que impide que muchos africanos se den cuenta de lo que es su presente, y que impide que busquen mecanismos para mejorarlo, y aunque tengan todos los elementos a favor, con la salvedad de la voluntad de los que gobiernan? Nadie lo sabe. No lo sabemos.

 

Pero en la búsqueda constante de los comportamientos de muchos africanos y de las causas de su debilidad nos topamos con el hecho colonizador, un gran lavado de cerebro que hizo creer a millones de africanos que vivían una época distinta a la que les correspondía. Ahí podrían estar las raíces de este constante rehuir las responsabilidades que les presenta su vivir cotidiano, su particular tiempo presente.

 

Si este artículo va a ser polémico, para nosotros lo es más el de que naciones ricas lleven años en la miseria y crean que su salvación está a miles de kilómetros de su lugar particular. Eludida o aceptada esta polémica, lo que no se niega es que el negro que quiere confrontar sus logros tecnológicos en una feria de Francfort o de Pensilvania estará siempre en inferioridad de condiciones. Sería el enfrentamiento de sus rudos arados con sofisticadas máquinas creadas con tecnología puntera. Nunca se podría comparar. En el campo de personas que buscan la supervivencia en la comunidad de otras personas, el negro que se ha escapado de su presente africano será siempre un niño.

 

No se dice acá, leyendo renglones torcidos, que el africano no tiene que viajar. Tampoco hemos dicho en estos renglones que el africano es inferior por su raza. Lo que se ha dicho aquí es que hemos constatado que hay una razón desconocida que impide que ellos se adapten o acepten el presente que les corresponde. Y es porque entendemos que sólo la introducción de variaciones positivas en este presente les augura un futuro mejor. El futuro que hasta ahora creen que se encuentra lejos de sus tierras. ¿Variaciones positivas?: mejorar lo que tienen.

 

Al acabar este artículo recordamos que la mayoría de los presidentes africanos echa mano del pasado para justificar su maldad. Dicen siempre de cosas que ocurrieron hace años, quizá siglos, hechos en los que se aferran sus enemigos para desearles el mal. Todos hablan del colonialismo; Obiang, por ejemplo, sabe que hay una conspiración neocolonialista contra él. La culpa de su estado es el pasado, no el presente. Y así estamos en Guinea Ecuatorial, un país dinerariamente más rico que España, pero sumido en la más negra pobreza. Nadie acierta a saber por qué. Lo que sí ya sabemos es que sus más ínclitos dirigentes también se trasladarían a París o a Malibú a buscarse un futuro, o endulzar un presente que les quema las plantas de los pies. Y esto que ellos son los primeros que saben lo de la conspiración neocolonial. Mientras tanto, miles de guineanos gimen bajo su infausto presente.

 

Barcelona, 19 de enero de 2013

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.